Cada ser humano tiene sus propios ritmos, pero estos dependen en buena medida de su genética, del entorno que lo rodea y de sus hábitos alimenticios. Lo cierto es que el fenómeno conocido como pubertad precoz ha sido una causa de preocupación a lo largo de los años; pero la diferencia radica en que mientras hace unas décadas era el séptimo caso de consulta, ahora se ubica en el segundo lugar. Una diferencia considerable.
Se sabe que los cambios físicos son estimulados por andrógenos y estrógenos (hormonas masculinas y femeninas respectivamente), los cuales se producen y regulan a nivel llamado “eje hipotálamo hipofisiario gonadal”. Cuando la aceleración de la pubertad es producida por una alteración o estimulación del mismo, ya es causa de atención.
Se le conoce como pubertad precoz a la aparición prematura de los caracteres sexuales secundarios, que en las niñas se manifiesta a través del vello púbico, el crecimiento de las mamas y la presencia temprana de la primera menstruación. En los niños, por su parte, se puede predecir por el crecimiento de vello púbico y facial, desarrollo de los testículos y crecimiento muscular.
Sin embargo, la diferencia entre unos y otros es abismal. Según las estadísticas, las niñas son muchísimo más propensas a sufrirla. Se supone que por cada 10 casos femeninos, hay un niño con desarrollo precoz.
Sin ir tan lejos, hace unos 30 años, lo normal era que este periodo del desarrollo se diera entre los 10 y los 15 años en las niñas, y entre los 12 y 16 años en los niños. Pero en la actualidad, han dejado de ser casos aislados aquellos que hablan de niñas con su primera regla desde los siete.
Y son muchas las consecuencias de este adelanto. Por eso es importante precisar qué es lo que ocurre hormonalmente para que se pueda dar esta transición.
Algo llamado pubertad
La pubertad se inicia gracias a la activación de las glándulas endocrinas. En los cuerpos masculinos, las encargadas de esta activación son las gónadas y la glándula suprarrenal, responsables de los rasgos que ya enumeramos y de tantos otros como la aparición de la manzana de Adán, el cambio de voz, la sudoración y el acné.
En los femeninos, ocurre algo similar. Sin embargo, al igual que en los hombres, no necesariamente tienen que activarse al tiempo. Por ejemplo, puede ocurrir una pubertad a medias si solo se activa la glándula suprarrenal, y entonces las niñas presentarían la presencia de vello púbico y algo de sudoración, sin que sea un caso alarmante de pubertad precoz.
¿Y por qué se adelanta?
Aunque existen varias causas que podrían adelantar la pubertad, se sabe que más o menos un 80 por ciento de los casos son idiopáticos; es decir, que los médicos no pueden determinar a ciencia cierta cuál es su causa o detonante.
Esta situación se presenta ante todo en las niñas, con un 90 por ciento; en los varones, solo en el 40 por ciento de los casos es imposible determinar la causa. En el 60 por ciento restante, esta anticipación está relacionada con la presencia de tumores del hipotálamo o del sistema nervioso central, con meningitis o con traumatismos, por citar algunos.
También se cuentan otros factores determinantes, como antecedentes y problemas genéticos, y la activación temprana de la hormona gonadotropina, sustancia segregada por la hipófisis y vinculada directamente con el proceso reproductivo.
Otra de las causas estudiadas, principalmente en el caso de las niñas, es el sedentarismo y su influencia en la obesidad. Al parecer, la relación entre aquel y la pubertad temprana, se debe a la producción de leptina, una hormona que se produce, en buena parte, en los tejidos grasos, aunque también en el hipotálamo, los ovarios y la placenta.
Esta hormona tiene varias funciones, pero la que nos interesa en este momento se relaciona con las señales que le envía al sistema nervioso, avisándole que ya existen las condiciones para iniciar el desarrollo sexual. Y al tener más tejido adiposo, es probable que los niveles de leptina suban, lo que podría estimular al hipotálamo para iniciar la producción de la hormona liberadora de gonadotropina.
Lo más preocupante de la pubertad precoz es que afecta directamente los índices de crecimiento en los niños, pues ese cambio hormonal hace que la epífisis de los huesos (el extremo donde se sitúa la articulación) madure, y al pasar esto, lo más normal es que se cierren y dejen de crecer, afectando el potencial de crecimiento.
Sin embargo, no se ha establecido que este fenómeno produzca un trastorno sexual o de fertilidad. Pero en cuanto a cuestiones sicológicas y de adaptación social, las problemáticas para quienes lo padecen son importantes y variadas.
Alimentación y ambiente
Aunque no se ha determinado nada científicamente, varios estudios señalan que las causas hasta ahora desconocidas pueden deberse a factores ambientales de la vida moderna.
Por ejemplo, desde las hormonas aplicadas directamente por algunas industrias alimenticias para acelerar el crecimiento de animales como aves, peces, cerdos, ganado vacuno y sus derivados lácteos, hasta el uso indirecto y excesivo de las mismas, presentes en algunos pesticidas utilizados en el campo, y que en definitiva, afectan tanto a los productos consumidos por animales como por humanos.
Al parecer, estos químicos y sus usos indiscriminados traen consecuencias negativas para la salud. Porque además de ser señalados por algunos como una influencia directa sobre la pubertad precoz, también estarían relacionados con el aumento de los casos de cáncer y trastornos endocrinos.
Por eso, y aunque para muchos sean simples sospechas, lo mejor sería tomar medidas preventivas al respecto. Por ejemplo, consumir tanto como sea posible, alimentos orgánicos (carnes y vegetales) y evitar los procesados de todo tipo.
En cuanto al tema de la limpieza, prefiera que sus hijos usen champús, desodorantes y cosméticos de marcas naturales, los cuales generalmente están libres de productos químicos de riesgo como los parabenos (usados como conservantes).
Las fragancias artificiales de ambientadores y suavizantes para la ropa también son sospechosas de generar desequilibrio hormonal, así que no exceda su consumo.
Las consecuencias sociales
Aunque a los humanos nos encante destacar entre los otros, un rasgo igualmente importante es la identificación que podamos tener con el grupo social al cual pertenecemos. Y sobre todo, cuando somos niños, ser muy diferente a los demás no es nada grato.
Por ejemplo, cuando hay un desarrollo evidente de los senos en una niña de 7 o 8 años, ella comienza a mostrar sentimientos de rechazo frente a su propio cuerpo. Estrés, depresión y algo de impotencia por no poder ocultar lo inocultable, pueden complicar ese prematuro paso a la adolescencia.
Además, es lógico que tener una mentalidad infantil en un cuerpo que está creciendo rápidamente, puede poner a niños y niñas en situaciones de conflicto que los padres deben saber acompañar.
Es normal que a pesar de su temprana edad, la niña o el niño comiencen a inquietarse por temas propios de los 13 o 14 años, como conseguir novio, autoexplorar su cuerpo o lucir bien. Por eso los padres tienen que ser muy responsables con el canal de diálogo, pues ni tratar de retardar estas inquietudes, ni animarlas excesivamente, son conductas recomendables.
También deben mostrarse amorosos con las nuevas responsabilidades que, sobre todo, las niñas adquieren. El uso de las toallas higiénicas, desodorantes y acostumbradores son rutinas que se enseñan con afecto y total apoyo.
Así se trata
Dado que los síntomas de la pubertad precoz saltan a la vista, las recomendaciones médicas apuntan a estar continuamente revisando el cuerpo de nuestros hijos.
Si su niña o niño de siete años (incluso menos), está presentando desarrollo de vello púbico, sudoración y desarrollo de los genitales, la consulta al pediatra no se debe hacer esperar.
Será el quien decida la importancia de remitirlo a un especialista en endocrinología infantil para comenzar con los exámenes encargados de confirmar las sospechas y tratar de establecer la causa. Si la logran encontrar, el primer paso es corregirla. Si no es posible, como ocurre en especial con las niñas, se debe avanzar en el tratamiento.
Lo que generalmente ocurre, es que el endocrinólogo remita al niño a estudios hormonales, resonancias magnéticas, radiografías y estudios que determinen la edad de los huesos, para establecer cuánto han crecido y lo que falta. También, según el caso, formulará ecografías ováricas y otras pruebas relacionadas con el hipotálamo y la hipófisis.
La decisión sobre cómo tratar la pubertad precoz depende de varios factores. Primero, y como lo decíamos antes, es indispensable saber si hay una causa conocida. Porque si es producto de un tumor, por ejemplo, el tratamiento consistirá en extirparlo.
También es importante determinar la edad y la velocidad con la que avanza dicha maduración. Porque si el niño o la niña se desarrollan solo un año antes de la fecha establecida, y su estatura no se ve influenciada, es muy posible que ni siquiera esto tenga consecuencias sociales.
De contrario, y no hay una causa establecida, el tratamiento no dura menos de un año y se acude a cierto tipo de hormonas inyectables que logran frenar el aceleramiento de la pubertad.
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Asesoría: Doctora Martha Lucía Vallejo, Pediatra.
Martolava@une.net.co
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