Facetas


New York está durmiendo, pero no quienes la habitan

Nací en Cartagena, pero hace unos meses vivo en Nueva York, el estado con más contagios de coronavirus en Estados Unidos. Nunca pensé que mi sueño se iba a volver una pesadilla.

LUISA MEJÍA TORRIENTE

12 de abril de 2020 12:00 AM

Impotencia. Eso siento al ver como el número de contagiados en Estados Unidos crece considerablemente y, al parecer, a algunos americanos parece poco importarles. Hace aproximadamente seis meses tomé un avión con destino al que hoy -miércoles 8 de abril- es el estado con más casos confirmados con el COVID-19, sin saber que tendría que vivir una pesadilla en mi propio sueño. New York está atravesando, quizá, una de sus peores crisis y pareciera no tener un fin cercano. (Lea aquí: Nueva York ve señales de esperanza pese a su día con más muertes por COVID-19)

Las luces en Times Square ya no brillan como antes y los shows de Broadway no tienen ojos que los admiren, ni manos que los aplaudan. En un abrir y cerrar de ojos, la capital del mundo se convirtió en “la bella durmiente”. Sin embargo, más allá de la soledad que se apodera de esta ciudad, están aquellos que por una u otra razón no han podido entrar en esta cuarentena voluntaria.

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Vivo con una familia irlandesa que se ha obsesionado con lavarse las manos y usar guantes, no es para menos, puesto que este virus que se ha apoderado del mundo entero está a la vuelta de la esquina esperando un cuerpo donde hospedarse.

Tres niñas de 7, 4 y 2 años, hacen mi cuarentena más llevadera, o eso creo, y día a día recorro las calles del barrio a tomar “aire fresco”, por petición de sus padres.

Hace unas semanas llegamos hasta un parque donde había más de 100 personas, muchas sin tomar distanciamiento social. Ancianos, niños, jóvenes y adultos, todos realizando distintas actividades, aprovechando que el clima sobrepasaba los 20 centígrados. La frialdad del invierno está quedando atrás y creo que eso era lo que podría hacer mantenerlos en casa. No demoramos más de veinte minutos en el lugar porque esa multitud asusta.

Aunque salga diariamente, hay ciertas personas que, aunque vayan transitando por el mismo andén, cambian de acera para evitar tener la más mínima cercanía, aun sabiendo que la mejor forma de prevenirlo es quedándose en casa. (Lea aquí: En 24 horas murieron cerca de 2000 infectados por COVID-19 en EE.UU.)

Para mí ya no existen los días en los que caminaba las calles de Manhattan o me perdía tomando el subway equivocado. Hace más de un mes no veo a mis amigas, quienes, al igual que yo, están reinventando la manera de mantenernos ocupadas y hacer esta situación un poco más llevadera. New York es el epicentro del brote del coronavirus, razón por la cual uno que otro día he sentido miedo de ser portadora de él. Me atrevo a decir, incluso, que he creído tener los síntomas. Pero no todos contamos con la misma suerte. Cristina, una de las niñas que, al igual que yo, vino como Au Pair, lleva más de veinte días encerrada en su cuarto, puesto que el virus se apoderó de ella.

El 18 de marzo empezó a sentir los síntomas. Una alta fiebre y aquella tos molesta fueron suficientes para realizarse la prueba. Aquel día, el hospital estaba demasiado lleno, y era de esperarse, cada vez hay más contagiados. Para su desdicha, luego de una larga espera, el resultado fue positivo y esto la ha mantenido aislada de todo tipo de contacto físico desde ese entonces.

Muchos nos sentimos abrumados al no poder salir de casa, pero podemos estar en la cocina, la sala, o el comedor, para Cristina, su única compañía han sido las cuatro paredes azules de su habitación y, hasta ahora, se desconoce cuándo podrá salir. Hace unos días volvió a realizarse el test con la esperanza de que esta vez fuese negativo, pero para su desdicha, salió alterada y tuvo que repetirla... la espera será más larga.

Cristina y yo frecuentábamos el mismo gimnasio, donde cree haber adquirido el virus, y pese a haber tenido todas las precauciones no se salvó de que la contagiara. Para ella quizá ha sido “una simple gripa”, tres días de fiebre intensa, tos, dolor en el pecho y, como ella menciona, lo peor fue no poder sentir el sabor de cada bocado de comida. Afortunadamente no ha tenido complicaciones y visitar el hospital no ha sido una opción más que para verificar que el virus ya se haya ido. Su tratamiento se ha basado en: aislamiento social.

“¿Sí te estás cuidando?”

Esa pregunta es la constante en todos los mensajes que recibo a diario de mi mamá, familiares y amigos. Debo admitir que siento estar viviendo la película ‘Soy leyenda’, aunque todavía no puedo cantar victoria. ¿He sentido miedo? Honestamente no, y aunque New York hoy sea foco de contagio, volver a Colombia durante este tiempo no es una opción. Soy consciente de que durante el viaje podría adquirir el virus y quizá mi abuela no sobreviviría. Me siento tranquila al saber que mis familiares acatan las órdenes impuestas por el presidente Iván Duque, pero me indigna ver cómo muchos otros no toman en serio la situación y creen estar viviendo sus más largas vacaciones. (Lea aquí: COVID-19 ha matado a 17.669 personas en Italia)

Las noticias no son esperanzadoras, con suerte, esta pesadilla podrá empezar a tener un fin a mediados de año, y mientras eso sucede, me quedaré sentada en mi cuarto contemplando cómo pasa ligera la primavera al mismo tiempo que el coronavirus devora a mordiscos a La Gran Manzana.