“Por ahora no ha pasado, espero que me pase; pero no me puedo quejar, me han gustado mis personajes. He hecho lo que he podido y creo que lo he hecho bien”. A Ana le sobra actitud. Es de fisionomía pequeña, pero como otras mujeres sobresalientes, dotada de una presencia fuerte que nos hace permanecer atentos.
Estudió Publicidad, carrera que ejerció durante dos años; y después de ser mamá creó su propia marca infantil, Divino Baby, trabajo que hace porque le gusta, y al cual le va a hacer “aguante” hasta que una empresa grande le compre la idea.
Eligió la actuación solo un año después del nacimiento de Salvador. Y aunque hizo unos cuantos talleres en Nueva York y en el país, considera que su aprendizaje real se ha dado sobre la marcha, trabajando. En su primer papel, en Amor en custodia, encarnó a la típica “niña rica impotable” que no se aguanta ni a ella misma. Bárbara era la hija carente de afecto de Alejandra Borrero (Paz De Lucci), y fue tan querida su interpretación, que le mereció un India Catalina a Mejor Actriz Revelación.
Antes de que hiciera pruebas para ese papel, no imaginó que iba a terminar actuando. Sus intereses siempre se alimentaron con la música, entre otras razones porque su mamá le mostró esta disciplina desde muy pequeña. Por eso no solo compone canciones; el pánico escénico lo perdió primero en una tarima…; cantando. Por eso ve como un plus para su profesión, vivir otro tipo de experiencias. Y a estas alturas posee la disciplina y seriedad suficientes para seguir complementándolas con la actuación.
¿Perfil de antagonista?
Aunque sus papeles han sido muy diferentes los unos de los otros, siente que los encargados de las producciones la encasillaron en cierto tipo de características. Ella dice disfrutarlos, pero quiere como reto profesional encontrar una oportunidad para encarnar a la ‘niña buena’.
Mientras tanto, lo que más difícil encuentra en su oficio es estar pensando si el personaje le va agradar o no al público. “Porque finalmente lo haces para los demás. No se trata de si me gusto yo o me gusta como hago mi trabajo, ¡no! Tú trabajas para que los demás valoren y crean en tu personaje. Ahora, en Allá te espero, hablo pestes del país, por ejemplo…; Existe el miedo de que por hacer un antagónico me tiren un tomate cuando salga a la calle…; Pero entiendes que te le mides a esto y terminas de grabar y sigues trabajando aunque sales y quizá la gente te reprocha por tu personaje. Tengo una vida normal, estoy haciendo mercado con mi hijo y no voy a hablar de mi personaje…;”.
Y claro, ella siempre es la niña estrato alto, que habla otros idiomas y desencaja en ambientes comunes. Y para la vida real de Ana esto es problemático. Porque aunque mucha gente le manifiesta su admiración, algunos -“por falta de información”, según ella-, no pueden evitar abordarla. “Tengo una vida muy sencilla, pero salirse del estigma creado por un personaje especifico ha sido difícil”.
Feliz con Allá te espero
Cuando no está grabando, sus días se pasan entre los juegos con Salvador y los viajes a la finca, donde alberga a algunos animales. Allí mismo está el caballo que adoptó hace poco tiempo, cuando varios zorreros de Bogotá entregaron los que halaban sus carretas. Ella, ni corta ni perezosa, se unió a la campaña del Distrito para adoptar, pues aunque confiesa que no le gusta figurar, sí le parece importante contribuir.
Precisamente por eso tenía tantas expectativas con respecto a Allá te espero, un proyecto que habla de la problemática de la trata de blancas, y sobre el cual, el canal planea sacar una campaña para informar mejor a los colombianos.
“Cuando grababa, leía los libretos de los personajes con quienes interactuaba y no me enteraba de lo que pasaba alrededor mío. Pero viendo la novela, ya comprendes toda esa gran realidad y te sorprende cómo abusan de la gente, del poder, de los sueños. Me encanta hacer parte de una producción que más allá de ser el melodrama de las 8 de la noche, es una historia real que nos motiva a tener más cuidado. Además, me parece bonito volver a ver una novela familiar”.
Terminaron de grabar hace cinco meses y aunque la vemos al aire en esa producción, ahora está finalizando El monstruo de los naranjos, “una narcoserie” que solo será emitida en Estados Unidos. Cuando termine, seguirá presentado casting, aunque admite que la prueba que tanto espera, no ha llegado aún.
Mamá, ante todo, mamá
Ana considera que la idea aquella sobre una madre que debe estar de lleno al lado de sus hijos, pasó de moda hace rato. Por eso intenta ser una mamá de calidad para Salvador, aprovechando cada momento que puede estar con él para compartir y hacer cosas juntos. “Quiero seguir actuando y estar siempre con mi hijo; que él vea a su mamá como una vieja verraca que trabaja, y que al mismo tiempo, es muy familiar”.
De todas formas admite que en algunas ocasiones ha tenido papeles con horarios muy intensos y ha sufrido en casa por sus prolongadas ausencias. De hecho, para grabar La Mariposa, se vio obligada a llevar a su hijo durante dos meses a Estados Unidos; estaba muy pequeño y la necesitaba a ella más que a nadie.
Pero la lección está aprendida: así que si le resulta un protagónico o un personaje muy importante, Ana será muy cuidadosa en redactar sus contratos, pues ya sabe que debe aclarar todo con respecto a la intensidad horaria y el trabajo los fines de semana.
Por lo demás, no le interesa sobreexponerse y mucho menos a su vida personal. No le importa tener una cuenta en Twitter con más de 25 mil seguidores, ni caer en los nuevos juegos mediáticos “…;Intento manejar esto con mucha delicadeza, porque la exposición mediática hoy en día es demente. Hay que estar seguro de sí mismo; no me importa si me ven vestida ‘así o asa’, lo que importa es mi trabajo y concentrarme en hacerlo bien. El resto…; tú verás cómo lo manejas”, concluye.
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