Facetas


[Video] En las Islas del Rosario no hay quien espante a la muerte

Quién se atreverá a ayudar a los isleños a salir de la crisis médica que los ha perseguido por años. “Ya no más, necesitamos un nuevo centro de salud”, dicen tras la muerte de niños de Isla Grande. Crónica.

CRISTIAN AGÁMEZ PÁJARO

01 de noviembre de 2020 12:00 AM

La isla es un paraíso pero también se agoniza en ella. Hace 3, 4, 5 años, o mucho, mucho más, el calvario médico debía tener fin. Ahora hay luto. Inmenso dolor en las Islas del Rosario. La salud agoniza, como paciente crónico, necesita urgente remedio y cura.

José Daniel Zúñiga Navarro. 14 años. Joven vivaz. Octavo grado. Número uno de su clase. Amante del dibujo. Cinco días de dolor. Un lamentable y terrible dolor que estremeció sus entrañas hasta más no poder, hasta separar su alma soñadora de su cuerpo. ¡Terriblemente!

Leidys Torres Molina. Cumplía 5 años en este noviembre. Se le ve sonriente en una foto. Una niña muy alegre, dice su madre. No pasaron muchas horas entre los primeros síntomas, entre su respiración agitada, sus dolencias, su desgano y la desdicha de tener que despedirla.

María Victoria Angulo Villarreal. 8 meses. Una bebé. Risueña. La alegría de todos en su casa. Una vida apenas encendida que se apagó, rápida, muy rápida y dolorosamente.

Los tres, José, María Victoria y Leidys, tienen varias cosas en común: todos son de Isla Grande, la mayor en extensión de las 27 islas del archipiélago Parque Nacional Natural Corales del Rosario. Los tres niños vivían en Orika, una pequeña comunidad raizal en el centro de esa isla. Los tres, lastimosamente, murieron en menos de mes y medio, entre septiembre y octubre de este 2020. Los tres sufrieron paros cardiorespiratorios. Aunque parecen casos aislados, para los isleños no pasa desapercibido, no deja de alarmar que tres de los suyos, de los más pequeños, hayan muerto en tan corto tiempo. Sobre todo, porque se demuestra una vez más cuánto sufren los 950 habitantes de las Islas del Rosario (como es llamado el archipiélago), porque en ese exótico lugar el centro de salud está enfermo y no hay ni un solo médico permanente para espantar a la muerte.

¿De qué murió José?

Para visitar Isla Grande hay que atravesar el mar desde Cartagena.

Después de una hora llegamos temprano a su orilla en un hasta entonces fresco miércoles. José Calixto Zúñiga tiene 36 años. Nos recibe con una sonrisa amplia, aunque los últimos días hayan sido tormentosos. “Mi hijo presentó un dolor de cabeza -explica- le dolía mucho la barriga, luego le salieron ronchas en las piernas y el pecho, el dolor de barriga no cesaba. Pasó como cinco días de agonía”.

Los síntomas aparecieron después de consumir comida en una venta callejera. “En Isla Grande no tenemos hace seis años un puesto de salud (con médico), estamos como un barco a la deriva, a veces uno se corta y no tiene dónde le cojan puntos”, refiere José Calixto.

Entonces, decidió llevar a su hijo a un médico naturista, pero el niño ni siquiera alcanzó a tomar bien los medicamentos que le recetó. Empeoró. “(...) Sinceramente, escuchamos versiones que dicen que uno va a Cartagena enfermo y lo van intubando, los médicos le van a inyectar la enfermedad porque hay un negocio con eso del COVID”, confiesa sobre el temor que existe entre algunos isleños de transportar a sus enfermos a Cartagena, miedo infundado por rumores y falsas noticias.

Con la ayuda y la guía de personas con contactos médicos, pudo trasladarlo a la ciudad.

“Cuando llegamos -a la Clínica General del Caribe- no lo querían atender, yo tuve que discutir con un doctor y ahí lo tuvieron un rato sin medicamentos, tenía la barriga inflamada y mucho dolor”, señala Johelis Franco, compañera de José Calixto. Leptospirosis, dengue, una bacteria, los médicos nunca tuvieron un diagnóstico claro.

Cuando pudo ser trasladado a una UCI pediátrica de la Casa del Niño, fue demasiado tarde. José Daniel sufrió un paro y falleció el 23 de octubre pasado, un mes antes de cumplir 15 años. “Los médicos primero decían que podía ser que comió algo orinado de rata, que podía ser una bacteria o dengue. Al final yo no quise que le hicieran autopsia, ya lo que pasó, pasó”, señala su padre. “Si quizá aquí en la isla hubiera un puesto de salud con médico, seguramente aquí estaría vivo”, se lamenta.

Abandonados a su suerte

Si alguien se enferma en las Islas del Rosario debe atravesar una costosa odisea, de por los menos 50.000 pesos y varios kilómetros. “Nos comemos un tiempo, y largo, solucionando el dinero si no hay, después tenemos que buscar la gasolina, luego la distancia de aquí a Cartagena, que son de 45 minutos a una hora, dependiendo de la embarcación y el clima, uno pierde mucho tiempo (...) Una vez nos agarramos de manos y nos dijimos entre todos: ‘Prohibido enfermarnos’, hace seis años ya, es la hora que aquí haya una policlínica, un centro de salud”, detalla José Calixto.

Orika está en el centro de la isla, rodeado por hermosas propiedades caribeñas y a ese pueblo se llega a través de senderos naturales. Los niños juegan libres al balompié, otros corren sobre la arena de sus calles destapadas. Es un pueblo de gente amable y tranquila.

En una de las viviendas está sentada Nureidis Villarreal Valencia. Es la madre de María Victoria. Estaba en Cartagena con su bebé cuando la pequeña se complicó y no debió pasar la odisea que significa enfermarse en la isla. “Ella estaba agitada, pero no tenía ni gripa ni nada. La llevé al puesto de salud de La Boquilla y le mandaron Salbutamol”, relata y añade que su hija, horas después, al día siguiente, empeoró y falleció el 4 de octubre en la Casa del Niño. “En las placas le salió el corazón y el estómago crecidos. Aquí -en la isla- la gente no tiene los recursos para llevar a sus hijos al médico y durante la pandemia tuvimos un abandono bien grande que hasta hoy vienen los médicos”, narra. Y dice que, pese a ello, siempre le hizo controles a su bebé.

A unas cuantas calles, en otra terraza, está Yurisleydis Molina. Su hija, Leidys, sufría de asma. También se complicó. “Cuando a ella le daba eso (ataques de asma), aquí nunca había médico. Tenía que siempre ir a Cartagena”, cuenta y así lo hizo la última vez. “Ella tenía su gripita -relata-. En la mañana ella estuvo bien. Le rayé su cebolla, su ajo, en la noche. Se lo tomó. Al día siguiente, no se paraba ni nada, le dije al marido mío que corriera para llevármela para Cartagena, porque aquí, como usted puede ver, ¡no hay primeros auxilios de nada! (...) Estando allá demoraron en atenderla, no le dieron el auxilio”. Entró en paro y falleció el 16 de septiembre de 2020. “Me dijeron que tenía el COVID. Nada más le hicieron una sola prueba, después me dijeron que tenía síntomas de dengue, que tenía el hígado grande, que tenía los pulmones dañados, un poco de cosas, murió de asma”, señala, sin estar muy convencida.

El día que llegó médico a la isla

“Hemos mandado solicitudes al Dadis para que vean la situación. Les mandamos el acta de defunción de los niños para que vean que no es capricho, ni mucho menos mentira, que es una realidad, le han hecho caso omiso. Estamos esperando...”, afirma Dayana Medrano Molina, la recién electa representante legal del Consejo Comunitario de las Islas del Rosario.

“Vamos para cuatro años que no contamos con el puesto de salud. Actualmente nos estamos dando cuenta de lo que significa este servicio para la comunidad. La comunidad está de luto, porque han fallecido tres niños en menos de mes y medio. Si hubiéramos contado siquiera con los primeros auxilios, no estuviéramos padeciendo esto. Acá vivimos la experiencia de que nosotros mismos nos recetamos, tenemos una farmacia pequeña en el centro de la población (...) Ya como que pensamos que esta es la tapa. Fue lo último que nos faltó para decir ¡no más! También han fallecido adultos mayores, esto nos tiene alarmados. No han sido solo estos tres niños, en estos últimos meses hemos venido teniendo muertes y esto lo ha dado la falta médica, hace aproximadamente dos meses una señora, que sufría de la presión, cuando se la quisieron llevar en el transcurso de aquí a Cartagena... quedó en el camino”, añade. Ella y los isleños no se explican cómo y por qué, si las Islas de Rosario reciben millonarios recursos por el alquiler de terrenos de esta zona insular y por impuestos del turismo, estos recursos nunca son reinvertidos en la comunidad.

Justo hoy, que hemos llegado a recorrer la isla, un médico los visita después de una pandemia y siete meses. El puesto de salud luce atestado. Pocos tienen tapabocas. Hay niños, mujeres y ancianos. No todos podrán ser atendidos hoy. Solo hay cupo para los 18 que aparecen en lista, citas de control y desarrollo y vacunación. Solo 18, repito, después de una pandemia y 7 meses.

El puesto de salud no es más que una casa, construida durante la presidencia de Andrés Pastrana, sin muchos insumos, cuyo techo interior está deteriorado y que alguna vez fue vandalizada por los mismos isleños.

María Camila Medrano Castro tiene siete meses de embarazo. Espera un chequeo. Se ha hecho dos en Cartagena, pero no ha vuelto al médico porque no siempre tiene los 50.000 pesos de los pasajes. “¿Médico aquí? ¡Jummm!, primera vez que viene después de la pandemia”, exclama.

Junto a ella, la señora Aychel Vallecita lleva en un cuaderno la lista de espera. “Antes de la pandemia ya nos habíamos quedado en stand by, son casi ocho meses sin médico aquí. Una madrugada, un huésped se me puso mal porque tenía una fuerte apendicitis y tuvimos que llevarlo en lancha a Cartagena, casi se me muere. No tenemos ni una ambulancia acuática, a uno mismo le toca comprar sus agujas, incluso yo tengo mi botiquín que comparto con el pueblo”, detalla.

Hoy las vacunas no alcanzaron para todos los niños, ni las consultas para todos los pacientes. Quizá el próximo miércoles el médico regrese.

Epílogo

José Calixto me contaba que, afortunadamente, los nativos de su isla son personas saludables que “poco se enferman o de lo contrario...”. “Tenemos que luchar por lo que uno necesita. Hagamos lo que sea posible tener un nuevo centro de salud. En la vida uno va pasando por muchos obstáculos y de esos obstáculos debemos aprender”, sostiene. Hay empresarios, particulares y empresas privadas interesados en ayudar a que en la isla haya un nuevo centro médico, digno de los isleños, y que los nativos salgan adelante. Ojalá este artículo sirva para que muchas otras personas y entidades se sumen a la causa y para que casos como el de José Daniel no se repitan.

Sin respuesta
“No contamos con los servicios médicos mínimos que nos permitan cuidarnos en caso dado de cualquier emergencia”, dicen los isleños en una carta enviada al Departamento Administrativo Distrital de Salud, Dadis, donde solicitan un ‘hospital en campaña o brigadas médicas y médico permanente’. El Universal se comunicó con el Dadis para conocer si existe algún seguimiento a los requerimientos sobre el caso de las Islas del Rosario, pero hasta el cierre de esta edición, el pasado viernes por la tarde, no se había obtenido respuestas.