Si hace unos años los padres eran controladores y autoritarios, las nuevas generaciones literalmente se derriten por sus hijos. Son más tranquilos y permisivos porque, según ellos, no quieren niños tristes o traumatizados. ¿Dónde está el punto medio? ¿Los niños deben aprender de la frustración? “La vida moderna nos ha traído muchas complicaciones. Tanto los padres como las madres debemos trabajar; ya no es como cuando éramos pequeños, que la mamá todo el tiempo estaba en la casa. La mayoría de nuestros padres eran duros, fríos, casi nunca nos decían ‘te quiero’ y creo que es por eso que ahora somos flexibles y deseamos que nuestros hijos sean felices”. Este es el testimonio de Alberto M., de 34 años, quien se define como “un padre de la nueva generación”. Se considera amable y un tanto permisivo con su hijo de 6 años, porque desea su felicidad. Sin embargo, sabe que esa felicidad se ve nublada por situaciones que en ocasiones se le salen de las manos, como cuando su hijo no entiende la palabra “no”, de ninguna manera acepta límites, manipula y lo único que desea es hacer su propia voluntad. Los sicólogos opinan que el caso de Alberto es común en los padres jóvenes, y aunque a veces es normal que los niños quieran saltarse las reglas, ellos recomiendan estar alerta para saber cuándo deben hacer un alto en el camino y reflexionar acerca de sus actitudes permisivas, pues si continúan “salvando” a su hijo de las pequeñas y normales frustraciones de la vida, después tendrán adolescentes o adultos con poca tolerancia a la frustración. Un padre puede identificar que algo en la educación de su hijo no está funcionando “cuando su hijo(a) se frustra con facilidad porque no se le da gusto, se vuelve exigente y demanda atención permanente de los adultos exigiendo satisfacción inmediata y reaccionando de manera impulsiva ante los obstáculos”, explica la sicóloga Ana María Fonnegra. PADRES QUE AMAN DEMASIADO…; Amar es construir con los hijos y no querer en exceso: sobreprotegiendo, malcriando, negando la oportunidad de enseñar y de aprender. La permisividad constante hace que los niños sufran de ansiedad y desconcierto y después, cuando crecen, se convierten en adultos inseguros, que buscan aprobación y no son capaces de enfrentarse a los retos ni a los conflictos diarios de la vida. Un padre que resuelve todos los pequeños problemas de la vida diaria de su hijo, desde cosas tan simples como no dejarlo cepillarse los dientes solo, hacer el nudo de sus zapatos o hacerse cargo de sus responsabilidades escolares, está actuando erróneamente. Los niños necesitan ver a sus padres como guías seguros que los llevan claramente hacia la meta con actuaciones decididas, límites claros y concisos y además, educando con un amor constructivo que dé apoyo y seguridad. Cuando los padres se dejan manipular, esa pequeña persona a quien aman se convierte en un tirano cruel que no permite que se le contradiga. Y esto, según Ana María Fonnegra, no es hacer feliz a un niño. Al contrario, es dejar de actuar de forma madura, olvidando valores y saltándose parámetros adecuados de comportamiento. Los expertos consideran que en la sociedad actual hay un nivel de comodidades y de disfrute instantáneo, que hace unos años era imposible para los padres. Las sociedades actuales ofrecen cambios en los esquemas económicos, políticos y socioculturales. El ingreso de la mujer a la vida económica y el poco tiempo que los padres comparten con sus hijos, hacen que ellos quieran llenar esos “vacíos” siendo más flexibles en las pautas de educación. “Las relaciones autoritarias han perdido vigencia y los individuos que fueron criados bajo estas pautas están generando formas contrarias de crianza como reacción a la sumisión y la presión que vivieron cuando eran niños”, dice la especialista. CUESTIÓN DE LÍMITES La sicóloga María Claudia Enciso afirma que la mayoría de los adultos saben lo que es un límite y sin embargo les es difícil poner en práctica este concepto con los hijos. ¿Por qué? Porque los límites van acompañados de algo que se llama disciplina y disciplina significa control: decir “no” en algunos momentos, frenar situaciones y hacer uso de las reglas. Algunos padres creen que los límites usados en exceso llevan a la infelicidad de sus hijos; otros dicen que la educación es tan difícil, que establecer límites puede dañar las relaciones con sus hijos. Y unos más no quieren repetir los errores de su propia crianza y dejan a los niños más libres y relajados. Los límites son vitales en la crianza de los hijos. Ellos necesitan que sus padres les establezcan guías para un comportamiento aceptable. Cuanto más expertos se hacen los padres en fijar límites, mayor es la cooperación que reciben de los pequeños y menor la necesidad de aplicar castigos. El resultado es una atmósfera en la casa mucho más agradable para todos. TIPS QUE PUEDEN AYUDAR…; En su libro Teach your child to behave disciplining with love from 2 to 8 years (Disciplina con amor de los 2 a los 8 años), Charles E. Schaefer, profesor de Psicología y autor de más de 40 libros sobre el tema, incluye los siguientes consejos a la hora de establecer límites. OBJETIVIDAD Está comprobado que los niños entienden mejor si las normas se formulan de forma concreta. Un límite bien especificado dice exactamente lo que se debe hacer. Por ejemplo: “No hables muy alto en la biblioteca". "Dale la comida al perro ahora". "Coge mi mano para cruzar la calle". OPCIONES Los niños deben tener la oportunidad de decidir cómo cumplir las órdenes. La libertad de oportunidad hace que su hijo tenga cierto control, y reduce las resistencias. Por ejemplo: "Es hora de bañarse. ¿Lo quieres hacer en la ducha o en la tina?", "Es hora de vestirse. ¿Quieres elegir tu ropa o lo hago yo?”. Esta es una forma más fácil y rápida de decirle exactamente lo que debe hacer. FIRMEZA Cuando un niño se resiste a la obediencia, los padres deben aplicar el límite con firmeza. Un límite firme le dice al pequeño que debe obedecer inmediatamente. Por ejemplo: "Ve a tu habitación ahora", “Ordena tus juguetes". Al afirmar un límite es mejor aplicarlo con voz segura, sin gritos, y una seria mirada en el rostro. Las voces suaves suponen que el niño tiene una opción de obedecer o no. Nunca dar opciones como: "¿Por qué no ordenas tus juguetes?". "¿Debes hacer las tareas de la escuela ahora?". "Quisiera que te bañaras ya". ACENTUAR LO POSITIVO Es mejor decirle a un niño lo que debe hacer, y no lo que no debe hacer. Por ejemplo: “Habla en voz baja”, en lugar de decirle “No grites”. MANTENERSE AL MARGEN Cuando decimos "quiero que te vayas a la cama ahora mismo", estamos creando una lucha de poder personal con el niño. Una buena estrategia es hacer cumplir la regla de una forma impersonal. "Son las ocho…; el reloj dice que es hora de acostarse". EXPLICAR EL PORQUÉ Cuando un niño entiende el motivo de una regla, obedecerá de inmediato. Lo mejor cuando se aplica un límite es explicarle el porqué debe obedecer. Antes de dar una larga explicación que puede distraerlo, manifieste la razón en pocas palabras. "No muerdas a los otros niños, porque eso les hará daño". "Si rompes tus juguetes, después te sentirás triste". SUGERIR IDEAS Siempre que recurra a un límite con respecto al comportamiento del niño, intente ofrecerle una alternativa aceptable. “No uses mi labial para pintar. Aquí tienes papel y colores”. Al ofrecerle alternativas, le está demostrando que sus deseos son aceptables y su hijo se sentirá aprobado en vez de reprobado. SER CONSISTENTE La “cantaleta” no sirve de nada. Las rutinas y las reglas importantes en la familia deben ser efectivas día tras día. Si se le da a un niño la oportunidad de romper las normas en la casa, seguramente no obedecerá. NO DESAPROBAR Es clave dejarle claro a nuestro hijo que nuestra desaprobación está relacionada con su comportamiento y no con el niño. ¿Cómo se hace? Evitando frases como "niño malo (desaprobación del niño), no muerdas" (desaprobación de la conducta). CONTROLAR EMOCIONES Cuando los adultos están enojados, castigan seriamente y tienden a hacerlo en forma verbal o de una manera peor: físicamente. La disciplina es enseñar al niño cómo debe comportarse. No se puede enseñar con un mal comportamiento. Lo mejor es tener un minuto de calma, contar hasta diez y después preguntar "¿qué sucedió?", para poder actuar. Los niños necesitan que sus padres establezcan guías para un comportamiento aceptable. Cuanto más expertos se hacen los padres en fijar límites, mayor es la cooperación que reciben de sus hijos y menor la necesidad de aplicar castigos desagradables. MÁS RECOMENDACIONES Los siguientes consejos, de la doctora Ana María Fonnegra, establecen unos criterios de orientación que deben adaptarse a la etapa de desarrollo de los niños y niñas, y a las necesidades que los padres identifiquen de acuerdo con su realidad familiar. - Mantener el equilibrio y evitar el autoritarismo y el perfeccionismo. Debemos estar abiertos a la crítica positiva, a la reflexión y al cambio para restablecer el equilibrio que fácilmente perdemos por las presiones internas y externas que, como individuos, debemos enfrentar - Tener conciencia del efecto que tiene el ejemplo de los padres. Los niños asimilan fácilmente los comportamientos de los padres y los imitan en su forma de expresarse, de relacionarse, de ver la vida, de valorar, de dar y recibir afecto, de estimular los logros y de corregir los errores. - Crear una plataforma afectiva sólida en la vida familiar. Estar presente y mostrar interés por apoyar, estimular y orientar a los hijos es fundamental para fortalecer el vínculo afectivo y la confianza en los límites y exigencias que los padres manejan. - Valorar las dificultades como oportunidades de superación y logro. Ante las equivocaciones de los hijos hay que permitirles expresar sus puntos de vista, validar y respaldar sus sentimientos y orientar la adecuada forma de hacerlo. También apoyar las iniciativas para reparar y solucionar sus dificultades y valorar la importancia de aprender de sus experiencias. - Evitar complacerlos en todo lo que quieren. Y llenarlos de cosas materiales. - Estimular y permitir la iniciativa para asumir retos. E involucrarse en proyectos de cambio para esperar con paciencia, manejar imprevistos, aceptar los imprevistos, adaptarse a las nuevas situaciones, aprender a ceder, tolerar la frustración, aceptar la diferencia, superar obstáculos y comprometerse con otros intereses. - Intervenir en el momento adecuado, mostrar tranquilidad y confianza. Aceptar las propias equivocaciones y estar dispuestos a escuchar y llegar a acuerdos: ¿Qué pasó? ¿Qué está pasando? ¿Qué buscas? ¿Qué te molesta? ¿Qué has pensado hacer? ¿Cómo crees que podría resultar esto? ¿Cómo te puedo ayudar? - Acompañar a los hijos en sus experiencias. El tiempo exclusivo de dedicación a sus intereses, una llamada, un detalle, las caricias y el consentimiento, el sentido del humor y el disfrute, son ingredientes indispensables en la ardua tarea de formación de nuestros hijos e hijas, evitando caer en los excesos de la permisividad. PARA SABER MÁS: Charles E. Schaefer. Disciplina con amor de los 2 a los 8 años. Annie de Acevedo. Padres que aman demasiado (Editorial Norma). ASESORÍA: Doctora Ana María Fonnegra - Doctora María Claudia Enciso. Cel: 300-2047601.

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