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Los males más comunes del recién nacido…; ¿Qué será lo que tiene?

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El aterrizaje en este planeta puede ser fácil o forzoso, pero ni siquiera el primer caso garantiza que la adaptación se dé sin molestias y enfermedades. Incluso para los bebés más sanos durante la gestación, las demandas del nuevo mundo ponen a prueba como nunca su pequeño ser, aunque a menudo estas molestias no sean más que herramientas puestas a prueba por su sistema inmunológico.
Este proceso es dinámico y no hay una fórmula que indique cuál es la mejor forma de actuar, y eso -sobre todo para las madres primerizas- es aterrador. Sin embargo, atender al sentido común más allá de la depresión posparto o de cualquier problemática resultante de la situación, puede ahorrarle muchas idas en vano al hospital.
Sobredimensionar una tos, un episodio intestinal inesperado o el sueño casi constante del recién nacido es muy normal, pero no por ello, menos agotador. Y si es su primer bebé, sabemos perfectamente cómo se está sintiendo; porque el primer parto es como un nacimiento a una nueva vida en la que nosotras mismas lo estamos aprendiendo todo. Pero como dice el dicho, “Bueno es cilantro pero no tanto”, y si podemos acortarle el camino a una postura equilibrada entre la despreocupación y la sobreprotección, nos damos por bien servidas.
A continuación le contamos qué debe esperar en ese primer año de vida de su bebé, cuáles son los padecimientos más normales, la forma de prevenirlos y también de curarlos.
El nuevo mundo
Si analizamos el hecho de pasar unas vacaciones en otra parte del mundo, podremos suponer una situación similar para el pequeño; también él o ella está experimentando un nuevo clima, está alimentándose de una forma muy diferente a la acostumbrada –el alimento, en muchos casos, es la columna vertebral de los padecimientos- y afrontando problemas para dormir o ajustarse a los nuevos horarios.
La ventaja de un bebé es que su cuerpo está diseñado ‘tal cual’ lo exigen esos cambios. Aun así, nadie niega que un acompañamiento apropiado le permitirá salir bien de los inconvenientes.
Sin embargo, es difícil saber si algo le duele intensamente a un bebé que no habla, si tiene hambre o es que está, sencillamente, aburrido. “¿Será grave?”, le preguntamos desconcertadas a nuestra pareja. “Ni idea”, replica, evitando al máximo herir nuestra susceptibilidad. Y entonces comienza la inspección multidisciplinaria: le miramos el pañal, le ofrecemos leche (mejor materna), masajeamos su estómago, movemos sus piernas, lo cobijamos o lo destapamos según sea el caso, le cantamos, lo mecemos, lo cargamos indefinidamente…;. ¡y nada, sigue llorando, gimiendo o quejándose!
Comenzar por lo básico puede ser muy útil en estos casos. Algo que le puede ayudar a determinar la gravedad del malestar, es la presencia de una fiebre (37.5 grados) que no ceda ante medicinas y otros métodos, y que venga acompañada de agravantes como la inapetencia continua, diarrea o vómito.
Si por esas bendiciones del cielo ha podido identificar un dolor en el chiquitín, debe saber que si a pesar de tomar medidas para disminuirlo (como sacarle los gases para disminuir los cólicos) este perdura por más de un día, debe acudir al pediatra sin dilación, lo mismo que si el dolor limita los movimientos del bebé. 
Estos son los males más comunes
Si su bebé está atravesando por los primeros tres meses de vida, debe prestar especial atención a su alimentación (a la suya y a la del recién nacido). Y la primera recomendación en este aspecto es no privarlo de la leche materna, por lo menos, durante los seis primeros meses.
Esta simple decisión no solo aumentará los anticuerpos que haya podido obtener de usted mientras estaba en su panza, también fortalecerá el lazo emocional (se ha comprobado que los bebés amamantados son más seguros y fuertes) entre los dos y evitará un mal tan común por estos tiempos: las alergias cutáneas y respiratorias.
De todas maneras, como el estómago del recién nacido no tiene la suficiente fuerza para procesar la leche ingerida, es normal que mientras se acostumbra, presente episodios de estreñimiento o por el contrario, de diarrea, e incluso de vómito.
1. Problemas digestivos
Abundan los primeros meses de vida, causando uno de los dolores más familiares para los bebés: los cólicos. Este malestar con frecuencia le impide a su hijo estar a gusto. Puede ser provocado por los horarios de alimentación, la fuga de aire al estómago durante la lactancia, la intolerancia a ciertas leches de fórmula y la falta de pericia del nuevo ciudadano para expulsar los gases.
2. Diarrea
Puede ser consecuencia de una enfermedad como infección intestinal, pero por lo general es causada por la alimentación ingerida. Si el bebé solo toma leche materna, debe evaluar la dieta que usted, como madre lleva. Recuerde que el exceso de alimentos condimentados, picantes o muy grasosos repercute en su bebé.
No obstante, la alarma ante este padecimiento realmente se prende al pasar todo un día cambiándole pañales. Podemos decir que se trata de una ‘alerta naranja’, pues las deshidrataciones, por ejemplo, son padecimientos más severos, detonados en muchas ocasiones por diarreas que no ceden.
Lo que ocurre es que las paredes intestinales dejan de absorber los líquidos requeridos por el cuerpo, generando una gama de posibles males y, entre ellos, las infecciones. Pero a veces la causa de estos trastornos es una respuesta a la ingesta exagerada de jugos de fruta, sobre todo hacia los cuatro meses, cuando los padres los tienen como alternativas distintas a la leche.
“La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda no darles jugo de frutas a los bebés durante los primeros seis meses, y no más de cuatro onzas (118 ml) al día después de esa edad”, recomienda uno de sus artículos.
De cualquier manera, la higiene debe estar presente en todo momento. Esterilizar objetos como vasos, cucharas y otros elementos usados por el bebé debe ser una rutina obligatoria. Por otro lado, viajar con el agua o la leche fría y calentarla al momento de usar, es un consejo muy útil.
3. Vómito
Según los especialistas, algunos bebés son propensos a expulsar sus alimentos por excitación nerviosa o tensión. Cuando el vómito se manifiesta solo, usted no debe alertarse en exceso, pero estar preparada para contrarrestarlo le hará los primeros meses más llevaderos.
Su causa puede ser variable y algunas veces difícil de determinar, si se repite constantemente o es consecuencia de un golpe, acuda de inmediato al médico. Hay una causa muy común en los más pequeñitos: la escasa fuerza abdominal, la cual hace que después de alimentarse abundantemente, devuelva parte del contenido.
También puede ambientar una gastroenteritis viral, una otitis o una infección urinaria. En cualquiera de estos casos, los exámenes determinarán de qué se trata y guiarán su tratamiento.
Cuando el vómito es causado por malos hábitos alimenticios, controlar la cantidad de comida y la posición en la que el bebé la está ingiriendo pueden ser medidas efectivas.
4. Estreñimiento
Su signo más evidente es la ausencia de materia fecal. Es importante entender que cada bebé adquiere un propio ciclo de evacuación, y solo sobre ese debe tenerse en cuenta el número de veces que debería defecar al día.
Sin embargo, cuando pasan más de dos días sin que lo logre, es cuando empiezan los problemas. No es para menos que el bebé se ponga molesto, el llanto se hace constante y el propio hecho de comer se le vuelve complicado. Y usted confirmará esa condición si encuentra en el pañal heces duras y secas.
Como lo dijimos antes, la causa seguramente está en la alimentación. Si bien ese padecimiento es más común en los niños alimentados con leche de fórmula, las  madres lactantes que no incluyen vegetales, frutas y en general fibra en su dieta, son más propensas a tener bebés estreñidos.
Masajearle el estómago también es una buena alternativa para ayudarlo a mover el intestino. Cerciórese de tener las manos calientes y prefiera un aceite natural –de ajonjolí y almendra son los más recomendables-. Con sus manos, frote suavemente la zona abdominal del bebé haciendo pequeños círculos en la dirección de las agujas del reloj.
4. Deshidratación
Puede ser muy grave, pero bajo un cuidado diligente no suele pasar a mayores. Cuando un bebé la padece, generalmente se debe a una mezcla de circunstancias ya mencionadas (diarrea y vómito), a una fiebre alta y constante y al rechazo de alimentos líquidos y sólidos.
Es muy frecuente en menores de 2 años de edad y puede reflejar condiciones peores como bronconeumonía, sarampión o poliomielitis. Aun así, al detectarla debe proporcionársele al bebé suero vía oral o intravenosa de inmediato.
La podrán identificar también si el niño tiene los ojos hundidos o sin brillo, está inquieto e irritado, tiene la boca y la lengua secas, y respira con dificultad.
5. Pañalitis
A un enorme número de bebés les pasa alguna vez. No importa qué tan constante sean los padres o cuidadores  en el cambio del pañal, cualquier recién nacido con piel sensible y predispuesta a la irritación o a las alergias, puede quemarse en algún momento.
Pero procesos como la introducción de nuevos alimentos también repercuten en este molesto suceso. La influencia directa sobre el aumento de deposiciones o la consistencia de las mismas la pueden causar también.
En todo caso, ser estricto con el baño diario y con la aplicación de cremas antipañalitis son unos seguros efectivos…; la mayoría de las veces. Recurrir a la caléndula en ungüento y al agua pura (para luego secarlo muy bien y suavemente) le dará una sensación de bienestar casi inmediatamente.
6. Gripa y tos
La razón principal para que durante el primer año de vida los niños tiendan a resfriarse, es que su sistema inmunológico no está lo suficientemente fuerte para combatir todos los agentes nocivos a los cuales se enfrentan desde que nacen.
Además, como la herramienta preferida de los bebés para conocer al mundo son sus propias manos y boca, y como pasa en los casos de infecciones intestinales, a la gripa también la pueden pescar de esa manera.
En temporadas de lluvias los virus pululan, y como lo más común es permanecer en casa debido al clima, es más fácil que estos viajen de persona a persona en la misma familia.
Cuando se trata de un recién nacido es muy fácil confundirla con otros padecimientos como las alergias. Por eso es importante asegurarse de que hay estornudos frecuentes, nariz húmeda constantemente, tos y fiebre moderadas. Además, cuando se tiene un resfriado típico, el cuerpo tiene energía para seguir jugando. Pero si se trata de algo más serio, es común que el niño muestre mal humor y desgano.
7. Los males de la dentición
Hacia el sexto mes en promedio, emerge el primer diente de nuestro bebé. Aunque muchas personas asocian malestares como la diarrea a este hecho, algunos pediatras las consideran consecuencia de que el niño, en su afán de calmar el ardor y escozor, se lleva a la boca cuanta cosa ve.
La fiebre es otro de los síntomas a controlar, igual que las encías inflamadas y rojas. En todo caso, es mejor visitar al pediatra para que confirme nuestras sospechas.
Para hacerle la vida más llevadera al bebé durante este proceso, existen varios métodos. Los rasca-encías de gel que se meten al congelador son de gran ayuda, igual que el consumo de alimentos fríos. En el mercado también hay cremas y otros medicamentos, que aplicándolos directamente en la encía calman el malestar.
ALERGIAS EN AUMENTO
Las alergias se han posicionado por estos días como uno de los padecimientos más frecuentes entre los recién nacidos. Conocidas también como trastornos inmunológicos, en los bebés tienden a ser frecuentes por tener una piel más delicada.
Algunas estadísticas afirman que de cuatro niños, uno es alérgico. Un dato en alza, sobre todo en los países industrializados, donde los bebés manifiestan inmadurez física y un sistema inmunológico más débil.
Al parecer, los afanes de la vida moderna han promovido el consumo de leches de fórmula y otros alimentos artificiales, que influyen de manera negativa sobre la flora intestinal, un componente muy importante en el fortalecimiento de dicho sistema.

Algunos especialistas afirman que para 2020, en Europa la mitad de los niños podría padecer de alergias.
Algunos especialistas afirman que para 2020, en Europa la mitad de los niños podría padecer de alergias.
Si el bebé esta muy caliente todo el tiempo –sin llegar a la fiebre-, lo más seguro es que lo esté vistiendo y arropando de más.
Si el bebé esta muy caliente todo el tiempo –sin llegar a la fiebre-, lo más seguro es que lo esté vistiendo y arropando de más.
Cuando su bebé tenga dolor de estómago, falta de apetito, diarrea o vómito y fiebre, lo más factible es que tenga una infección intestinal.
Cuando su bebé tenga dolor de estómago, falta de apetito, diarrea o vómito y fiebre, lo más factible es que tenga una infección intestinal.
La congestión nasal también es muy normal en los recién nacidos y es provocada por la contaminación. Aun así, la adaptación al medioambiente suele ocurrir a los pocos días.
La congestión nasal también es muy normal en los recién nacidos y es provocada por la contaminación. Aun así, la adaptación al medioambiente suele ocurrir a los pocos días.
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