Rafael García Rey, un arquitecto entre dos tiempos

07 de julio de 2019 12:00 AM

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Vino a renovar con ímpetu moderno el nuevo rostro de la Cartagena de los años cuarenta. Aquel perfil generó polémica, porque confrontó dos tiempos y dos formas de concebir la arquitectura en el Centro Histórico de Cartagena. Su aporte transformaría para siempre el paisaje, en un momento en que la arquitectura de la ciudad buscaba alejarse del “romanticismo e historicismo” característicos del periodo republicano, mientras en el mundo se desarrollaba un movimiento moderno.

Rafael García Rey, nacido en Pie de Cuesta (Santander) en 1912, era un arquitecto e ingeniero civil formado en Francia, destacado por sus excelentes notas y un brillante desempeño que le dio la oportunidad de convertirse en profesor siendo aún estudiante, para más tarde regresar a Colombia y dar sus primeros “pininos” en su departamento, donde hizo el ‘Palacio de la Gobernación’ (1940-1941).

Cuenta el libro ‘Esbozo de la Historia de Cartagena de Indias’, del médico cartagenero Pedro Covo Torres, que García Rey se vinculó a la Andian National Corporation, compañía extranjera que llegó a La Heroica (1920c.) para construir los oleoductos del país y que, además, adquirió los terrenos de Bocagrande para construir allí las casas de sus ejecutivos bajo un estilo conocido como ‘californiano’. Desde entonces, García Rey comenzó rápidamente a ser reconocido como buen arquitecto entre la sociedad cartagenera.

“Para esa época, en el Centro Histórico se empieza a hacer muy difícil el mantenimiento de las casas coloniales, pero a la vez algunas personas ven potencial para rehabilitarlas y llaman a García Rey”, explica el arquitecto, restaurador, docente de la Universidad San Buenaventura Cartagena y presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos Bolívar, Ricardo Zabaleta Puello.

“Entonces no había una reglamentación que regulara y controlara el Centro Histórico, sino que existía una ley, desde la Academia de Historia, de los años 40, que hablaba de conservar la fachada mas no mencionaba el interior de las casas. Y García Rey, tan osado y convencido de lo que hacía, demuele casas para hacer edificios. Previamente para el año de 1929, existía al respecto un antecedente, el edificio Andian en la plaza de la Aduana, cuya construcción en estructura metálica, costó la demolición de la antigua casa de la Real Contratación o casa de la “Isla” para así constituirse, desde lo tecnológico y constructivo, en el primer edificio en altura que se hace en Cartagena, lo que lo convierte igualmente, en el primer edificio moderno de Colombia”, agrega Zabaleta Puello, quien lo manifiesta en su tesis doctoral ‘Arquitectura moderna en Cartagena de Indias, Colombia, reconocimiento y valoración, 1926-1970’ realizada en la Universidad de Granada, España y que obtuvo la máxima distinción de Summa Cum Laude, en 2017.

En ese trabajo, además de resaltar la importancia y el valor que dejó esa tendencia, hace un tributo a los arquitectos que la hicieron posible y destaca a Rafael García Rey como pionero y máximo exponente del periodo de la transición en Cartagena, con más de 30 obras diseñadas y construidas.

Empiezan los cuestionamientos

Más adelante proyecta los edificios Ganem, uno en Getsemaní, frente al Parque Centenario y el otro al lado del claustro San Agustín de la Universidad de Cartagena, con el que rompe el perfil y la escala urbana del Centro Histórico, a juicio de Zabaleta. “A él lo criticaron inicialmente cuando hizo esos exabruptos. Por lo general, en los Cascos Viejos o Centros Históricos, el concepto del modelo y perfil urbano colonial es bajo sobresaliendo únicamente las torres de las iglesias y de pronto surge García Rey con el Ganem, aunque ya tenía el antecedente del edificio Andian (en la Plaza de La Aduana)”.

Si bien ese periodo de transición trata de alejarse del historicismo, esto no se logra fielmente pues se retoma lo colonial, lo que marcó su estilo, al que llamó ‘colonial cartagenero contemporáneo’. “Como él trabajó con la Andian y se traían modelos de casas de Estados Unidos, él ve una serie de figuras orgánicas como ménsulas invertidas, portadas tipo campanas, para enmarcar los accesos a las casas y, en mi concepto, él captó eso porque lo aplicó en la arquitectura que comenzó a hacer, pero acudiendo a los elementos del lenguaje formal de la Colonia, como por ejemplo los balcones, pie derechos, balaustradas, tejadillos, cornisas... todo esto lo replica, lo reinterpreta, y lo trabaja con materiales contemporáneos a ese momento como el concreto, y con técnicas constructivas diferentes a los que los españoles nos trajeron”.

Y las críticas siguieron por lo que estaba haciendo: construía balcones más largos de lo acostumbrado y en los que hacían esquina les trabajaba una punta redondeada. “Academicistas de la época cuestionaban lo que estaba haciendo, decían que estaba cambiando la fisonomía de la ciudad y fue cuando, por Radio Vigía, comenzó a hablar de su estilo, a defender con vehemencia sus teorías, a promulgar la arquitectura que hacía, algo que le quedaba fácil, porque como fue docente, tenía buena oratoria y se expresaba bien”.

Más características

de sus obras

Algo que lo identifica como arquitecto, según explica Zabaleta, es que García Rey trabajaba las casas de esquina con el acceso en “ochava” o en “chaflán” y le hacía un alto relieve como una portada que parece una campana. También, en muchas de estas, en la parte superior o ático ponía una garita. “Su arquitectura era extremadamente funcional. Todo iba bien correlacionado, una cosa llevaba a la otra, sus zonas muy bien identificadas, eso en cuanto a las casas. Con los edificios era igual. Él era muy racional, muy compositivo y por lo general manejaba ejes. Si miras el Ganem tiene un eje en el centro. Siempre hay un eje que jerarquizaba y repartía a las diferentes dependencias. De lo que he visto de él muy pocas casas tienen el eje lateral”.

El experto asegura que Rafael García Rey incursionó en lo moderno con el Hotel San Felipe (1950), donde no usó elementos reminiscentes y abandonó un poco su estilo inspirado en lo colonial. “Hace poco me enteré de que la casa de la familia Dávila-Pestana en Bocagrande fue diseñada por él en 1954 y corresponde al movimiento moderno. Estaba donde hoy queda el centro de moda Atik, entre el centro comercial Nao y el Casino Río (antiguo Hotel Americano)” sobre la avenida San Martin.

“Hay que revalorar sus obras”

El arquitecto Jorge Arteaga, docente de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y candidato a Doctor en Educación y Cultura, considera que se debe revalorar la obra de García Rey, de la que se ha perdido gran parte fuera del Centro Histórico de la ciudad.

“Yo creo que (la arquitectura de transición) tiene un valor significativo, que no es solo García Rey, hubo muchos arquitectos que seguramente copiaron esos modelos que les enseñaba la ciudad colonial, que inspiraban en algo de arquitectura californiana y que estaba dado por Hollywood, de alguna manera. Creo que tenía mucho ese espíritu y ese tipo de arquitectura, que sobrevive en muchas partes de los Estados Unidos, también se vuelve importante en el Caribe. La obra de García Rey es una obra en un momento histórico para la ciudad y tiene un valor”, indica Arteaga.

Y señala que “edificios como el Benedetti, el Cuesta, el Ganem, son parte de nuestra historia y de un momento... Buenos, malos, regulares, o para algunos menos interesantes, tienen una historia que contar dentro del Centro Histórico y ojalá que lo que hagamos de ahora en adelante, la historia lo pueda contar mejor. En el Ganem, por ejemplo, al entrar, notas la calidad, la luz, el manejo de los espacios del edificio. Es una belleza”.

García Rey murió en Cartagena, en 1981. Muchas de sus obras, a las que acostumbraba a ponerle una placa de bronce con su nombre, también han desaparecido al no ser tenidas como patrimonio de la ciudad, en barrios como Bocagrande, Manga y el Pie de La Popa, y hasta ahora solo la academia, con trabajos, investigaciones y semilleros, parece preocupados por la arquitectura de este periodo, que además de la colonial y la republicana, también merece valor. “La historia a veces es ingrata, pero es la historia. O más que la historia, somos los seres humanos”, reflexiona Arteaga.

Los edificios, sus hijos
García Rey diseñó los edificios Andian, Ganem, Benedetti, Cuesta, Dau, Fuentes, antiguo Alcohólicos Anónimos, Asilo San Pedro Claver (en el Bosque), colegios La presentación (primaria y bachillerato), Iglesia Santa Cruz de Manga, casas en Bocagrande como la Issa (hoy centro comercial La Mansión), Pardo García (hoy edificio Asturias), Navas (también reemplazada por un edificio que lleva el mismo nombre), varias en el Callejón Olaya de Manga como la Watts (hoy Bernabella), Pareja, Diago Guerrero, y también otras ya demolidas en el Pie de La Popa como la Seni, por mencionar algunas de sus obras, que se destacaban por características particulares que definían su sello.

*En el sumario de la edición impresa de esta nota se afirma que el arquitecto Rafael García Rey fue artífice del edificio Andian, lo cual es un error producto de una confusión que se aclaró ayer, cuando ya la separata de Facetas había sido impresa (se imprime los viernes aunque circule los domingos). Pedimos disculpas a nuestros lectores.

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