El sentimiento que intenta demostrar la expresión “te amo” es casi inexplicable y se puede manifestar de tantas maneras que nos tomaría incontables páginas explicar cada una de ellas.
En su libro ‘5 lenguajes del amor’, Gary Chapman describe las formas en las que nos gusta dar o recibir amor y concluye que, al aprender con cuál lenguaje nos identificamos, podremos comunicar mejor nuestro amor y edificar relaciones más sólidas.
Así, hay quienes expresan su amor a través de palabras de afirmación: no temen decir “te amo”, “te quiero”, “valoro tu compañía”; otros prefieren dar tiempo de calidad a través de actividades que la pareja disfrute; hay quienes demuestran sus sentimientos a través de regalos que pretenden hacer sentir al otro muy “importante”; también están los que prefieren “deshacerse” en lo que Chapman llama “actos de servicio”: cosas tan sencillas como empacarle el almuerzo a tu esposo o esposa también expresan cariño; finalmente, está el contacto físico... la forma más sencilla de demostrar afecto, a través de abrazos, besos, masajes, etc.
El confinamiento las unió
Nataly no lo sospechaba, pero aquel día de 2015, en Cartagena, conocería al amor de su vida. Era su última jornada como vendedora de una heladería, pues al día siguiente se iría a comenzar sus estudios universitarios en Barranquilla, y justo aquella tarde Marlys llegaría por un helado acompañada de otra amiga -preciso, conocida de Nataly-. Aquello fue amor a primera vista, pues intercambiaron contactos y comenzaron a chatear tanto que al mes siguiente ya habían hecho oficial su relación. Marlys viajó a Montería para hacer su año rural como médica y Nataly seguía en Barranquilla, pero se las arreglaban para verse. Un día cualquiera de 2020, Nataly fue a visitar a su pareja y cupido dio su estocada final: comenzaron las restricciones de movilidad por la pandemia de la COVID-19 y el viaje de regreso de Nataly se fue aplazando, aplazando y aplazando hasta que decidieron vivir juntas. ¡Se casaron en noviembre del 2021 y siguen tan felices como aquellos primeros días después de la heladería!
Por encima de la adversidad
Este amor comenzó hace 33 años. Joham tenía apenas 14 años y Rousseau, 16. Eran casi unos niños cuando, en medio de una función de cine, él se aventuró a formular una pregunta: “¿Quieres ser mi novia?”. Ella no solo le dijo que sí, sino que cinco años después le dio su primer hijo: Rousseau Eduardo, y lo ha acompañado en las buenas y en las peores.
La primera prueba llegaría seis años después del primogénito; en el 2000, la pareja concibió a su hija María Paula. La pequeña nació, pero murió poco después. Aquel fue un golpe enorme para la relación, pero la pareja decidió fortalecer su unión y volver a intentar tener otro bebé. En 2002 nació Isabela y cuando todo parecía volver a su lugar, otro duro golpe...
En 2012, ocurrió un accidente que cambió la vida de Rousseau y toda su familia: un día estaba trabajando y cayó del segundo piso de una bodega; sus piernas resultaron tan afectadas que jamás volvió a caminar. Un año después, Joham y Rousseau decidieron reafirmar su amor... ¡Se casaron en una ceremonia muy privada con su familia y amigos más cercanos! Ahora, felices y tranquilos, aseguran que el día en que recibieron la bendición de Dios en su hogar, no se han separado ni un segundo.
Después de la tormenta, llega la calma
Luis Carlos ama locamente a Yelena y para la muestra... su relato:
“Llegué a Canadá hace algo más de dos años, estaba convencido de que el paraíso, como le dicen muchos, nos traería (a él, a su entonces esposa y a su hija) el cambio que tanto sueñan los que vienen aquí. Sin embargo, la idealización de un hogar bonito se convirtió en una auténtica película de horror de la cual, definitivamente, no hablaré.
Llegué a su casa por casualidad, necesitaba un lugar seguro para dejar a mi hija, que, al igual que yo, la estaba pasando muy mal. Comenzamos a conversar todos los días, a reflexionar sobre todos esos aspectos de la vida y de las personas a las que les permitimos lastimarnos. En una noche de inicios del otoño, después de una cena improvisada y sin buscarlo, nos encontramos frente a frente, temblando y sintiendo que nuestros corazones palpitaban más fuerte que nunca y nos dimos cuenta de que valía la pena volver a creer en el amor.
“Nadia Yelena se ha convertido en mi apoyo incondicional, es la chica de las soluciones. Lo que tiene de grande, 1,86 metros de estatura, lo tiene de tierna, comprometida, detallista y romántica. Ella es la verdadera representación de la mujer guerrera, la misma que no se ha dejado contaminar de la tristeza y la decepción que llega cuando damos entrada a personas que no están listas para amar. Con ella he aprendido que el amor existe, el amor basado en el respeto, la comprensión, el diálogo, la reflexión”.



