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Andrea Ortega y las lecciones que debes aprender sobre el perdón

¿Cómo dar el primer paso para perdonar y por qué hacerlo? Andrea Ortega Bechara lidera en Colombia un proyecto de talla mundial sobre el tema, auspiciado por las universidades de Hong Kong y de Harvard.

CRISTIAN AGÁMEZ PÁJARO

08 de diciembre de 2019 12:00 AM

Saque lápiz y papel. Ahora, busque allá, en algún rincón de su memoria, en su niñez, en su juventud, si guarda algún rencor, haga una lista de cuántas veces ha perdonado y cuántas no. Piense bien qué se siente perdonar, reviva ese ‘momento’ y qué se siente no perdonar. El perdón siempre está ahí para no que no vivamos anclados en un mar eterno de resentimientos.

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Si de perdón se trata, la doctora Andrea Ortega Bechara -bogotana de nacimiento, pero monteriana de corazón- es quizá la experta número uno en Colombia. Gracias al trabajo de campo que hace desde 2017 junto a la Universidad del Sinú con poblaciones víctimas del conflicto armado, fue elegida directora para Colombia del proyecto ‘Construyendo comunidades que perdonan alrededor del mundo’, a través del método Reach forgiveness (Alcanzar el perdón).

¿Por qué es tan importante este proyecto? Solo seis países lo desarrollan, entre ellos Colombia. Se da gracias a una beca de un millón de dólares otorgada por la Fundación John Templeton a la Universidad de Hong Kong, en él también participa la Universidad de Harvard. Y lo que busca es desarrollar “una intervención de perdón que funciona efectivamente”, afirma la doctora Ortega. Ha participado en innumerables congresos mundiales, es filósofa, abogada con tesis laureada de la Universidad Javeriana, sicóloga en proceso. Y a través de la llamada Sicología Positiva salió de una crisis de varios años para ahora brillar con un talento único, como una científica de la felicidad, y una disponibilidad especial para ayudar a los demás.

De una depresión

“Es una historia que me encanta contar porque tiene valor sentimental. Comencé a trabajar los temas de felicidad a raíz de una depresión que tuve desde los 17 años. Pasé muchos años de depresión en depresión, hasta los 26”, me cuenta. Y esa depresión surgió de la nada: estudiaba Filosofía en Francia, tenía novio, amigos, una familia feliz, todo. Pasó sin saber por qué: de un momento a otro no quería salir de casa. Llegó a pesar 39 kilos y los médicos atribuyeron sus males a un desorden químico en su organismo. Hasta que “un día encontré la ciencia de la Psicología Positiva y el cambio fue tan grande que lo superé, llevo 11 años de estabilidad. Decidí dedicarme a ello y me fui a la Universidad de Pensilvania, estudié con Martin Seligman, fundador de la Psicología Positiva, y a partir de ahí creé la Fundación Instituto Florecer de Ciencias de la Felicidad y la Asociación Colombiana de Sicología Positiva. Inicié el primer piloto en la Universidad del Sinú sobre un programa de bienestar y pensé que me iba a dedicar toda la vida a aplicar la Psicología Positiva, en el área educativa y en las empresas, pero la vida tiene momentos que a uno lo cambian”, relata.

Ese momento de cambio surgió en un Congreso Mundial de Sicología Positiva, en Canadá, en 2016. “El discurso de clausura estuvo a cargo del cofundador de la Psicología Positiva, Mihalyi Csikszentmihalyi, preguntó a todos que quién realmente estaba trabajando por los grandes problemas del mundo, en ese momento me di cuenta de que lo que yo venía estudiando no era más relevante que el momento histórico que está viviendo Colombia en el tema de la paz. Me sentí llamada a aplicar el enfoque y traerlo a los temas de paz. Lo que nunca se imaginó Csikszentmihalyi (una eminencia mundial en el tema), es que al día siguiente yo le iba a mandar un email, diciendo que por qué no se venía al país a trabajar conmigo. No crea que una persona de 86 años y de esa talla me respondió: ‘Sí, ya voy’. Me costó unos 70 correos y ocho meses convencerlo”, relata y ríe. De ahí nació el programa ‘Ciencia para la Paz’, que es aplicar la Psicología Positiva en los distintos segmentos de la población para facilitar el proceso de paz”, narra. “Por suerte pude hacer la primera fase del proyecto, medir, diagnosticar y evaluar cuál ha sido el impacto psicológico de la violencia en los distintos segmentos”.

“Desarrollamos un software que se llama Proyecto Supervivientes y lo tenemos en línea gratis. Permite a todas las víctimas saber cuál ha sido su impacto psicológico, medimos estrés, ansiedad, depresión. Lo que no imaginé es que el nivel de escolaridad en Colombia no permite que esta herramienta sea la mejor para ayudar a todas las víctimas del conflicto, entonces me pasé al método manual y empecé a realizar encuestas de forma manual”, explica.

El poder de perdonar

En el camino se ha encontrado con que muchas de esas víctimas sufren estrés postraumático, depresión, ansiedad, pero también con gente que no ha perdonado y que no necesariamente es víctima del conflicto. Colombia es un país ávido de perdón, tras más de cinco décadas de conflicto interno, vale la pena preguntarse qué tanto se hace para llenar los vacíos emocionales de las víctimas, estimadas en más de 8 millones. “Se ha investigado mucho sobre todas las psicopatologías, es decir, lo malo que les pasó, pero lo que no se había medido, que es supremamente importante, son los aspectos positivos, que es lo que uno va a trabajar para que ellos puedan superar eso, como el perdón y la esperanza”, sostiene.

¿Por qué es tan importante el perdón?

- Todos, en algún momento, vamos a estar enfrentados a una herida por las acciones de otras personas, de eso no se salva nadie, y todos vamos a sentir el dolor o la amargura por esas ofensas. No somos conscientes a menudo es que cargamos con el peso de esos sentimientos negativos. A nuestra mente le encanta engancharse en el pasado, y aunque la herida no se pueda ver o tocar, está ahí, dañando nuestro ser, nuestro corazón, nuestra salud.

¿Qué nos causa ese daño?

- Este daño que llevamos por dentro a causa de la falta del perdón está afectando a nuestra psiquis, a nuestra salud. El 90% de enfermedades no son de origen biológico, sino que vienen del gran mal del siglo XXI (que es el estrés) y lo que las investigaciones están demostrando es que la falta de perdón es una respuesta del organismo al estrés. Por eso el perdón es fundamental, no solo para el proceso de paz que vive Colombia, también para todas las personas para llevar una vida en paz con nosotros mismos.

¿Cómo dar el primer paso para perdonar?

- El primer paso es autoevaluarse conciencia para ver qué tengo por dentro, cuáles son esas heridas, cuáles son esos sentimientos negativos que estamos cargando, eso nos va a llevar al segundo paso importante que es tomar la decisión de perdonar, es una decisión consciente, de liberarnos del peso de las ofensas y de las heridas del pasado.

Existe gran una diferencia entre perdón y la reconciliación...

- Es una excelente pregunta porque es lo que ha hecho que en Colombia las personas muchas veces tengan una aversión al concepto de perdón. Existe la idea equivocada de que perdonar conlleva a reconciliarnos, es importante aclarar que si bien el perdón siempre va a ser benéfico, no siempre es recomendable reconciliarnos. Cuando ponemos la mano en una estufa caliente, nos quemamos, no vamos a querer ponerla otra vez. En caso de violencia intrafamiliar, si una persona ha sido violenta en el pasado y las probabilidades de que lo repita existen, entonces no es recomendable la reconciliación.

Muchas personas asocian perdonar al acto de darse un abrazo y decir, te perdoné, pero va más allá de eso...

- Una de las falsas percepciones del perdón es que necesita de la interacción con el otro y muchas personas se la pasan esperando que la otra persona le pida perdón. Si vamos a poner la llave de nuestra sanación en una situación externa o en un tercero, nunca vamos a poder lograr perdonar y el perdón es una capacidad que está al alcance de todos, es un proceso que sucede dentro de nuestra piel, interno, que no requiere de la interacción con otra persona, es una capacidad que todos tenemos disponible.

¿Cómo conjugar el perdón con el proceso de las víctimas de la violencia?

- Otra concepción equivocada es que confunden el perdón con dejar pasar y dejar de buscar justicia, perdonar no significa condonar y dejar de buscar justicia, una víctima pudo haber sufrido un hecho victimizante y no por ello va a dejar de buscar la justicia, sino que por el contrario, al perdonar y al liberarse de la carga negativa, va a poder pensar más claramente y le va a permitir buscar justicia.

¿Por qué perdonar libera?

- Esa película constante de lo malo que nos han hecho está causando un daño en nuestro interior, eso nos genera un peso enorme, al liberarnos de esa carga vamos a llevar una vida con menos estrés, menos ansiedad, un corazón más ligero y, por su puesto, una vida más plena y más feliz.

El Método Reach...

La financiación del proyecto busca aplicar en Colombia el Método Reach, a través de 5 pasos con ejercicios concretos facilita el perdón. El acróstico responde a las palabras.

R: Recordar

“Es importante este paso, para perdonar hay que primero recordar, pero sin dolor”.

E: Empatizar

“Ponernos en los zapatos del trasgresor, de la persona que nos hizo daño, y ahí empezamos a transformar las emociones de negatividad hacia un estado neutro o positivo”.

A: Altruista

“¿Por qué perdonar es un regalo altruista?, porque el perdón no siempre se lo merece la persona que nos ofende, a menudo la persona que nos hizo daño no está arrepentida, entonces la persona que perdona lo está haciendo de manera desinteresada”.

C: Compromiso

“Cuando perdonamos es posible que nos quede algo de dolor, debemos comprometernos para mantener en el tiempo esa disciplina de perdonar”.

H (hoid): Aferrarse

“Tal vez este término no tiene una traducción válida en español, hemos tenido que traducirlo con la palabra aferrarse, aferrarse a ese compromiso y a esa decisión de perdonar es fundamental”.

En 2021
El proyecto se desarrollará en dos fases, con la Universidad del Sinú, en una comunidad de Montería y los resultados deberán presentarse en 2021 en la Universidad de Harvard. La idea es que los métodos de perdón puedan replicarse. Las probabilidades de que la propuesta hecha por la Universidad del Sinú, en cabeza de Andrea Ortega, fuera seleccionada para desarrollarse, era un 3%, pues competía con cientos de universidades del mundo. Lo que es todo un logro.