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Lo que comemos, los productos que usamos, los niveles de estrés que manejamos, qué tan contaminado es el medio en el cual vivimos y, por supuesto, el clima. Estos son los principales factores que afectan no solo la belleza sino la salud de nuestra piel, un órgano vivo que responde, como todos los demás en el cuerpo, a los cambios radicales impuestos por nuestro estilo de vida.

El proceso de envejecimiento de la piel depende de los cuidados que le demos desde la infancia. Líneas de expresión, arrugas prematuras, acné, irritaciones, alergias, resequedad, flacidez, pérdida de la luminosidad y manchas, son algunas de las “facturas” que suele pasarnos el hecho de haber olvidado hábitos clave de protección.

Y por estos días, cuando estamos listas para disfrutar unas merecidas vacaciones y hemos elegido el destino, es necesario darle un nuevo vistazo a esa lista de recomendaciones llamada “cómo proteger nuestra piel”. Esta vez, dependiendo de si vamos a descansar a una soleada playa, a aventurar en una selva húmeda o a ir de vitrinas en una ciudad con bajísimas temperaturas. Aquí vamos:

¡Brrrr, frío muy frío!En los últimos años, los planes turísticos en ciudades frías o en hospedajes enclavados en la nieve muestran un aumento significativo cuando se trata de disfrutar, de una manera diferente, la época de fin de año. Caracterizados por el frío intenso, el viento helado y los ambientes secos, estos lugares son maravillosos, pero tienen un efecto terrible en la piel: ¡le arrebatan la humedad! El frío hace que los vasos sanguíneos se contraigan, disminuyendo el suministro de sangre hacia la superficie de la piel. Y ello se traduce en labios partidos y rostro y manos resecas, agrietadas y enrojecidas (lo peor del asunto es que esas manchas rojas, que aparecen especialmente en los pómulos, tienden a volverse oscuras con el paso del tiempo).

La clave aquí es seguir la rutina normal que se tiene en casa (incluyendo la crema de contorno de ojos), pero con algunos cambios. Primero, usar un producto humectante con mayor poder que el usual y aplicarlo tres a cuatro veces al día en las zonas expuestas al medio ambiente. Pedirle al dermatólogo que nos formule una crema con ácido hialurónico para que la piel retenga más agua, es una excelente idea.

También lo es rociar el rostro continuamente con agua fresca y dejarla secar al natural, sin usar toalla. Y una noche a la semana, ponerse una mascarilla humectante. Ah, y no hay que olvidar la alimentación: debemos consumir muchos líquidos, frutas con altos contenidos de agua y verduras.

Los expertos de la Clínica Mayo también aconsejan tomar baños cortos y con agua tibia (¡no podemos ceder a la tentación de una ducha larga y con agua caliente!), y usar jabones cuyos ingredientes aporten humedad.

En los labios, aplicar generosamente un  protector para esta área específica y llevarlo siempre consigo para ponerlo después de comer o beber. La tradicional manteca de cacao funciona muy bien. En las manos, mucha crema humectante y guantes siempre que podamos. Y no tenemos permiso para usar perfumes fuertes (cuando la piel no está acostumbrada a este clima, se resiente ante cualquier producto con mucha fragancia).A riesgo de mostrarnos reiterativas, debemos decir que aunque no veamos el sol y los días estén nublados, la piel siempre está expuesta a la luz solar. ¿Y recuerda sus efectos? Envejecimiento prematuro y aumento en las posibilidades de sufrir cáncer de piel. Basta decir que los rayos solares que se reflejan en la nieve son tan nocivos como los que llegan a las playas, y que las nubes dejan pasar entre un 70 y 80 por ciento de la radiación.

Así que antes de ponerse la chaqueta, la bufanda, el gorro de lana y los guantes, aplique en el rostro una buena cantidad de bloqueador solar con SPF alto y guárdelo en su maletín o en la cartera para repetir la dosis cada 2 a 4 horas, dependiendo del factor de protección del producto. Y debe actuar con mayor responsabilidad en este asunto si va a realizar cualquier tipo de actividad física, desde esquiar hasta solo caminar unos metros.

En el tema de la exfoliación, las opiniones están divididas. Algunos dermatólogos aseguran que es mejor no hacerla mientras estemos expuestas a temperaturas tan bajas, mientras otros aseguran que una sola vez a la semana y evitando los exfoliantes de gránulos (mejor los que contienen enzimas), le permite al producto humectante penetrar mejor en la piel. Pruebe a exfoliarse y si ve que su piel se pone sensible o se irrita, la lección está aprendida. Eso sí, todos aconsejan no usar esponjas ni el rostro ni en el cuerpo.

Con seguridad, el sitio donde se alojará tendrá sistema de calefacción, lo cual significa una sorprendente pérdida de humedad para su piel. Poner un recipiente lleno de agua junto la cama le aportará algo de humedad al ambiente.

Si a pesar de estos cuidados nota que su piel le rasca, le quema, está roja o tiene áreas inflamadas o agrietadas, debe consultar a un médico.

Sol, solecito…

Indiscutiblemente, playas y piscinas son los lugares de mayor demanda turística por estos días y en la temporada de fin y principio de año. Los destinos soleados son divertidos y también saludables, no solo para la mente sino para el cuerpo. Por ejemplo, los efectos terapéuticos del agua de mar son invaluables: es rica en yodo, potasio, zinc y oligoelementos, que son excelentes nutrientes para la piel cuando ésta los absorbe; eso sin contar con que relaja los músculos, alivia los dolores de las articulaciones, calma los nervios y mejora la circulación de la sangre, entre otros. Y no olvidemos el aporte de vitamina D por parte del sol.

Sin embargo, para aprovechar ese beneficio del astro rey (y también a la hora de broncearse), no es necesario “parquearse” durante horas en la playa, exponiendo la piel a los rigores de los temibles rayos UVA y UVB, los cuales no solo se reflejan en la arena y en el mar, sino que su potencial aumenta dramáticamente dentro y cerca del agua.

Entonces, permítanos repetirle las “condiciones” para gozarse un día soleado: no se exponga entre las 10 de la mañana y las 3 de la tarde; si llega al destino con la piel blanca, no intente broncearse en el primer día, expóngase paulatinamente; use siempre un buen protector solar que bloquee los dos tipos de rayos (UVA y UVB) y reaplíquelo en todas las zonas expuestas (orejas, pies y manos incluidas) cada vez que se haya salido del agua y mínimo cada dos horas (si el producto tiene un factor bajo de 30); protéjase siempre con sombrero (¡además se verá muy chic!).El sudor excesivo producido por las altas temperaturas también es un problema de estos destinos. Y en muchos casos, causa salpullido e incluso “alborota” el acné. Si usted tiene esta condición, pídale a su dermatólogo un producto limpiador con ácido salicílico y las recomendaciones para utilizarlo.

En caso de que su piel haya sufrido las consecuencias de una sobreexposición solar, deberá tomar medidas, no lo deje pasar. Si el enrojecimiento es leve, tome mucha agua y use uno de esos productos que se aplican después de haber estado tumbadas al sol (métalo en la nevera algunas horas antes). ¡Y por supuesto, prohibido el sol hasta que la piel se haya recuperado totalmente! Más allá de un enrojecimiento superficial, el caso exige la visita a un médico.

Un plan aventurero… y húmedo

¿Qué pasa si en este año sacó su lado aventurero y decidió anotársele a un exótico y maravilloso plan turístico que le llevará, por ejemplo, a nuestra selva amazónica? ¡Súper! Pero deberá tener en cuenta ciertas condiciones específicas que pueden afectar la salud de su piel.

Estos lugares, además de presentar cambios bruscos de temperatura, tienen una altísima humedad. Y ésta puede ser caldo de cultivo de hongos y parásitos. ¿Prevención? Después de cada caminata dese una ducha con agua tibia y tómese su tiempo para secarse metódicamente, desde las puntas de los pies (no olvide el área entre los dedos) hasta la cabeza. Ah, y resístase a la tentación de bañarse en los ríos (por aquello de los agentes parasitarios que pueden alojarse en la piel).

Si tiene tendencia a sufrir acné, el calor y la humedad potenciarán esta condición, al estimular la producción de grasa. Pídale a su dermatólogo un kit de limpieza y cuidado para su piel, y úselo después de lavarse muy bien la cara con agua tibia (en especial si ha transpirado).

Por supuesto, usar botas, pantalones y blusas ligeras de manga larga (búsquelas en materiales que aíslen el sudor y así evitará los salpullidos) constituye un escudo protector contra picaduras de insectos y bichos que se alojan en el suelo. Los conocedores aconsejan llevar ropa de colores claros, pues los oscuros llaman más la atención de los insectos, y elaborada en telas que se sequen rápidamente. Además de protector solar (¡siempre protector solar!), póngase sombreros de ala ancha.

Retrasando el envejecimientoDisfrutar las vacaciones en lugares donde las condiciones climáticas son extrañas para nuestro cuerpo o vivir en un entorno cada vez más contaminado, pasa factura a nuestra piel y lo hace anticipando la llegada de los signos característicos del envejecimiento. Este proceso es inevitable en los seres humanos, pero no por eso podemos bajar la guardia.

De acuerdo con los expertos de la marca Kiehl’s, una piel joven y cuidada se comporta de manera diferente a una piel envejecida. “En efecto, mientras que la primera tarda solo seis horas en recuperarse, la segunda demora cerca de 30 horas para reconstituirse y recuperar su aspecto saludable, lo que es normal teniendo en cuenta que con el paso de los años, las células también envejecen, volviéndose menos resistentes a los agresores externos. Pérdida de elasticidad, aparición de arrugas, líneas de expresión y textura rugosa de la dermis, son el resultado de este proceso.

El envejecimiento de la piel es una situación compleja que se manifiesta a través de factores causados por diversos agentes como: Pérdida de colágeno de la piel. Esto hace que la cantidad de fibras elásticas disminuya significativamente.  Reducción en el espesor de la dermis. La causa es que, con el paso de los años, el tiempo de renovación de las células disminuye en un 50 por ciento.Pérdida de la hidratación natural. Las glándulas sebáceas se van atrofiando, lo que a su vez provoca que la gravedad atraiga los tejidos hacia abajo.Los cambios hormonales ocasionados por el estrés, el embarazo o la menopausia.Una alimentación rica en grasas saturadas y en harinas refinadas también causa daño a la piel, debido a la ausencia de vitaminas y minerales necesarios para su salud.La falta de protección solar y el consumo de cigarrillo. Estos dos factores  vuelven la dermis más frágil, afectando la producción de colágeno y elastina.

En ese orden de ideas, la clave es dar la batalla a los agentes que podemos cambiar, adoptar hábitos sanos de nutrición y seguir una rutina de cuidado que permita combatir los signos prematuros del envejecimiento de la piel. Y en ésta, los expertos aconsejan incluir un producto re-texturizante, cuyas propiedades ayudan a la renovación epidérmica, corrigiendo visiblemente las arrugas; un re-afirmante, que le ayude a la piel a recuperar su grosor y densidad; y el infaltable hidratante, encargado de reducir la rugosidad cutánea, reforzando la elasticidad y la barrera protectora de la piel.Con información de: Kiehl’s. www.facebook.com/KiehlsColombia

Hagamos un autoexamen

A pesar de lo temibles que suenan enfermedades relacionadas con la piel, como lesiones, manchas y tumores, una detección hecha a tiempo puede marcar la diferencia. Y el autoexamen periódico es la mejor manera de prevenir cualquier complicación cutánea.“Examinarnos la piel es importante, porque nos permite detectar la aparición de nuevas lesiones, así como cambios que se hayan presentado en las mismas. Esto nos lleva a consultar a tiempo a un dermatólogo y por ende a un tratamiento más oportuno”, explica la doctora Sandra Muvdi, dermatóloga del Centro Dermatológico Federico Lleras Acosta.Cualquier anomalía es clave a la hora del autoexamen. Manchas nuevas, placas, ‘pepitas’ y cambios en los lunares, son síntomas que es imposible dejar pasar. “También lo son lesiones que aparezcan en cualquier parte del cuerpo, teniendo en cuenta que cuando hablamos de la piel incluimos sus anexos: el cuero cabelludo, el pelo, las uñas, las pestañas, las cejas”, advierte la especialista.La manera adecuada de realizarse este autoexamen es hacérselo en un sitio con muy buena iluminación, preferiblemente natural, y frente a un espejo de cuerpo entero para poder vernos desde la cabeza hasta los pies. Hay que examinar todo: cuero cabelludo, orejas, plantas, palmas y espalda. También se recomienda visitar al dermatólogo al menos una vez al año.

________________Centro Dermatológico Federico Lleras Acosta.  www.dermatologia.gov.co 

Para aprovechar los beneficios del astro rey, no es necesario “parquearse” durante horas en la playa, exponiendo la piel a los rigores de los temibles rayos UVA y UVB.
Para aprovechar los beneficios del astro rey, no es necesario “parquearse” durante horas en la playa, exponiendo la piel a los rigores de los temibles rayos UVA y UVB.
En caso de que su piel haya sufrido las consecuencias de una sobreexposición solar, deberá tomar medidas. ¡No lo deje pasar!
En caso de que su piel haya sufrido las consecuencias de una sobreexposición solar, deberá tomar medidas. ¡No lo deje pasar!
Disfrutar las vacaciones en lugares donde las condiciones climáticas son extrañas para nuestro cuerpo o vivir en un entorno cada vez más contaminado, anticipa la llegada de los signos característicos del envejecimiento.
Disfrutar las vacaciones en lugares donde las condiciones climáticas son extrañas para nuestro cuerpo o vivir en un entorno cada vez más contaminado, anticipa la llegada de los signos característicos del envejecimiento.
Preparar la piel antes de las vacaciones y “repararla” al llegar a casa... requisitos indispensables.
Preparar la piel antes de las vacaciones y “repararla” al llegar a casa... requisitos indispensables.
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