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La otra “pandemia”: 48% de los homicidios en 2021 han sido en riñas

Solo Dios tendrá el número de casos totales, nosotros sabemos que la cifra de víctimas mortales de la última década es 1.022 en Cartagena. No estamos hablando del COVID-19, sino de la “pandemia” de la intolerancia.

La otra “pandemia”: 48% de los homicidios en 2021 han sido en riñas

Hasta el 24 de mayo, la prensa había conocido de 72 homicidios en Cartagena de Indias.

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Existió un tiempo lejano en el que los sicarios eran los amos y señores de muertes violentas en Cartagena, pero las cosas comenzaron a cambiar. Quizá nadie sabrá la fecha y la hora en que pasó, pero un día los amigos, los vecinos, los compañeros, los conocidos y hasta los familiares empezaron a destronar a los asesinos a sueldo y ya nunca les han devuelto ese terrible primer lugar: según la Policía Metropolitana de Cartagena, el 48% de los homicidios cometidos en la ciudad entre el 1 de enero del 2021 y el 25 de mayo obedeció a riñas entre conocidos, el 23% fue ejecutado por sicarios y el 1% restante es obra de un enfrentamiento entre pandillas.

Si habláramos de las riñas en términos de reportes -¡Ojalá hubiera un registro tan juicioso y accesible como el que todos los días sacan del COVID!-, tendríamos que decir que solo entre 2010 y 2020 hubo en Cartagena 1.022 fallecidos (en peleas, según reportes de la prensa, aparte de los muertos en enfrentamientos entre pandillas) y ¿casos totales?, ¡sabrá Dios! Solo para hacernos a una idea: apenas en el fin de semana del 8 de diciembre del 2020, la Policía atendió 248 altercados en la ciudad. (Le pude interesar: Intolerancia, riñas y dos muertos en una hora en Cartagena)

¿Razones?, ¡absurdos!

Comerse una cena ajena, una moneda de $500, un reloj, una cerveza, mirar a la novia de otro, ¿desde cuándo convertimos estas y otros cientos de pequeñeces en “motivos” para asesinar a un hermano, a un amigo o a un conocido... a otro ser humano?

Freddy Goyeneche, director del Centro de Observación y Seguimiento del Delito (COSED), dice que las cifras son los mismos hechos, y que la respuesta a mi pregunta -¿Cómo y por qué la intolerancia se fortaleció tanto para destronar a los sicarios?- no está en los números, sino en la combinación de varios y complejos aspectos.

“Hemos venido señalando desde hace quince años que hay un crecimiento, a veces lento, a veces rápido, pero siempre en ascenso, de la intolerancia social en Cartagena. De eso se habla, se dice como si fuera un discurso social vacío, pero hablar de intolerancia social es entender parte de lo que son las cifras de riñas personales: ellas son la mejor expresión de la intolerancia. La gente no se tolera por las circunstancias de la ciudad, que es: está deteriorado el contexto social y la gente está crispada”, apunta.

Para Goyeneche, hay dos términos claves en la génesis de este fenómeno: instituciones débiles e intolerancia social, “ese es el marco del crecimiento de las riñas. (...) Esos dos elementos se combinan en un contexto de indicadores socioeconómicos frágiles, en cualquier sociedad del mundo, y eso conduce a la violencia”, concluye.

Jair Vega, sociólogo y magíster en Estudios Políticos y Económicos, dice que “sobre el tema de las riñas y los absurdos hay que analizar varias cosas. En primer lugar, nosotros hemos tenido una transformación cultural muy compleja, digamos que desde los años ochenta hacia acá, con todo este tema de la emergencia de la cultura mafiosa, en la cual el valor de la vida se ha ido deteriorando de una u otra manera y van cambiando muchas cosas. Antes, los juegos entre muchachos se resolvían y no solían pasar de las manos a las armas, y muchos de los conflictos cotidianos fueron pasando, en primer lugar, a toma de posición, a un juicio, a una agresión, a tomar justicia por la propia mano”.

En segundo lugar, según Jair Vega, hay que decir que los conflictos fueron escalando hacia la violencia y hacia las armas. “Es un tema complejo, porque va poniendo una cantidad de elementos en la vida como yo no me voy a dejar joder, aunque sea mi amigo o una persona cercana, como si cualquier mínimo conflicto me tuviese que llevar a imponerme por la fuerza. Esto se fue convirtiendo en una costumbre, entonces, por supuesto que eso deteriora el valor de la vida, baja los estándares morales y éticos para poder definir hasta dónde yo puedo actuar o convertir mi cuerpo, mis manos o cualquier elemento a mi alcance en un arma para agredir a otro, inclusive un familiar, porque esos estándares sociales se van bajando y hacen que nada nos detenga frente a este tipo de acciones”.

Según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, solo entre enero y abril de 2021, hubo 3.748 asesinatos en el país y entre los presuntos homicidas investigan a 43 familiares (entre ellos ¡4 madres!, 3 hijos, 2 padres y 2 hermanos), 26 amigos y 11 conocidos.

Y hablando de Colombia

Para Sandra Patricia Parra, psicóloga especialista Investigación Criminal y magíster en Ciencias Penales y Criminológicas, esta situación no es exclusiva de Cartagena ni del Caribe, sino que se ha convertido en una tendencia nacional.

La experta alude a dos tipos de homicidios: comunes y por convivencia.

Por homicidio común se entiende al “ligado a acciones delincuenciales. (...) Ocurre porque la persona tiene antecedentes judiciales, porque está en el mundo delincuencial, tiene ciertos factores de riesgo que hacen que delinca”.

Los homicidios por convivencia son “los ocurridos entre personas que no tienen antecedentes, que no se dedican a actividades delincuenciales, ni pertenecen a una organización delictiva y que por situaciones adversas cotidianas resultan dando una respuesta exagerada ante un hecho y se generan dos cosas: lesiones personales (que también se han visto incrementadas) y dos, cuando la lesión ya es fatal”.

Estos últimos se han disparado porque “cada vez somos menos tolerantes a la diferencia, hemos reforzado que ser violentos es la mejor manera de defender nuestros derechos y hemos desvirtuado otros mecanismos alternativos para resolver los conflictos, eso de ser violentos se ha ido aceptando y naturalizando en el país”.

Toda esta situación -en ello coinciden Parra y Vega- ha sido avivada por la pandemia, por obvias razones. “Por supuesto que la coyuntura del estrés, del encierro, del aislamiento, empobrecimiento, de problemas que se acumulan, hacen que las personas estén más irascibles, más sensibles, y eso, mezclado, genera todo un caldo de cultivo para que se incrementen las riñas”, asegura Vega. (Lea también: Siguen en aumento las muertes en riñas en Cartagena: van 8 en marzo)

La vacuna...

¿Habrá una vacuna para esta otra “pandemia”? Para Freddy Goyeneche es evidente que la solución no está en aumentar el pie de fuerza. “Puedes traer a toda la guardia presidencial a Cartagena, será como una esponja: cuando la exprimes, cambia de forma, pero la sueltas y vuelve a su estado original. La solución tiene un profundo sentido político, porque tiene que ver con la política de inversión social. Resolver este problema es una cuestión política y de la misma sociedad civil”.

Para Jair Vega, por su parte, “esto requiere una intervención institucional muy fuerte, precisamente para trabajar en la cultura ciudadana, en construir ambientes de convivencia, porque la convivencia también se aprende”.

Sandra Patricia Parra propone: “Aprender a convivir no es sencillo, pero sí, digamos que desde las administraciones, hay que hablar de mecanismos alternativos para resolver conflictos, hablar de tener mecanismos de justicia comunitaria es vital, contar con líneas de atención a la ciudadanía para respuesta urgente, atender a los jóvenes, trabajar sobre el manejo del alcohol (muchas de las riñas se dan en contextos donde media el alcohol o consumen sustancias psicoactivas)”. ¿A dónde nos irá a llevar esta pandemia de la que parece no haber cuarentena, vacuna ni cura?

¿Los “recuperados”?

Según la Policía Metropolitana, los homicidios entre jóvenes en riesgo -o que pertenecen a pandillas barriales- han disminuido drásticamente: mientras en 2015 hubo 20 muertes en este tipo de reyertas, en el 2019 hubo 16, el 2020 cerró con 13 y en 2021 ha ocurrido uno.

La institución atribuye estos avances a un trabajo constante y mancomunado de su grupo de prevención con la Alcaldía, a través del cual intervienen los puntos críticos en los barrios más afectados por las pandillas.

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