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Salió en ‘mula’ a un partido del Atlético Nacional y se perdió 16 años

Cindy Lopera viajó de Medellín a Cartagena para ver un partido del Atlético Nacional. Todos pensaron que había muerto, pero lo cierto es que pasó mucho más que eso.

Dana Romero Iriarte

26 de enero de 2022 11:53 AM

Las primeras horas del 2003 fueron perturbadoras para la familia Lopera Velásquez en Medellín. Ese 1 de enero le perdieron el rastro a Cindy: ella, que apenas tenía 13 años, había decidido “porque sí” irse de su casa para vivir con dos amigas de 15 y 16 años en un apartamento; jamás imaginó que su nombre aparecía en una denuncia sobre su desaparición que reposaría en la Fiscalía.

La madre de Isis, una de sus amigas, tenía dos apartamentos bajo su nombre y le permitió a su hija ocupar uno de ellos junto a las otras dos. También les brindó ayuda económica al tiempo en que las menores vendían dulces en la calle, pero nada de esto fue suficiente para subsistir a la pobreza y el hambre... Dos años después la mamá de Isis cayó en una crisis financiera y se vio obligada a arrendarle la propiedad a otras personas. Lea además: Duván David quiere caminar pese a su discapacidad

“A nosotras nos gustaba ir a bailar a un barrio cercano, pero para llegar hasta allá debíamos pasar por el sector Prado, en el Centro de Medellín, donde ya habíamos visto un hogar de paso llamado Casa de Acogida para Jóvenes, así que decidimos alojarnos allí”, aseguró Cindy.

La paisa, que ya tenía 16 años en ese momento, contó que casi todos los jóvenes de su familia paterna se iban a ese lugar. Allí estudiaban, se recreaban, recibían atención psicológica y de salud, cinco comidas al día y alojamiento.

Pero pasó algo increíble, al menos para su mamá, que no sabía nada de ella: se enteró de que Cindy, su hija, estaba viva y retomó la comunicación con ella.

Desde entonces sus padres la llamaban para darle la bendición en las noches. Decidieron que se quedara allí recibiendo orientación y todo se volvió tranquilidad al tener la convicción de que su hija estaba segura en ese sitio. La tranquilidad, sin embargo, les duraría poco.

Recuerdo que la primera noche no dormí, caminé por la zona norte de Cartagena hasta que amaneció”,

Cindy Lopera.

Rumbo a Cartagena

“En la Casa de Acogida para Jóvenes había -y me incluyo- muchos hinchas del Atlético Nacional, y escuchamos que el equipo jugaría en Cartagena. Unos compañeros nos avisaron que se iban en ‘mula’ a ver el partido”, contó Lopera; al principio, ella no estaba muy convencida de ir, pues sabía que esos famosos recorridos que hacían las barras bravas muchas veces terminaban de forma trágica.

En la noche anterior al viaje, la madre de Cindy llamó, como de costumbre, pero ese día la conversación terminó en una acalorada discusión. Producto de ello, la joven decidió de una vez por todas emprender su travesía a la Costa Caribe.

Ya en Cartagena, la antioqueña se enteró de que una de sus amigas había muerto arrollada por una tractomula. Aún así, ella y sus otros compañeros asistieron al partido, tal y como lo habían planeado. Cuando finalizó el juego, cada uno tomó un rumbo diferente y Cindy quedó deambulando en las calles de La -entonces, no tan - Fantástica. Vea aquí: Video: el joven autista que necesita ayuda y el regreso de su madre

Los siguientes 16 años

“Recuerdo que la primera noche no dormí, caminé por la zona norte de Cartagena hasta que amaneció. Cuando llegué a una cancha en Chambacú, unas personas me comentaron sobre un hogar para menores de edad en situación de calle”, dijo Cindy. Decidió quedarse en el hogar hasta cumplir los 18 años, pues no tenía de qué vivir y allí le brindaban lo necesario. Luego, se mudó con un hombre que en poco tiempo se convertiría en su verdugo.

Cindy empezó a consumir cocaína y otras sustancias, aunque no trabajaba las conseguía fácilmente, pues su pareja sentimental también era adicta y le proveía las dosis diariamente.

“En Medellín jamás había consumido drogas fuertes, solamente cigarrillo. Cuando tenía 13 años, lo probé por primera vez porque mi hermano paterno me pedía que se lo llevara encendido. Entonces empecé a fumar, pero dejé de hacerlo rápidamente”, afirmó la antioqueña.

Luego de un altercado con su novio en el que la agredió físicamente, Cindy decidió finalizar la relación, pero no dejó de consumir. Ahora vivía en el mercado de Bazurto ganándose unos pocos pesos con tareas como reciclaje y limpieza, para asegurar su ‘pan’ de cada día.

Así se le pasaron los años y cuando quiso volver a Medellín, se dio cuenta de que era tarde. Intentó comunicarse con sus familiares pero los números telefónicos que creía recordar estaban errados. Consideró irse con la misma osadía que la trajo a la ciudad amurallada, pero le ganó el miedo de no encontrar a sus seres queridos o, más bien, de que no le abrieran las puertas.

Salió en ‘mula’ a un partido del Atlético Nacional y se perdió 16 años

Cindy Lopera se reencontró con su familia en Medellín.//Foto: cortesía.

La luz al final del túnel

A inicios del año pasado Cindy se dio cuenta de que esperaba un bebé: la sola noticia le parecería escalofriante a muchos, dadas las condiciones de vida que llevaba, pero a ella le devolvió la esperanza que había perdido de cambiar su rumbo, pues la llegada de su hija podía convertirse en su motivación para lograrlo. La mujer, de ahora 33 años, no dejó de consumir hasta que dio a luz. Los primeros 15 días después del parto la pequeña Diana, su recién nacida, estuvo hospitalizada debido a que tuvo el síndrome de abstinencia neonatal.

Cindy pensó que perdería a su hija, y tan solo imaginarlo le causaba un dolor que jamás había sentido. Fue entonces cuando le prometió a Dios que si su niña vivía, ella sería una persona nueva, la madre que Diana merecía.

“Le dieron de alta a la bebé e inmediatamente trasladaron a Cindy al albergue, en diciembre del año pasado, y estuvo con nosotros ocho días. En ese tiempo me di cuenta de que ella estaba muy pendiente de la niña: de su alimentación, aseo, salud y demás”, comentó Mariana Castillo, coordinadora de la Fundación Biopsicosocial Jesucristo Rebaño de Paz.

Dos mujeres encargadas de un programa para habitantes de calle de la Alcaldía le estaban haciendo seguimiento a Cindy desde que dio a luz, con el fin de que se sometiera a un tratamiento de desintoxicación. Mientras, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) se haría cargo de la bebé.

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Cindy quería estar limpia, pero también quería estar con su hija y sabía que si el ICBF se quedaba con ella existía la posibilidad de que no se la devolvieran. Entonces, le pidió a Mariana que la ayudara a encontrar a su familia en Medellín para que ellos tuvieran la custodia de Diana mientras se desintoxicaba.

“Empecé a buscar en redes sociales a los familiares de Cindy. Después de enviar solicitudes, mensajes y de mostrarle mil fotos, nos topamos con el perfil de Hellen Benítez, su prima”, dijo Mariana Castillo.

Las parientes hicieron una video llamada y los primeros minutos no paraban de llorar. Hellen, al igual que el resto de familiares de Cindy, creía que ella había muerto hace 16 años. La antioqueña jamás imaginó que comentarle a su prima la situación que atravesaba haría que llegara desde Medellín, dos días después, a buscarla tanto a ella como a su hija.

“Regresé el 14 de diciembre a Medellín, mi familia me recibió con una fiesta sorpresa y desde ese día he sentido el apoyo incondicional por parte de ellos. Estoy muy agradecida... mi hija está sana y no le ha faltado nada”, expresó la antioqueña.

Cindy Lopera está realizando los trámites para obtener su cédula de ciudadanía e ir a visitar a su madre a Armenia, para pedirle perdón por todo lo que le hizo pasar. No ha vuelto a consumir, y planea desintoxicarse para luego terminar su bachillerato, con el propósito de conseguir un empleo que le permita garantizar la calidad de vida que su hija merece, la que le prometió a Dios. Le recomendamos leer también: La increíble historia de cómo Ramón Pájaro se salvó de morir a cornadas

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