Vuelve y juega Bruce Willis con el personaje que lo convirtió en una megaestrella del cine de acción, John McClane, el detective que sin pretenderlo llega por casualidades de su profesión al lugar donde más lo necesitan, y a quien los villanos les resulta imposible darle de baja.
Interpretado por Bruce Willis, el personaje llega en esta ocasión a su quinta aventura en una historia que involucra a su hijo, quien de manera clandestina ha seguido el mismo camino de su padre. “Duro de matar, Un buen día para morir" a pesar de que generó, una gran expectativa por su anterior película en 2007, no movió al público lo suficiente como para superarlo en taquilla a nivel mundial.
Sin embargo, a pesar de su baja, en esta oportunidad, ha sido la más vista de sus competidoras en las salas de cine. La cinta ingresó 37,5 millones de dólares el primer fin de semana de su estreno.
En esta oportunidad la figura ruda de McClane sigue intacta; su hijo, quien heredó la sagacidad y manera de manejar las situaciones de su padre, también ha cultivado el amor por la aventura, adrenalina y el peligro. En esta ocasión la frialdad y las expresiones de los rostros de los protagonistas en situaciones de acción pura, hacen más divertida la hora y media de la película. El humor es clave en este largometraje así como la interpretación del resto del reparto integrado por Mary Elizabeth Winstead, Sebastian Koch, Jai Courtney y Julia Snigir
La cinta es sencilla, y su misión, como en las cuatro películas anteriores, cumple su objetivo: divertirse con explosiones, persecuciones, acción y humor…; solo eso, entretenerse. El filme es también un referente para pensar que los héroes del cine de acción de los 90 siguen vigentes y que en las nuevas generaciones parece no se ha renovado el casting; ahora son los superhéroes y los relatos fantásticos los que están marcando la línea argumental del cine contemporáneo que llega a esta ciudad.
Si uno mira las salas de Cartagena, las opciones para disfrutar de cintas variadas son escasas. El problema no está en las que se proyectan, pues hacen parte de la oferta, y son bienvenidas; es en la falta de esas opciones, y de salas diferentes a las comerciales, donde radica la pobreza para la apreciación cinematográfica en nuestro Corralito de Piedra.
