La hazaña de ocho gigantes del arte

02 de agosto de 2020 12:00 AM
La hazaña de ocho gigantes del arte
Eduardo Márceles Daconte.//Foto: Cortesía.

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Eduardo Márceles Daconte Márceles es el curador de la más grande exposición de arte colombiano en el Museo Nacional de Colombia, con el título numérico de 8X100, y celebra el centenario de natalicio de ocho grandes artistas colombianos.

Reunir a estos ocho gigantes: Obregón, Grau, Porras, Negret, Tejada, Nereo López y Manuel H. Hernández y Zapata Olivella, es una hazaña descomunal.

Cuéntemos, ¿cómo se desarrolla esta agenda en el Museo Nacional de Colombia?

-La exposición 8X100 abarca ocho artistas colombianos nacidos en 1920. Ellos son: Alejandro Obregón, Cecilia Porras, Enrique Grau, Edgar Negret, Lucy Tejada, los fotógrafos Nereo López y Manuel H. Rodríguez, así como el escritor Manuel Zapata Olivella. El Museo Nacional de Colombia, dirigido por Daniel Castro, rinde homenaje a estos célebres artistas no solo como un reconocimiento a su egregia trayectoria, sino también por la calidad intrínseca de su obra, pionera del arte moderno en Colombia. Recordemos que cuando Obregón y Grau debutaron en la escena nacional a finales de la década del 40, la plástica estaba anclada en los cánones del academicismo, con excepción de un grupo de artistas, denominado Los Bachués, que habían bebido en Europa los postulados revolucionarios en aquella época del cubismo, el neoimpresionismo y en artistas como Picasso, Braque o incluso Pierre Bonnard. Pero era solo una aproximación tímida. No obstante, en sus obras, ya fuese pintura, escultura o grabado, enfocaron temas de carácter social y, de manera especial, los mitos, leyendas y la iconografía indígena con un trasfondo nacionalista inspirado en el muralismo mexicano que admiraban por sus implicaciones ideológicas y políticas.

Los artistas de esta exposición significaron un quiebre histórico con sus inmediatos antecesores. Es necesario destacar que solo se mostrarán obras ejecutadas entre 1944 y 1964, dos décadas vitales de aprendizaje y exploraciones inéditas, para descubrir el derrotero que se presagiaba en cada uno de estos artistas y hasta qué punto se mantuvieron dentro de esa línea de investigación plástica y sus variantes. Esta decisión ha implicado, por supuesto, un trabajo más minucioso por cuanto queríamos evitar las socorridas obras de siempre. En el proceso curatorial se han ubicado excelentes obras de la época en colecciones públicas y privadas en Barranquilla y Cartagena, y en colecciones bogotanas y otras ciudades del país.

¿Qué dificultades han ocurrido con la pandemia y qué nuevas realidades se han creado como alternativa?

-A finales del año pasado, se había agendado la muestra para inaugurar desde el 30 de julio hasta el 25 de octubre del 2020, pero a raíz del coronavirus se pospuso su inauguración para el 1 de octubre próximo, si la pandemia lo permite. Hemos resuelto las dificultades a través de la comunicación virtual y la colaboración de las instituciones que albergan las obras seleccionadas. Es necesario destacar la generosa solidaridad de personas que han facilitado la investigación curatorial. En Cartagena, nuestra gratitud para la ilustre marchand de arte Norma Uparela, Moisés Álvarez Marín (Museo Histórico), María Beatriz García (Banco de la República), Eduardo García Martínez, Carmenza Alvarado; Édgar Parra Chacón, rector Universidad de Cartagena; y para la familia de Cecilia Porras, de manera especial don Ricardo Benedetti. En tanto que, en Barranquilla, el apoyo de Tita Manotas, viuda de Cepeda Samudio, ha sido instrumental en la consecución de pinturas de Obregón y los históricos dibujos de Cecilia Porras que ilustraron los cuentos de Álvaro Cepeda Samudio, todo un tesoro escondido de los años cincuenta y sesenta, algunas obras han sufrido las inclemencias del tiempo, pero en general son valiosas para nuestra propuesta.

¿Qué aliados ha tenido esta exposición y qué actos se han previsto?

-Los aliados, o cómplices, de este monumental proyecto son, en primer lugar, las directivas del Museo Nacional en cabeza de su director Daniel Castro, su asistente más inmediata, la maravillosa Ana María Cortés Solano, contando además con el apoyo insustituible de mi colega y co-curador Juan Darío Restrepo, quien ha desplegado una inusitada actividad en Bogotá en medio de esta crisis sanitaria que vivimos. Por supuesto, todas las personas e instituciones que nos colaboran con el préstamo de sus obras, a quienes manifestamos desde ya nuestra inmensa gratitud. Entre los actos previstos, paralelos a la exposición, se está agendando una programación divulgativa de la trayectoria de cada uno de estos artistas a través de conferencias, conversatorios, proyección de documentales, visitas guiadas, textos de orientación didáctica, entre otras actividades que se determinarán a medida que sepamos cómo evoluciona la pandemia.

Cuéntenos sobre el catálogo que se publicará sobre los homenajeados.

-El Museo Nacional prepara un catálogo que incluye obras seleccionadas con un ensayo sobre la trayectoria de cada artista. Sería quizás la primera vez que se reúne en una publicación este grupo de artistas de un período de tiempo específico. Para muchas personas será una sorpresa ver por primera vez obras que estuvieron ocultas en espacios privados que salen a la luz por primera vez por cuenta de esta histórica exposición.

¿Cómo ve reflejada la influencia de Obregón en el desarrollo actual de las artes en la región Caribe y el país?

-No se puede subestimar la influencia que ejerció Obregón entre los jóvenes artistas de su época. En su condición de director de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Bogotá y luego decano de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico de Barranquilla fue instrumental en modernizar el pensum académico de estas escuelas para que respondieran mejor a los aires artísticos que circulaban por el mundo. A partir de su influjo, el color se volvió más dinámico con trazos expresionistas, emocionales, y fue el primero en reconocer la riqueza de nuestra naturaleza utilizando como modelos a las barracudas, mojarras, alcatraces, garzas, iguanas, arpías y toros, sin olvidar el símbolo más representativo de la región andina como es el cóndor, así como paisajes que revolucionaron la concepción del espacio hasta aquella época.

Obregón tampoco fue indiferente a las injusticias sociales ni a la represión contra la protesta popular, en cierto sentido fue un cronista visual de su época. Por eso, había pintado en Bogotá su rechazo a la violencia indiscriminada que generó el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán con su obra Masacre 10 de abril (1948). Es una pintura con fragmentos de las víctimas y símbolos de destrucción física, composición inédita en el contexto de la plástica nacional hasta aquella fecha. Es también un desgarrador testimonio que remite necesariamente a Guernica (1937), la famosa pintura de Picasso, que resume el horror de los bombardeos aéreos alemanes e italianos a esa ciudad vasca durante la guerra civil española.

Sin olvidar La Violencia, su obra emblemática más conocida, con la que ganó el primer premio de pintura en el XIV Salón de Artistas Colombianos en 1962. En ella una mujer embarazada, desnuda e indefensa, se funde con la línea del horizonte en un paraje desolado cuyo ondulado perfil simboliza un paisaje montañoso. En su rostro se distinguen, más sutiles que dramáticas, las huellas y cicatrices de su martirio. A diferencia de la explosión cromática de su producción visual, en esta pintura Obregón refrena su natural exuberancia para formular, con colores sobrios, una protesta enfática, grito sordo, contra la violencia política y delincuencial que azotaba, y sigue flagelando, al país.

¿Y la influencia de Enrique Grau?

-Grau se destacó desde el principio como un excelente dibujante, pintor, muralista, escultor y cinéfilo, alcanzó a perfeccionar el retrato y el autorretrato como ningún otro artista colombiano antes de él. El inventario de sus temas, que se constituirían en su léxico visual, se caracteriza por ser figuras rotundas y volumétricas con paraguas, sombreros, parejas de amantes, carnaval, pájaros, la muerte, el loco, juegos infantiles, gatos negros, abanicos, diablos, naipes, juguetes, objetos kitsch de la cultura popular y personajes del tarot.

Es reconocido por su serie de mujeres hermosas, sensuales, robustas, de físico desproporcionado, con collares, aretes, anillos, joyas que remiten a cierta crítica de la cursilería y superficialidad de su clase social, la burguesía urbana. En ellas sobresalen el dibujo preciosista y su habilidad para destacar su fisonomía y características entre lúdicas y frívolas, con énfasis en la cabellera exuberante, el brillo y suavidad del satín, la seda o el brocado, la textura vellosa y luz tornasolada del terciopelo, la sutileza del encaje, así como los pliegues y colores de los vestidos y sombreros extravagantes con plumas, velos, flores o mariposas. Grau tampoco fue indiferente a la violencia que recorre nuestra historia, algunas de sus obras denuncian esta situación con elocuentes argumentos que rechazan esta nefasta cultura que aún nos agobia.

Imagen Cecilia Porras entre pinceles. Nereo López, 1958

Cecilia Porras entre pinceles.//Foto: Nereo López, 1958.

¿Cuál fue el impacto de la obra de Cecilia Porras?

-Es innegable la influencia de estos artistas en el desarrollo del arte en el país. Cecilia Porras, por ejemplo, aunque nunca se reconoció como feminista, fue sin duda una de las primeras mujeres en asumirse en igualdad de condiciones con los hombres. Fue la única artista que se atrevió a integrar el colectivo que frecuentaba el bar La Cueva en Barranquilla donde se reunían los miembros del llamado Grupo de Barranquilla. Desde una perspectiva de género, Porras integra la escasa nómina de mujeres artistas que rompe con los modelos académicos decimonónicos, es pionera del arte abstracto en el Caribe colombiano y de precoces prácticas performáticas a nivel nacional. Aunque era tímida y silenciosa, exteriorizaba en ocasiones una personalidad histriónica que demolía esquemas convencionales que la posicionaron para burlarse de la sociedad gazmoña de su época.

Hábleme de Nereo López y su legado en La fotografía en Colombia.

-En cuanto al fotógrafo cartagenero Nereo López vale recordar que él siempre tuvo una actitud de espontánea creatividad, sabía reconocer en cualquier momento un suceso, una escena, una anécdota o el personaje que merecían ser enfocados con su cámara. Poseía, además, una natural intuición que, unida a su inteligencia, su destreza y sensibilidad social, adquiridas durante largos años de ejercicio profesional, se conjugaban para enfocar imágenes reveladoras de situaciones que pasarían inadvertidas para ojos menos entrenados en el oficio.

Es necesario tener en cuenta su predisposición ideológica a favor de los desheredados de la tierra, así como su compasión, para denunciar de manera sutil o contundente realismo crítico, la inequidad, las injusticias sociales que sufren las personas menos favorecidas de la fortuna, especialmente en un país como Colombia donde las diferencias sociales y económicas son abismales. En su condición de fotoperiodista, Nereo fue instrumental en la divulgación de sucesos de todo tipo. En este sentido fue un aventajado discípulo del fotógrafo Luis B. Ramos, pionero del reportaje gráfico y la fotografía con carácter social en Colombia.

No obstante, la violencia política que ha martirizado al país desde mediados del siglo XX hasta el presente, prefería contrarrestarla con imágenes más halagüeñas que generan alegría, esperanza o gozo. En su trayectoria de fotógrafo profesional nunca quiso documentar situaciones sensacionalistas, lúgubres, crueles, o amarillistas. En su lugar, sin dejar de revelar sus consecuencias en la vida cotidiana de los colombianos, se inclinó más por las actividades lúdicas, laborales, religiosas, con un sentido de la estética que lo ubican, junto a sus compatriotas Luis B. Ramos, Leo Matiz y Hernán Díaz, entre los pioneros de esta modalidad fotográfica en el país.

Era, en todo caso, un reportero gráfico atípico, en tanto que su interés no era exactamente la noticia como tal; en este caso, la que se conoce como la chiva, o sea, la fotografía exclusiva de un suceso, sino cómo incidían esos eventos en la vida del ciudadano común. En sus ensayos fotográficos, prefería los contenidos críticos que se manifiestan en situaciones curiosas, extravagantes, exóticas o extrañas, así como la singularidad de acciones en desarrollo o imágenes en movimiento que se dan en protestas callejeras, carnavales, corralejas, fiestas populares, plazas de mercado, cantinas o lugares donde la diversión, el regocijo o la dinámica del trabajo se prestan para enfoques sugerentes, tales como estibadores en los muelles, bogas remando en el río, pescadores con atarraya, campesinos en su chacra, fotógrafos ambulantes, pasajeros en tránsito, parejas danzantes, transeúntes que se detienen a conversar o caminan desprevenidos.

Es oportuno recordar que Nereo fue, de manera fundamental, un fotógrafo itinerante, nómada, que prefirió siempre la calle o el campo. Los espacios cerrados estaban destinados a los retratos muchas veces en el contexto de la profesión del sujeto, así descubrimos al poeta León de Greiff en su cama rodeado de libros; a la famosa escritora y crítica de arte Marta Traba en su biblioteca; los artistas Alejandro Obregón, Cecilia Porras o Figurita Rivera en su taller. De igual modo, para celebrar la amistad, proyecta al escritor Manuel Zapata Olivella, en su indumentaria de médico, con una alborozada carcajada aludiendo a su inveterado mamagallismo, y a Rafael Escalona como el bohemio compositor de vallenatos en plan de serenata.

Nereo experimentó siempre especial simpatía y admiración por los niños a quienes dedicó sus mejores imágenes. Se especializó en este género fotográfico desde que estudió por correspondencia en una escuela de Nueva York. De hecho, sus imágenes favoritas son de un niño y dos niñas risueñas que caminan por un sendero andino en Pisac (Perú) y la niña triste reclinada sobre un costal de papas en algún mercado de Boyacá. En ellas adivinamos la inocencia, pero también la vulnerabilidad a que están sometidos por su condición de marginados en una sociedad que suele discriminar a sus semejantes por su estrato social.

¿Qué se exhibirá del legado de Manuel Zapata Olivella?

-Los libros de Manuel Zapata Olivella se exhibirán en vitrinas junto con la colección de revistas Letras Nacionales, así como algunos manuscritos, fotografías y memorabilia del destacado escritor de Lorica que investigó y plasmó en sus novelas, cuentos y ensayos la herencia y el patrimonio afrocolombiano para admiración y orgullo de todos sus compatriotas.

Epílogo

Eduardo Márceles Daconte, nieto de Antonio Daconte y sobrino de Nena Daconte, personajes de García Márquez, además de curador y crítico de arte, es narrador e investigador, autor de un libro de cuentos, una novela, una biografía de Celia Cruz. Él cree que estos ocho artistas “siguen tan vigentes hoy como lo fueron desde que empezaron a mostrar sus obras en la década del 40”.

“Son clásicos imperecederos por la calidad y actualidad de un trabajo que en su momento fue revolucionario tanto en la técnica como en su temática, fueron siempre fieles, desde diferentes ángulos, a la realidad social de nuestro país, enfocaron su exuberante flora y fauna (Obregón); la tipología triétnica caribeña (La Mulata y, en general, los personajes de Grau); los paisajes locales y el talante contestatario (Porras) que han servido para que las nuevas generaciones de artistas hayan asumido el reto de la posmodernidad con obras que desde los años 70 han transformado la percepción del arte como ha sido la irrupción del arte conceptual (El Sindicato de Barranquilla, entre otros, por ejemplo) que ha oxigenado el patrimonio artístico de la región y el país que estaba estancado en su momento. Todos estos formatos contemporáneos del conceptualismo, el arte de ideas, el arte no-objetual, han sido importantes por cuanto han democratizado la creatividad por rumbos inéditos con materiales innovadores y propuestas a veces descabelladas pero que son una clara señal de la vitalidad y el poder que tiene el arte contemporáneo de reinventarse”.

¿Qué los hace perdurables?

-Tal vez, una vida que no cesó en indagar hasta el final, nuevas formas de comprender, embellecer, interpretar y descifrar el mundo reinante.

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Facetas

DE INTERÉS