Revista viernes


Hipoterapia, el poder rehabilitador de los caballos

HEIDI LLANES

25 de octubre de 2013 09:05 AM

Existen modelos terapéuticos con resultados acertados en el manejo de terapias asistidas con animales, en este caso, el caballo, por medio de las cuales se logran una serie de estímulos que ayudan al paciente a fortalecer la parte motora, el equilibrio, postura e incluyendo la estimulación de aspectos como el lenguaje.

La hipoterapia sigue un patrón terapéutico y debe ser ejecutada por un fisioterapeuta con entrenamiento especial, advierte la doctora María Luisa Torres, coordinadora científica de Fundación Grupo Integra, desde donde lidera procesos asistenciales, manejo y atención de pacientes con trastornos cognoscitivos y del aprendizaje.

Estas terapias son totalmente programadas y se diferencian de la equinoterapia, porque esta última está indicada en personas que saben conducir el caballo y se puede aplicar a pacientes que participan en eventos de equitación.

BENEFICIOS
La hipoterapia, un recurso terapéutico de creciente desarrollo, está indicado para tratar a pacientes con trastornos generalizados del desarrollo o trastornos del espectro autista.

Estos niños tienen afectada su dimensión social, al tiempo que tienen una sobre modulación sensorial, es decir, que los estímulos que reciben del medio, les llegan de una manera tal, que les altera y no pueden procesarlos igual que una persona sin este tipo de dificultad.

Al estar sobre el lomo del caballo, estos pequeños pacientes aprenden a abrazarlo, a tolerar el contacto con el pelo del animal, porque durante la terapia el caballo no lleva silla, sino una alfombra que deja sentir el calor corporal del equino. Entonces empiezan a manejar socio afectividad, a seguir instrucciones y todo tipo de ganancia de habilidades para que dentro de su patología puedan procesar de manera adecuada la información que les llega y los estímulos del medio.

Los caballos, pese a ser cuadrúpedos, tienen una forma de andar muy similar a la de los humanos, de allí que al estar sobre ellos, los movimientos ejecutados brindan información propioceptiva, que va directamente a los grupos musculares y articulaciones, permitiendo una reeducación de patrones en marcha, a nivel cerebral y nervioso.

La doctora Torres indica que la escogencia del caballo depende de la patología del paciente, no todos sirven para este proceso. El famoso mito del Centauro, que fusiona hombre y caballo, tiene validez en este tratamiento para los pacientes que no pueden caminar, pues estando sobre él, sienten la sensación de movimiento como si se tratara de sus propias piernas.

AVANCES EN LA TERAPIA

Pese a la abundancia de terapias alternativas, existe un inconveniente y es la incredulidad de algunos profesionales sobre este tipo de tratamientos, pero el resultado basado en la evidencia, es el que la sugiere y la sostiene.


Los avances en los niños tratados, son evidentes, pues el proceso se inicia con una evaluación que parte de observar la reacción del niño en su acercamiento con el animal, al poco tiempo su confianza es mayor, logrando empatía e interacción. Esos logros son los que le dan el aval al tratamiento.

Cada caso es único en cuanto a nivel de habilidades y funcionalidad, por eso resulta apresurado indicar el número de sesiones que dará el resultado esperado, indica la doctora Torres, aunque si precisa que el tratamiento debe ser diario.

Los caballos cumplen una programación, por lo que no siempre será el mismo animal para la terapia con un determinado paciente. Hay rotación de caballos y los mismos requieren de ejercicios diarios, como descanso.

De haber una lesión durante la rutina con el paciente, el caballo debe ser reemplazado inmediatamente, toda vez que de la salud de este animal, depende el éxito de la terapia, todos cuentan con esquema de vacunación y supervisión permanente con el veterinario.

En cuanto al terapeuta, éste sí puede ser el mismo, a menos que se tenga otra disposición, pues todos los terapeutas deben conocer las características clínicas del paciente.

Las evaluaciones se hacen cada dos meses teniendo en cuenta los objetivos terapéuticos, es decir, una vez cumplido un propósito, se cambia. Dos veces al año se hacen revaloraciones, analizando el estado del niño para establecer qué ganancias y habilidades ha adquirido.
 

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