La salsa nuestra de cada día

17 de diciembre de 2017 12:30 AM

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La música afroantillana resuena en su memoria como un barco que atraca en el puerto, con un cargamento de milagros de las islas. Siendo niño vio bajar de los barcos las cajas de música de Cuba y de las islas del Caribe, que entraban de contrabando, con la peligrosidad de quien comercia con tesoros prohibidos. Esos tesoros estigmatizados y estereotipados de su tiempo, eran la salsa y la música africana.

William Hincapié Taborda (Cartagena, 10 de marzo de 1957), es el mayor de seis hijos del inspector cafetero Julio César Hincapié Manjarrés y Ángela Taborda Torres, ama de casa arjonera. Creció desde niño oyendo una música que nadaba contra la corriente, arrastrando una enorme nostalgia y un arraigo popular obstinado en las orillas invisibles del continente.

Proviene de ese padre melómano que escuchaba sus boleros, vallenatos y salsas, y su madre, las rancheras de Antonio Aguilar. Su pasión por la música lo ha llevado a recorrer treinta y dos veces la isla de Cuba, perseguir a sus músicos predilectos y establecer una complicidad con los productores musicales. Esa vocación lo llevó a estar vinculado a la casa disquera Egrem y al programa Alegría de sobremesa, de Eduardo Rosillo en Radio Progreso. La salsa en Cartagena empezó a inventar sus espacios no convencionales en diversos barrios marginados y en puntos estratégicos.

Uno de esos puntos era El Safari, de Gabriel Pico Pupo, al que considera “icono de iconos de la salsa en la ciudad”, y lo explica señalando la versatilidad de sus virtudes: “Gabriel Pico Pupo no era solo el coleccionista de música y especialista en la Sonora Matancera, quien se preocupó siempre que la música sonara bien, con el mejor sonido, pero además, su pasión lo llevó a conocer quiénes cantaban, tocaban e interpretaban en cada orquesta. Su trabajo de divulgador de la salsa data de los años cuarenta y cincuenta. En pleno centro amurallado existían dos lugares de salsa que fueron hitos en la vida social de Cartagena: El Abacoa y el Continuo Bar. En el Corralón de Mainero, había salseros como La Casona, Chepa y Mapeyé.

Los salseros de la época eran mal vistos por ciertas clases sociales. Se creía por prejuicio que a quien le gustaba la salsa, estaba ligado a la bohemia, a las adicciones, al vicio. No siempre fue ni es así. La salsa como expresión musical sufrió la estigmatización social. La radio fue una de las ventanas para defender un género musical despreciado.

En el viejo Mercado Público de Cartagena, comenzó Fidel Leottau su serie de negocios que desembocaron en el actual lugar en el Portal de los Dulces, un referente de la salsa local de los últimos treinta años. Surgieron puntos de salsa como el quiosco El Coreano, que empezó con vallenato, ranchera y se quedó con la salsa. También allí cerca a la entrada de Los Caracoles, Mario Mieles “El Sabor”, creó La parabólica, un club que no miraba estratos sociales y generó una camaradería alrededor de la salsa. Hubo eventos que trajeron a Cartagena, destacados músicos de la salsa como Joe Cuba, Joe Quijano, en los inicios de Olímpica Estéreo.

La Transversal 54 en la avenida principal de El Bosque, se creó la terraza social y musical Wikán, que trajo orquestas destacadas como la Orquesta Guayacán. En Bocagrande aparecieron sitios elitistas de salsa como La barra americana, y El palacio de la salsa Brooklyn. La aceptación social de la salsa se expandió por toda Cartagena, y abrió ámbitos en medio de una época de crisis social, bonanza marimbera, dineros ilícitos y surgimiento de carteles de la droga. Ritmos como el merengue y el vallenato empezaron a suplantar a la salsa en Cartagena en los años finales de los ochenta.

Las estrellas de la salsa como Richie Ray, Bobby Cruz, Andy Montañez, Tito Nieves, Ismael Miranda, Gilberto Santa Rosa, Óscar de León, el Gran Combo de Puerto Rico, la Orquesta Aragón, para citar algunos de ellos, fueron atraídos por el enorme arraigo popular de la salsa en Cartagena, y por sus estrellas legítimas como Joe Madrid, Joe Arroyo, Michi Sarmiento, Hugo Alandete, Víctor del Real, entre otros.

William Hincapié se mueve como pez en el agua no solo como divulgador, promotor, empresario de la salsa y también de la música folclórica y director de programas radiales, luego de crear en 1992, uno de los destacados locales de música especializada en salsa en Sanandrecito.

Estuvo cerca del surgimiento de Buenavista Social Club, por su estrecha amistad con el músico cubano Juan de Marcos González y del guitarrista estadounidense Ry Cooder, productores de esa hazaña musical. Es cercano a Tata Güines y Elio Revé Matos.

Llevó a Cuba muchas canciones colombianas que impactaron a músicos cubanos, y nacieron versiones del vallenato “No me la molestes más”, de Diomedes Díaz, en el formato de latin jazz, de Isaac Delgado, y “Ron pa todo el mundo”, en la versión de Revé Matos. Un día acompañó a Óscar de León a grabar uno de sus álbumes, y el productor le dijo que le faltaba una canción, a las 2 y media de la madrugada, y en la sala de grabación improvisó a sorbos de ron con William Hincapié, esa bellísima canción romántica que se llama “Detalles”, luego de hablar con jactancia machista de que “todo salsero tiene siempre dos fogones”.

Salsa por todas partes
Si tuviera que hacer un mapa de la salsa en Cartagena, William sería el diseñador de esa memoria en los cuatro puntos cardinales.
Cartagena posee hoy más lugares para la salsa que en el pasado. En Blas de Lezo, el apasionado salsero Jorge Blanquicet fundó hace 32 años El York, con domingos de salsa para los amantes de ese género musical. En Blas de Lezo, Son rumbiao; Los Compadres, en 13 de junio; en El Bosque, El platanal de Bartolo; en Las Delicias, Cañandonga; en el Centro Histórico, Fidel Leottau; Quiebracanto; Carlos Díaz, en El Arsenal; Dayana Torres y el Bar La Habana, en la Medialuna.

Epílogo
Con seis hijos y siete nietos (uno de ellos es un bailador de salsa), William Hincapié lleva medio siglo de salsa sobre sus hombros. La ciudad para él, es una isla rodeada por salsa (sobra: por todas partes).

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