Mayo 9, ese día empezó todo. Llegó la pandemia y con ella una situación compleja que involucró a todos, trayendo consigo un confinamiento inmediato que se prolongó más de lo esperado y a partir de allí la historia se cuenta sola, cierre definitivo de negocios, desempleo y sumado a esto, una población vulnerable con múltiples necesidades y hambre.
Más allá de pensar por separado en encontrar paliativos, en esa fecha empezó un proceso que se centra en soluciones. “Es imperiosa la necesidad de alimentar balanceadamente a esa población, mientras, los restaurantes están llenos de personal preparado para hacer lo suyo, pero los negocios cerraron y ellos quedaron sin empleo, entonces la idea se gestó con una unión de la necesidad y la solución”, indica Karen Loewy, una de las cabezas visibles de SOS Cartagena.
Desarrollar el concepto también incluía la búsqueda de una fórmula para convertir a todos los restaurante involucrados en una planta de producción masiva para crear un menú de 14 días, rotativo durante dos meses. Para esta misión, todos cuentan con la misma cantidad de insumos y condiciones, lo único que cambia es el número de cajas que produce cada restaurante, lo cual va de acuerdo con su personal de producción.
“Se trata de una modalidad que no tiene campo a utilidades, el proyecto ha convertido varios restaurantes en una gran cocina, donde se recogen las raciones y se distribuyen a la población; se sigue generando el empleo en los mismos, y los hoteles que se han sumado a la causa alojando al personal, también entran en esta práctica de salvamento del sector que tiene como fin atender de primera mano a los más necesitados”, aclara Loewy.
El piloto se desarrolló en menos de un mes y contó con el apoyo del Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Cartagena, Fundación Olímpica y recursos privados, para atender inicialmente a San José de los Campanos, donde la prueba funcionó perfectamente, la producción de las raciones permitió amortizar los costos, pagar las nóminas, retornar a los empleos a once personas y continuar con la suma de otros restaurantes. Actualmente se han entregado más de 40 mil comidas y a partir de hoy se involucran otros negocios, permitiendo entregar 1.900 raciones diarias, aunque el objetivo es incrementarlas, porque muchas son las peticiones, que se equiparan con las necesidades.
Como se trata de un grupo de restaurantes muy diverso, se ha creado un ‘equipo de transición’ con acompañamiento de mujeres de cocina con caldero, para que les entrenen en el manejo de volumen a aquellos que han manejado otro tipo de cocina. En cuanto a aquellos restaurantes que definitivamente no tienen capacidad de adaptación, se ha diseñado el ‘Domingo feliz’, en el cual se entregan alimentos no tradicionales, con el fin de dar flujo de caja a los mismos.
Siguen adelante
Como ya se ha afirmado, es un proyecto sin intermediación, los recursos son captados por parte del Banco de Alimentos de la Arquidiócesis, se le gira un anticipo a los restaurantes basado en el número que van a producir y una vez hace la entrega se les paga el saldo.
Karen Loewy y Mercedes Rizo mantienen el monitoreo constante, pero aparte de esto todo está documentado y registrado. Se trata de un “gana gana” para todos, una “Caja mágica” que ayuda a pagar todo, hasta los impuestos, ellas lo ven como una buena fórmula que por poco dinero está preservando empleos, negocios y solventando las necesidades de quiénes no tienen nada.
Por su parte, Mercedes Rizo indica que esto no es más que una ‘economía de retorno’, toda vez que llegan recursos a muchas personas, que de la misma manera se restituyen en la economía local y se fortalece la cadena. Además se resaltan las alianzas como la que se hizo con la Fundación Bahía, donde se garantiza alimentación por la labor que incluye limpieza ambiental y de los cuerpos de agua; de esta manera se envían diariamente 250 raciones de comida a Punta Arena y la comunidad voluntariamente se vinculó con 98 familias. “Es este caso no sólo se entrega ayuda humanitaria, sino que se recibe un beneficio para la comunidad, que permite estar preparados para el turismo”, indica Karen Loewy.
Los aportes
La mecánica para la recepción de aportes ha contado con la empresa privada, que es a la que se le hace un acercamiento por parte de estas dos voceras del proyecto; luego siguen campañas como la Red de Solidaridad con la colaboración de la Arquidiócesis de Cartagena, a la que igualmente se sumó Credibanco abriendo un botón de pago, permitiendo la ayuda de personas naturales que más adelante recibirán beneficios tributarios.
“Hasta ahora los recaudos se pueden dividir en 50% corporativos y 50% particulares, con donaciones que van desde 4 mil pesos hasta sumas mayores, y con todo esto se ha logrado cubrir más de 40 mil raciones de comida”, indica con mucha satisfacción Mercedes Rizo.
En cuanto a los sectores beneficiados, se indica que una vez el piloto se inició con la Arquidiócesis, la ayuda se enfocó a comedores que estaban muy necesitados y a medida que llegaban solicitudes se han atendido nuevos sectores con el direccionamiento de Fundaciones. De otra parte, también se ha acudido al llamado de comunidades que atienden personas en condición de calle y necesitan urgentemente alimentación, como es el caso de Getsemaní.



