Un sacerdote español se ha convertido en una particular figura para quienes buscan encontrar pareja dentro de la fe católica. Su método no utiliza aplicaciones de citas ni se basa en fotografías, sino que parte de conversaciones por WhatsApp, preguntas personales y acompañamiento espiritual.
Se trata de Fernando Cuevas, religioso de más de 70 años nacido en Ibiza y actualmente capellán escolar en Valencia. Durante aproximadamente 15 años, ha participado en la formación de parejas que posteriormente llegaron al matrimonio.
De acuerdo con lo relatado por el sacerdote a ACI Prensa, y recogido por El Tiempo, su iniciativa ha contribuido a concretar 1.280 matrimonios católicos. Para realizar esta labor, Cuevas recibe solicitudes de personas interesadas en conocer a alguien que comparta sus principios religiosos y tenga intención de formar una familia.
Su jornada también implica atender un elevado número de consultas. En algunos días puede recibir hasta 60 mensajes de personas que buscan orientación para encontrar una pareja compatible.
El religioso explica que su labor no responde a una fórmula especial. Por el contrario, considera que la oración y la confianza en la Providencia tienen un papel central en el proceso. “A mí esto me ha cambiado la vida totalmente”, detalló.
El sacerdote también ha señalado que muchas de las personas que recurren a él no tienen como prioridad aspectos físicos, sino encontrar a alguien que comparta una vida centrada en Cristo.
¿Cuáles son los requisitos del ‘cura Tinder’?
Cuevas establece algunas condiciones antes de considerar posibles parejas. Una de las principales es que los interesados tengan más de 25 años y asistan a misa los domingos. “Los requisitos que pongo son que sean mayores de 25 años y que vayan a misa los domingos”, agregó.
La cercanía entre los candidatos también es importante para el sacerdote, debido a que busca que las personas puedan conocerse presencialmente y mantener un contacto frecuente.
Entre los aspectos que analiza están la edad, el lugar donde viven, su compromiso con la religión, el tiempo disponible y, especialmente, si existe un verdadero interés por contraer matrimonio.
Cuevas reconoce que existen dificultades para encontrar determinados perfiles. Según explicó, cuenta con menos hombres de 30 y 40 años, mientras que la disponibilidad de mujeres resulta mayor en esas edades.
“Tengo pocos hombres treintañeros, cuarentañeros muchísimos y, a partir de los 50, menos. Las mujeres escasean menos”, dijo.
La fe como punto de partida para encontrar pareja
El alcance de esta iniciativa ya supera España. El sacerdote ha recibido solicitudes de personas interesadas desde Colombia, México, Argentina, Perú y hasta India.
Ante el crecimiento de las peticiones, incorporó al padre Vicente Huerta para colaborar en la revisión de los perfiles.

Cuevas sostiene que su papel consiste en facilitar encuentros entre personas que comparten una misma visión sobre el amor, el matrimonio y la vida espiritual. Para él, la búsqueda de pareja también puede estar vinculada con la vocación personal. “No tengo ningún don especial”, manifestó.
El sacerdote considera que la clave está en la fe y en la confianza en Dios. “Soy cura, confío plenamente en la Providencia y sé que Dios llama a cada persona, que tiene un plan específico del Señor desde antes de nacer. Igual que una persona tiene vocación a una institución religiosa o a un movimiento, o lo que sea, pues Dios ha pensado en alguien para él, para que se santifique”, subrayó.
Su experiencia le ha permitido comprobar que existe interés entre los creyentes por construir relaciones donde la espiritualidad tenga un papel relevante.
“La gente busca el amor verdadero. Hay un anhelo, una necesidad enorme de amar. La gente está muy necesitada. Quiere amar de verdad, olvidarse de sí mismos, entregarse, meter a Cristo en sus vidas”, dijo.
En esa misma línea, el sacerdote afirma que para muchos de quienes acuden a él la apariencia física ocupa un lugar secundario frente a la práctica religiosa y los valores compartidos.
“La inmensa mayoría busca a alguien que ponga a Cristo en el centro de su vida. Hay muchísima gente anhelando eso. Me conmueve ver la cantidad de gente que dice: ‘No, me da igual que tenga los ojos azules, que sea muy guapo, que sea muy listo. Si no tiene a Cristo en su vida en el centro, fuera’. Esa es la jerarquía de valores”.

