El Gran Diablo y los hornos donde nació Cartagena

14 de abril de 2019 12:30 AM

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Antes de las murallas, el Castillo San Felipe de Barajas y los fuertes militares que protegían a la ciudad de piratas e invasores, hubo un sistema de hornos de cal que durante el periodo virreinal proveyó el material para edificar estas imponentes fortalezas, que se mantienen en pie, como parte tangible y material que convierte a Cartagena en Patrimonio de la Humanidad. Uno de esos hornos, quizá de los más conservados, se llama el Horno de Gran Diablo. Está en la zona insular, en el corregimiento de Bocachica. Es un pedazo de nuestra historia, esa que no deja de sorprendernos.

Entre las casas
del pueblo

En Bocachica existen dos versiones sobre el origen del nombre de Gran Diablo. Unos, un tanto místicos, dicen que supuestamente en el lugar se congregaban brujas foráneas para realizar ritos paganos. Otra versión, menos mitológica, señala que en ese gigantesco horno las llamas se avivaron más que en cualquier otro de la zona.

Llegamos al Gran Diablo pasadas las 3 de una tarde calurosa y polvorienta. La imbatible estructura está en el patio de una casa del sector El Gallo. Su estilo antiguo contrasta con viviendas modernas de bajos recursos, a su alrededor. “El horno está en la propiedad de las familias Julio Torres y Julio Villa. La tierra fue comprada por mi bisabuela, Gala Galester, a una habitante de la isla, a cambio de unas joyas y dinero, hace más de 70 años. En la escritura antigua figuran los metros y linderos”, me explica José Gregorio Julio, cuya familia se ha convertido en una especie de guardiana del lugar.

José tiene 22 años, recuerda jugar fútbol cuando niño, tomando de pórtico a la puerta del Gran Diablo. Hoy él está curtido de la historia de este monumento y se encarga de mantenerlo, junto a la Fundación Vigías de Karex, que cuida hornos similares en Bocachica. “Aquí hacían los bloques de piedras, ladrillos, para construir fuertes como el de San Luis, que fue destruido, y el Castillo San Fernando de Bocachica”, comenta, a manera de guía turístico.

Una lámpara, marcada con unas iniciales que no se ha identificado a quién pertenecen; monedas, cañones y balas, se han hallado en el sitio. “Aún residuos de metales escurren con las aguas lluvias”, me comenta. Porque además el Gran Diablo, construido a principios del siglo XVIII, tuvo una historia bastante movida. Ahí fundían hierros y era usado como crematorio de cadáveres, incluso de militares muertos durante la batalla contra el Almirante Edward Vernon en 1741, cuando los ingleses tuvieron muchas bajas en Cartagena.

La Ruta de los Hornos

Elaborar la Ruta de los Hornos ha tardado 25 años y es un trabajo de investigación que no termina y que nació de una tesis de grado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Estos eran canteras y centros de producción de materiales con los que se construyó Cartagena. El Gran Diablo, además de ser uno de los mejor conservados, fue el punto de partida para ubicar los 35 que se han registrado como parte de este sistema. Así lo explica el arquitecto y restaurador Alfonso Cabrera, del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, IPCC.

¿Cuál fue el punto de partida para esta investigación?

-En el año 1991 solo se conocía el Horno de Gran Diablo, pero ese horno no pudo abastecer solo a una ciudad como Cartagena. En el año 1992 arrancó la investigación que terminó con una exposición en el Museo de Arte Moderno y maquetas. En los primeros seis meses se ubicaron 17 hornos, hasta ahora la cifra va a desbordar los 36. Encontramos que a unos se los llevó el mar, otros están en el mal estado. Lo más interesante es haber tenido el apoyo de la gente, en Bocachica y Caño de Loro, sin ellos jamás se hubieran encontrado”, relata. A esos 36 se le suman otros dos, hallados en inmediaciones de La Boquilla.

Los arquitectos Augusto Martínez Segrera, Rosmeri Martelo Osorio, Rosa Elena Martínez y el mismo Alfonso Cabrera, lideraron la investigación encontrando hornos en Tierrabomba, en la Isla de Barú y en la zona norte de Cartagena, lo que se constituye en un gran hallazgo a largo plazo para la ciudad. “En los años 90 se halló en los alrededores de la bahía de Cartagena esa serie de estructuras, que consiste en la industria que justifica la existencia de Cartagena de Indias: sin hornos no hay ciudad de Cartagena. Si tú vas a construir un edificio y no tienes el cemento, no hay nada que hacer. Lo que se producía normalmente en estos hornos era el cemento, la cal de la época, que está en cada una de las murallas, de las iglesias, de los conventos, de las casas y los edificios que la ciudad requería, por lo tanto la importancia es tremenda”, afirma Cabrera. Aunque algunos hornos, como uno gemelo que había junto al Gran Diablo, se han destruido con el tiempo, otros permanecen en pie. “Hasta que no haya un plan integral para restaurarlos, una ordenanza, estos hornos están en peligro”.

Mundos por descubrir

“En el Caribe no existe una colección tan grande como la Ruta de los Hornos (...) se tienen ubicados y registrados como Bienes de Interés Cultural del Distrito. Cartagena hizo ese registro hace unos 23 años, después de esto la Nación hizo lo propio y declaró genéricamente los hornos. Hace pocos años pudo reconocer nombre por nombre la ubicación exacta de esos sitios”, señala el arquitecto Cabrera.

Son sitios que siguen asombrando porque a su alrededor hay terrenos ‘vírgenes’ y fértiles para exploraciones arqueológicas, son áreas promisorias en este aspecto pero en su mayoría están en propiedades privadas. Sin duda son zonas que deben ser exploradas. “Los hornos tienen características arquitectónicas formidables, en 25 años, tenemos que decirlo, solo tenemos uno restaurado, uno intervenido y están en camino varios por parte de proyectos urbanísticos”, agrega el experto.

“Le toca a la Nación y a los propietarios que traigan equipos de arqueólogos para que se haga el estudio de campo, alrededor de dos o tres hectáreas de cada horno, pueden salir muchísimas sorpresas”, precisa.

Hornos, otro patrimonio

La Ruta de los Hornos no es nueva en Cartagena, no es la primera vez que se habla sobre ellos, sin embargo, recientemente fueron el eje de una visita del Comité Científico Internacional sobre Fortificaciones y Patrimonio Militar (Icofort), establecido por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), que pone su conocimiento al servicio de la Unesco. En esta visita, solicitada por el IPCC, “ha tenido carácter de prioridad evaluar la Ruta de los Hornos. Son una patología de patrimonio bastante única, que existan todavía esos hornos aquí es una maravilla, porque no existen en ningún otro lugar, por lo tanto, lo que podamos aprender de ellos, en términos de técnicas de construcción, nos puede servir de referencia a otras áreas del Caribe con fortificaciones. Estamos recopilando información, pero ya podemos indicar que se debe hacer algo y sugerimos que se eleve a un nivel, donde se reconozca su categoría, (...) que se les reconozca a nivel internacional. En esos hornos nació Cartagena”, opina Milagro Flores Román, presidenta general de Icofort. Es una sugerencia a la que se une la coordinadora para Latinoamérica de Icofort, Dolores Pineda: “Merecen un reconocimiento también por la Unesco, podrían tener (en Cartagena) otra declaratoria de Patrimonio de la Humanidad, para eso hay que trabajar mucho, para poder solicitarlo a la Unesco. La de los hornos, es una ruta preciosa”.

Una oportunidad
Según Alfonso Cabrera, el esfuerzo que se requiere hacer desde el IPCC es que se reconozcan estos hornos internacionalmente y “por eso ha venido el Icofort, a pedir que esta colección excepcional tenga un reconocimiento universal”. Además, anota, “es una gran oportunidad”, para propietarios de terrenos donde están los hornos, porque ponen en valor la propiedad. “Tienen una obligación de restaurar, que tengan el apoyo del IPCC y de la Nación para iniciar los trabajos lo más pronto posible. Somos optimistas que vienen en camino procesos de intervenir estos hornos (...) Lo que se ve son obras de arquitectura que se pueden restaurar ”, explica.

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