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[Video] Anny y Kendry Gulfo, las acordeoneras que son orgullo de Bayunca

Las hilarantes notas vallenatas florecieron en las manos de Anny Gulfo a los 8 años. Hace poco se coronó Reina Infantil Evafe. Ella y su hermana, Kendry, son orgullo de Bayunca.

CRISTIAN AGÁMEZ PÁJARO

29 de noviembre de 2020 12:00 AM

No había más ejemplo en su casa que las canciones en la radio. No había más vallenateros en toda la familia, ni tampoco en el barrio Caraquitas de Bayunca. Fue solo escuchar en las emisoras sonar a Diomedes Díaz y a otros artistas del género, como Juancho Rois, lo que le despertó un torrente de sones. Así que tenía que ser algo innato, algún designio del azaroso destino, algún gen perdido de otra generación que encontró vida en ella, aquel eco musical en las manos de Anny Yuliteh Gulfo Palma nació con su ser.

La pequeña, de cabellos de lacios y negros, ojos achinados, con tan solo ocho años, un día cualquiera tomó un serrucho de juguete y lo hizo sonar como una guacharaca. La estrella en potencia dentro de ella empezaba a brillar, a irradiar luz a los suyos. El serrucho dejó de serlo y ella lo convirtió en ‘instrumento’ y, con ese mismo ‘instrumento’ improvisado, convencería a sus padres de comprarle una guacharaca, de esas de verdad verdad.

¿Cómo crece una artista?

Anny lo hizo tan bien, aquella pequeña risueña y soñadora del barrio Caraquita de Bayunca, aprendió a tocar tan bien la guacharaca que al poco tiempo se convirtió en una guacharaquera aventajada entre sus compañeros, en la escuela musical Amigos del Arte, de Jaime Arrieta, reconocido en el vecino municipio de Arjona como todo un maestro del género y papá de la dos veces reina vallenata Yeimi Arrieta.

Los padres de Anny habían decidido inscribirla en esa escuela al notar sus dotes artísticos, pero fue el mismo profesor Arrieta, al ver ese mismo brote de talento, el que les recomendó que Anny debía “pasar a otro instrumento”, interpretar también el acordeón. “Fue en un momentito que aprendió a tocar el acordeón”, describe su mamá, Yenis Palma.

“A mí siempre me gustaba escuchar las canciones vallenatas en las emisoras y, cuando escuchaba alguna música por ahí, me ponía a interpretarla con un serrucho de juguete, con el tiempo me compraron una guacharaca”, relata ahora la pequeña con emoción y con el recuerdo intacto de la primera canción que aprendió a interpretar en el acordeón: ‘Frente a mí’, precisamente cantada por su ídolo, Diomedes Díaz, el Cacique de la Junta, y de autoría de Octavio Daza Daza.

“Fue un don que me regaló Dios, ya que no conozco a ningún integrante de mi familia que interprete vallenato, me gustan las canciones de Diomedes Díaz, de Juancho Rois, su sonido es inigualable”, recalca, sosteniendo su instrumento en la terraza su vivienda. Es una casa humilde, al final de una calle destapada de ese corregimiento de Cartagena, donde reconocen el talento que tiene. “Es un proceso muy largo, sin embargo, ahí tengo a mi maestro, que me va guiando”, añade y sonríe.

Un talento contagioso

Un año después de que Anny empezara a tocar el acordeón, su hermana mayor, Kendry, decidió seguirle los pasos y empezó también a aprender a interpretar el instrumento. “Yo veía a mi hermana tocando y cantando y me animé también a hacerlo. Tengo seis años de estar tocando, comencé a los 10 años, me siento muy segura, con ese instrumento me siento feliz”, afirma. Las dos hermanas Gulfo Palma tocan a la par, las dos quieren brillar en los escenarios vallenatos.

Una carrera que ya ha empezado. Anny -cuenta su mamá- ha concursado en festivales de acordeón de Arjona, Mahates y Santa Rosa, ganando primeros, segundos y terceros lugares. Mientras ella toca el acordeón, su hermana la acompaña en la guacharaca. Los trofeos de esos triunfos ahora los exhiben con orgullo en la sala.

Sobresale entre todos la figura del Cacique de Upar, premio que alzó en 2019, en el Festival de la Leyenda Vallenata de Valledupar. Es todo un orgullo para ella poder decir que ha participado dos veces en el certamen vallenato más importante de Colombia, en la categoría infantil, y que en la segunda de esas veces pudo situarse en el pódium, alcanzando el tercer lugar de Acordeonera Menor, entre más de cincuenta participantes. “Desde los diez años estoy participando en festivales, es una experiencia muy bonita, porque he estado en varios lugares, a pesar de que en algunos no he ganado, me siento ganadora con el simple hecho de ir”, asegura.

apoyo incondicional

De no ser porque en la Institución Educativa de Bayunca, sus profesores y compañeros conocen bien de cerca el talento del par de niñas, quizá no hubieran logrado viajar a dejar el nombre del corregimiento en alto en los festivales. Son los docentes de la escuela quienes las han patrocinado en gran medida. “Es muy luchado porque me toca duro, cada vez que voy para Valledupar hago recolectas y me colaboran. Pero a mí no me importa pedir. Esta última vez pudimos viajar gracias a los profesores que nos ayudaron”, asegura la señora Yenis.

La última vez de la que habla es el Encuentro de Vallenato Femenino (Evafe) 2020. Se trata de un certamen considerado como el único en el país que destaca a las mujeres en el género. En las rondas virtuales, el par de hermanas fueron seleccionadas como finalistas y debían asistir a la gran final en Valledupar.

Kendry no logró viajar, se quedó en casa, porque debía presentar las pruebas del Icfes en Bayunca, aunque finalmente el paso del huracán Iota suspendió dichas pruebas. Su hermana, Anny, sí consiguió ir al valle y trajo el título de Reina Infantil Evafe 2020, sumó un trofeo más a su colección y una alegría más para su familia, para Bayunca, para Cartagena y para Bolívar. (Lea aquí: Cartageneras logran primer y tercer lugar en festival vallenato femenino)

Epílogo

Las hermanas Gulfo Palma persiguen ese sueño de triunfar en el vallenato. “Nada es difícil de alcanzar, todo con esmero lo podemos lograr”, afirma Kendry. A sus 16 años y próxima a graduarse del bachillerato, espera conseguir una beca para estudiar música en la Institución Universitaria de Bellas Artes y Ciencias de Bolívar, Unibac, el próximo año. “Yo quiero ser una estrella del vallenato, cumplir mis sueños y grabar mi propio disco”, afirma la pequeña Anny, quien ya tiene 13 años. “No me pienso detener, voy a seguir adelante con mis hijas”, dice Yenis, una madre decidida a llevar a sus pequeñas hacia el éxito.