Máquina del tiempo: ficción en carne viva

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La ciencia ficción se ha encarnado en este marzo de 2019, con la noticia de que una computadora cuántica ha logrado el sueño de viajar al pasado más reciente, por una fracción de segundo, gracias a la obstinación de unos científicos rusos de la Universidad de Física y Tecnología de Moscú.

Con un simulador de un juego de billar, a través de una máquina cuántica, desafiaron la segunda Ley de la Termodinámica.

“Hemos creado un estado que evoluciona en la dirección opuesta a la flecha del tiempo termodinámica”, ha expresado el científico Gordey Lesovik, jefe del Laboratorio de la Física Quántum Tecnologías de la Información (MIPT).

El experimento se basó en “la teoría de que el electrón difumina su localización —o la función de la onda cuántica gradualmente en el espacio, sucumbiendo a la flecha temporal termodinámica”.

El sueño de la máquina del tiempo diseñada por los rusos en alianza con científicos norteamericanos y suizos, ya había ocurrido en los cuentos de ciencia ficción de Julio Verne, en los cuentos de Isaac Asimov, en algunas películas, pero no se había descubierto en la realidad.

El novelista francés Marcel Proust logró en los cinco tomos de su novela ‘En busca del tiempo perdido’, atrapar fragmentos de su pasado vivido, pero solo a través de la gracia de las palabras y las metáforas. Borges atrapó en uno de sus poemas el instante en que, siendo niño, lanzaba monedas de deseos en un aljibe del patio de su casa en Buenos Aires.

Leonardo Da Vinci logró que la mirada de la Gioconda nos siga mirando desde todos los ángulos posibles. La Biblia, de alguna manera, es la tentativa humana y divina de aprisionar el tiempo de Dios, en las páginas de más de setenta libros. Julio Verne soñó doscientos años que tres hombres pisarían el suelo lunar, lo que originó una nueva palabra para el diccionario: alunizaje. Pero su novela de ciencia ficción se hizo realidad. Los robots de Asimov se salieron de sus cuentos, y ahora andan por el mundo haciendo todos los oficios que han agotado al hombre, incluso, el arte de pensar, ya está siendo diseñado por la robótica. Todo ello nos lleva a confrontar la ciencia con la ética, nariz con boca, con Dios. El destino humanístico y científico, a veces, se cruzan y se repelen.

ciencia, otra ficción

La ciencia cumple la hazaña de la ficción, al posibilitar que un electrón en el espacio interestelar se devuelva a su pasado reciente.

La máquina del tiempo de 2019 tiene movimiento incesante, ha explicado uno de los científicos. Tiene un dispositivo llamado Demonio de Maxwell, que viola la segunda ley de la termodinámica.

El demonio de Maxwell alude un ser imaginario creado en 1867 por el físico escocés James Clerk Maxwell.

Me entero por el señor Wikipedia que este “demonio” deriva de un juego de naipes solitario de Gran Bretaña, en el que se separan las cartas rojas y negras, como las moléculas calientes y frías.

“La ley de Maxwell prohíbe que entre dos cuerpos a diferente temperatura se pueda transmitir el calor del cuerpo frío al cuerpo caliente”.

Al igual que en la imaginación del físico, este demonio elige moléculas calientes y moléculas frías, separándolas. La máquina del tiempo de los rusos “está compuesta de ‘cubits’, sistema cuántico con dos estados propios y que puede ser manipulado arbitrariamente”.

En un intento por clarificar su invento, los científicos han explicado que “en el experimento lanzaron un programa que hizo que los ‘cubits’ se convirtieran en un patrón cambiante cada vez más complejo”. Y lo han graficado como cuando en el juego de billar las bolas se golpean y se dispersan. Como en las realidades minúsculas y cósmicas, como en la lógica misteriosa del universo, todo caos encuentra su orden.

“Se ha creado artificialmente un estado que evoluciona en una dirección opuesta a la de la flecha termodinámica del tiempo”, precisó Lesovik.

El enigma sin resolver por los científicos era comprobar si el tiempo podía retroceder en una partícula diminuta. Encontraron “un electrón solitario en el espacio vacío, usando la ecuación de Shrödinger, que gobierna el mundo cuántico”, y el milagro ha ocurrido ante la perplejidad de la ciencia.

“Los científicos tomaron en cuenta la influencia de las fluctuaciones del fondo de microondas del espacio, capaz teóricamente en cierto momento de hacer retroceder la función de onda cuántica del electrón hacia un estado previo, en otras palabras, logrando que el electrón evolucione hacia el pasado”.

Al leer la noticia, quedé petrificado en la mañana del viernes, con la rara y extraña sensación de que la ficción desquiciada termine por ganarle la batalla a la realidad.

Hace poco, el científico Razeqi Alí, director general del Centro de Irán para las Invenciones Estratégicas, sorprendió al mundo creando una máquina que pretende corregir el pasado y aventurarse a conocer el futuro en cinco u ocho años, utilizando algoritmos para predecir lo que vendrá.

¿Para qué desea la humanidad devolverse al pasado o anticiparse al futuro?, sería una de las preguntas para desafiar los hechizos de la ciencia.

¿Para qué regresar a un instante físico y emocional de nuestra existencia, con la certidumbre de que cada día puede ser el arribo al infierno o la entrada al paraíso? Tal como lo percibe Borges, no hay un instante del día en nuestra existencia en que no habitemos esos dos reinos. La fantasía del regreso al pasado ha sido conquistado ya por los científicos rusos, en una minúscula partícula, y seguirán explorando nuevas posibilidades.

Siendo muy niño, era asiduo espectador de una serie televisiva que se llamaba ‘El túnel del tiempo’, en la que una máquina devolvía al pasado a alguno de sus protagonistas, que eran observados y manipulados. En ese retorno al pasado, el que entraba al túnel, corría el riesgo de morir en una batalla campal en siglos pasados. Lo increíble es que el viajero del tiempo tenía conciencia de que en breve retornaría a la otra realidad, pero sufría la pesadilla de morir en ese pasado.

Un Episodio insólito

En Ñanguma, Bolívar, Enrique Serrano Rivas fue mordido por una serpiente mientras se desplazaba en su moto. Urgido en busca de un antídoto contra el veneno, encontró a un curandero que con un palabrerío que parecía un reguero de piedras en el aire, le sacó el veneno. Pero Enrique no tenía con qué pagarle y le prometió que le traería el dinero el primer viernes, y lo cogieron las madrugadas del jueves y el viernes juntando milagros en pesos, y no completaba la deuda. Al mediodía le dijo al curandero que le diera una prórroga, y el curandero le dijo que solo hasta las seis de la tarde del viernes lo esperaba. “Si no me pagas, te devolveré al veneno y al segundo en que te mordió la culebra”. Enrique, por supuesto, empeñó lo que tenía y le cumplió al curandero. Esto me lo contó el mismo Enrique Serrano, y lo recuerdo ahora, un episodio que se anticipó a la máquina del tiempo de los rusos.

Epílogo

Las revelaciones de los científicos no son tan distantes a las realidades de los poetas. Hace poco supe por unos científicos canadienses que los árboles se comunican entre ellos mismos, a través de sus raíces y se transmiten sabidurías milenarias. Las piedras no son tan mudas y los árboles no son tan silenciosos como parecen.

La partícula cuántica, como un reloj de arena, se desliza entre dos tiempos. Avanza y retrocede a su pasado.

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