El uniforme va escondido, su vocación intacta

29 de marzo de 2020 12:00 AM

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El uniforme, ese que tanto la llenaba, o la llena, de orgullo, ahora lo esconde, va oculto en un bolso. *Camila prefiere no salir ya con su traje de enfermera. Está manchado de críticas, de ignorancia, de miedos. No ha de ser fácil en estos tiempos ser llamada héroe y, al mismo tiempo, que casi las mismas personas te señalen, te linchen con la mirada. ¿Por qué?, no sé bien... No debe ser nada fácil que miles de personas la aplaudan por las noches a lo lejos, pero que a la hora de la verdad se vea sola, más sola que un captus, caminando varias cuadras en la oscuridad de la 5 de la mañana, buscando llegar a la avenida Pedro Heredia, buscando quien la lleve a una clínica a varios kilómetros, donde salva vidas, porque debe llegar a como dé lugar, aun cuando se ha encontrado que nadie, ni los mototaxis, ni los taxis, la quieren transportar por su uniforme de enfermera. “No es solo aplausos... No somos héroes ni nada, somos seres humanos brindando un servicio que nos gusta y sabemos lo que hacemos, pero no nos tienen consideración”, explica. Eso de esconder su uniforme para no ser señalada en las calles es como si un soldado tuviera que esconder su camuflado y vestirse de civil para ir a la guerra. Pienso yo. Eso de guardar el uniforme e ir de civil a la clínica lo hace más o menos desde hace una semana, después de varios días de “esos inconvenientes en el traslado, ni las motos te querían llevar, entonces se tomó esa decisión y también hubo un comunicado del Colegio Nacional de Enfermeras donde lo indican”, narra. Ella es una de esas enfermeras que se sienten discriminadas en Cartagena a raíz del coronavirus, pandemia que había dejado hasta el viernes más de 23.672 muertos y 528.025 contagiados en el mundo, y todo en apenas cuatro meses. (Lea aquí: Médicos piden protección para atender pacientes sospechosos de coronavirus)

“No es justo trabajar largas jornadas sin siquiera saber si podrás regresar a casa, porque las enfermeras no tenemos vehículo propio”, dice Camila. “No es justo tener que irse al trabajo y volver a casa caminando, como lo hacen algunas compañeras”, en estos días de aislamiento social obligatorio, cuando el transporte escasea mucho. “Tengo compañeras que viven en La Esperanza, en La María y les toca irse a la sede donde estamos a pie. Transcaribe no nos funciona, nos ha tocado discutir con la gente porque cierran las estaciones y no tenemos quien nos lleve. La mayoría está en esta situación, conozco enfermeras jefes, enfermeras, auxiliares, camilleros, de Arjona y Turbaco, a los que les ha tocado caminar literal de la Terminal de Transportes a la Bomba El Amparo, para conseguir en qué irse, cuando llegas a la clínica a trabajar, llegas vuelto nada, eso es delicado, porque no nos estamos trasladando a hacer compras, lo hacemos es a salvar vidas. Hay un transporte que dispuso la Gobernación de Bolívar, pero eso sirve más que todo al personal del Hospital Universitario y de la maternidad Rafael Calvo, pero no a las IPS, solo pasan por avenidas principales”, añade. Y cuenta más de la crisis en medio de la crisis por la que, por si fuera poco, pasan en este momento sus colegas de la salud. “Sé de compañeras que tuvieron que renunciar a sus trabajos por eso mismo y de otras a las que les deben salarios”, sostiene.

En el campo de batalla

Y es que si hay quienes comparan a la pandemia del COVID-19 con una especie de ‘guerra biológica’, entonces ir a los hospitales en esta época, se podría decir, es aventurarse al ‘campo de batalla’. En parte de Cartagena nuestros soldados, algunos o muchos, no tienen chalecos antibalas, les faltan municiones y están, infortunadamente, expuestos al enemigo tan siniestro y tan pequeño, de entre 80 y 220 nanómetros de diámetro. Nuestros soldados son mujeres y hombres que todos los días luchan y que ahora ven amenazadas a sus vidas y las de sus familias. ¿Cómo enfrentar sin armas a un enemigo? ¿Cómo enfrentar un crisis si y se está en una aparente crisis? ¿Cómo enfrentar una crisis cuando te discriminan? Hay que ser muy valiente, persistente, tener agallas y seguir adelante... así tengas que caminar kilómetros. “Se han solicitado en reiteradas ocasiones a la dirección médica soluciones al pago de salarios, a los insumos, todos los días hay reunión en la mañana y no se llega a ninguna finalidad. Cada mes es un suplicio pedir que nos paguen (pagan cada mes pero debemos hacer rituales de dos semanas antes que eso suceda)”. Está visto que la incertidumbre no es solo por enfrentar la pandemia del temido coronavirus. Por ejemplo, esas palabras entrecomilladas resumen el desespero vivido por los médicos de otro centro asistencial, la Clínica del Bosque. Con un infraestructura gigante, de seis pisos, con más de 300 empleados, esta semana, sus trabajadores lanzaron una voz de protesta, pues afirman: “No están protegiendo al personal de aseo que es tan importante, ni al de enfermería”... y porque supuestamente “no hay una ruta adecuada para seguir cuando se presente un paciente confirmado (con coronavirus) o con alta sospecha. Hemos pedido capacitaciones al personal de la clínica (desde vigilantes, aseo, enfermería y médicos) por expertos epidemiológos e infectólogos. Y no hemos sido escuchados”, comenta un galeno. Nos cuenta que hasta hace poco, “el temor más grande” era que parte del “personal médico estaba sin seguridad social activa. Suspendidos en ARL y EPS, pues claro laboramos por OPS”. Y, dicen, no les habían cancelado sus salarios. Aunque ese temor habría disminuido el jueves, cuando les pagaron y se comprometieron a darles más insumos de protección. “Las mascarillas solamente se las están dando al personal del tercer piso, donde están estos pacientes altamente sospechosos, no las han entregado a nadie más sino en los kits. Todavía no están disponibles para todo el mundo”, sostienen. Y es que lo que más preocupa a muchos trabajadores de esta y de otras clínicas es la falta de insumos, trajes y mascarillas para protegerse del coronavirus. La escasez de insumos médicos es un problema generalizado en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, para afrontar la pandemia se estima que los trabajadores de la salud necesitarán cada mes 89 millones de mascarillas, 76 millones de guantes y 1,6 millones de gafas. Y que los precios de todos estos implementos se han multiplicado con la llegada del COVID-19. [Infografía] 608 casos, 6 muertes: los datos de la evolución del coronavirus en Colombia

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“¿Qué sentimos?, primero, abandono, totalmente. En este momento la cosa está controlada pero en dos semanas, cuando esta situación se salga de control, vamos a estar en la obligación de elegir a quién se va a atender y a quién no. Sentimos mucho miedo”, comenta una médico de la ciudad. Camila, la enfermera, por su parte, dice que se siente “triste y defraudada, esperamos que pase ya esta situación. Todos estamos preocupados, sobre todo nosotros, estamos en primera linea de defensa, pero estamos preparados y aplicamos todos los protocolos en la atención y eso da un parte de tranquilidad. Esperábamos más apoyo, pero ajá, seguimos para adelante”.

*Nombre cambiado.

Un buen uso
Lina Rodríguez, coordinadora médica de la Clínica El Bosque, manifestó a esta semana a este medio que que debido a la situación que atraviesa el sistema de salud por la contingencia del coronavirus, se están aplicando políticas para usar bien los insumos y elementos sanitarios, en cuanto los insumos, ha dicho: “Tenemos la cantidad que debemos tener y en los casos que se han atendido se han utilizado los insumos en su debido momento y uso. Es muy diferente la política de racionalidad para buen uso de ellos, porque todos sabemos que esto está progresando y tenemos que prepararnos para las épocas duras, no podemos malgastar las cosas, de pronto es malinterpretación de la gente por mucho que se les ha hecho capacitaciones, cunde el pánico en el personal de salud” .

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