Facetas


El guardián de la Inquisición

JOHANA CORRALES

07 de abril de 2013 12:01 AM

Es el guardián de los documentos más preciados que reposan en el Archivo Histórico de Cartagena.
Además, es la cabeza visible del Palacio de la Inquisición, quizá el sitio que guarda las historias más escalofriantes y secretos de la Iglesia Católica.
Son innumerables las historias que Moisés ha conocido durante estos 28 años a cargo de la conservación de la memoria de la ciudad.   
Y aún con tantos conocimientos adquiridos, sigue siendo el mismo tipo sencillo que nació en Aracataca (Magdalena) y que se fascinaba con los cuentos de Cartagena, que le narraba su padre, el “profe Álvarez”.
Toda su familia nació en La Heroica. Sin embargo, su papá, era el más cartagenero de todos de ellos, al punto que puso una escuela con el nombre de 11 de noviembre, en la cual estudió Moisés, y que permaneció durante 50 años en ese municipio.
“Mi papá se encargó de hablarnos de la historia de Cartagena y tenía que escuchar quiénes eran los Gutiérrez de Piñeres, los mártires, los piratas. Imagínate tú, si yo no estaba conectado con Cartagena”, expresa.
Para las vacaciones, siempre el plan era el mismo: viajar a la ciudad y recorrer la Iglesia San Pedro Claver, las murallas y el Palacio de la Inquisición, lugar en el que no imaginó pasar casi la mitad de su vida.
Estudió su bachillerato en Fundación; después, se fue a Santa Marta; y, posteriormente, a Bogotá a estudiar Licenciatura en Ciencias Sociales. Más adelante hizo estudios en  bibliotecología y archivística.
Cuando regresó a Cartagena tuvo la oportunidad de conocer y tratar al historiador Eduardo Lemaitre, quien se sorprendió al escucharlo hablar con tanta claridad sobre hechos puntuales que marcaron la historia de la ciudad, sin ser cartagenero.
“Fue como caer en el sitio exacto, porque yo estudié en Medellín, en Bogotá, y terminé justo aquí. Así que fue como la gran la revelación. Leer los libros de la historia de Cartagena era como repasar lo que ya mi papá me había enseñado de toda la vida”.
Fueron entonces dos maestros los que tuvo Moisés: por un lado, su padre; y, por el otro, el historiador Lemaitre. Con este último empezó su trabajo de armar el archivo y luchar por mantener viva la memoria de la ciudad.
Álvarez asocia el Palacio con una empresa, en la que cuenta con un equipo administrativo y otro técnico, que se encarga de la parte científica del museo. 
Es hombre de poco dormir. Se levanta como tarde a las 4 de la mañana y desde esa hora comienza a repasar las actividades del día; entre 5 y 7 de la mañana, sale a trotar. De sus 58 años, lleva 30 trotando; y de ahí se dirige  al trabajo.
Allí atiende las visitas, las consultas que se hacen por correo o personalmente. Hay mucha gente que va de manera directa a buscar cosas en el Museo y él tiene la misión de hacer su estadía la más agradable de todas.
“Todo este trabajo gira alrededor de un tema muy importante, que es la memoria de la ciudad. Cada paso, consulta y actividad es para eso”. 
El anfitrión de La Heroica 
Como director de esta entidad ha tenido la fortuna de recibir a varias personalidades del país y del mundo.
Ya perdió la cuenta del número de expresidentes colombianos y extranjeros a los que ha servido de guía turístico.
Sin embargo,  el personaje que robó su total admiración y respeto fue el líder cubano Fidel Castro, quien llegó de incógnito a Cartagena junto al expresidente Gaviria y al el Premio Nobel Gabriel García Márquez.
Dieron un  paseo de 7 horas por la bahía y a Moisés le tocó explicarle cómo era la estrategia militar de la plaza de Cartagena. En algunas preguntas salió bien librado, pero en otras Fidel, como buen estratega militar que es, lo corchó.
Bajaron al Club de Pesca y, mientras degustaron de una cena, tuvo la oportunidad de escuchar de viva voz de Castro toda la historia  del 9 de abril en Bogotá. Era la primera vez que el cubano la contaba en Colombia.
“Eso fue una cosa alucinante escucharlo a él por casi 1 hora referir esa historia con pelos y señales. Una cosa fuera de serie”.
El historiador define a Fidel como un hombre tranquilo, muy reposado, atento y con capacidad de escucha. Sus manos son más como las de un oficinista, que de un estratega militar. Parece que por sus manos nunca hubiera pasado un fusil.
“Fidel es una persona de esas que cuando uno las ve siente que está en presencia de un ser importante. Tú lo sientes inmediatamente. Es como cuando te encuentras con un Papa. También es muy galante con las mujeres, de unos ademanes muy finos a pesar de todo lo histriónico que es”, describe.
Otra de las visitas memorables que ha atendido fue la de los reyes de España: el Rey Juan Carlos de Borbón y su esposa Sofía.
Un día antes, Moisés le había contado a la empleada del servicio del Museo que le tocaba acompañar a la reina de España a un recorrido junto a otras primeras damas, que estaban en la ciudad con motivo de una cumbre que se realizaba.
“Cuando regresé, la empleada me dijo que yo era un embustero, que por ahí no había llegado ninguna reina de España. Le insistí que sí y ella preguntó que  cuál era. Le dije que la señora que iba conmigo y ella me contestó: ‘Bueno, España será el único sitio donde ponen de reina a una señora tan fea y vieja’”, cuenta mientras suelta una carcajada.
Tiempo después, las dos hijas de la reina también llegaron a la ciudad. A Moisés le sorprendió que uno de ellas definiera la ciudad más que bella como fascinante.
También le han tocado personajes poco simpáticos, como el reconocido presentador de Talk Shows, Don Francisco.
“En el trato personal es un tipo frío, poco hablador, distante, en algunos momentos casi grosero, chocante, no quería saludar a la gente. Es la cara opuesta a lo que uno ve en televisión”.
Su familia es realmente corta. Vive con su mujer y su hijo. Tiene otra hija que vive en Bogotá. Él estudia Psicología en la Universidad del Norte; ella, por su parte, estudió Terapia ocupacional. Ninguno de los dos se interesó en la historia y Moisés no tiene problema con eso.
“En la casa poco se habla de historia. Esas influencias a mí me parece que no son nada positivas. Soy de los que piensan que cada quien debe hacer lo que mejor sabe hacer”.
Moisés es un gran conversador. Cuenta la historia de una forma divertida que no logra aburrir jamás. Posee muchos conocimientos y expresa sus ideas con la sencillez de un adagio. No le interesan las poses de pensador y parece un extraordinario ser humano.
Su única preocupación es darse cuenta que todos los esfuerzos que se hacen para que los cartageneros se interesen en la historia siguen siendo insuficientes. Sólo una minoría se ha conectado con este tema y la otra mayoría también lo requiere.
“Aquí no hay forma de aburrirse. Tú te puedes imaginar lo que yo he aprendido de este trabajo. Porque todos los días hay aprendizaje, se descubren cosas; y lo mejor de todo, se ponen al servicio de los demás”, concluye el guardián del Museo.