Revista viernes


Verónica Zumalacárregui sigue saboreando el mundo

“Me voy a comer el mundo” es toda una aventura de la mano de la periodista española Verónica Zumalacárregui, quien puso a prueba todo su ingenio en época de pandemia

HEIDI LLANES

10 de septiembre de 2020 09:24 AM

Está claro que las pasiones de la periodista española Verónica Zumalacárregui están en los viajes y la gastronomía de los lugares que visita, y luego de unirlas, encontró el trabajo perfecto que suma todo ese impulso millennial y lo pone a disposición de los espectadores de su programa.

“Me voy a comer el mundo”, así, de esa forma literal resulta cada episodio, donde Verónica hace un recorrido que disfruta al máximo y muestra ese lado familiar de cada comida, la que se disfruta en casa, aunque también llega hasta los sitios representativos de la ciudad escogida, aquellos que generalmente llevan algo de historia a cuestas.

Llegó 2020 y muchos programas estaban por aparecer desde sus destinos programados, sin embargo la agenda y el pasaporte de su protagonista hicieron un alto porque una pandemia le hizo ‘competencia’ en el rápido recorrido por el mundo y eso que tanto le gusta, debió posponerse.

Con la inquietud profesional que caracteriza a Verónica, el confinamiento no fue obstáculo para realizar su trabajo, porque si bien en España la cuarentena se mantuvo por tres meses, ella lo vivió realmente un mes, toda vez que a partir de allí se reunió con el equipo y empezaron a trabajar en un especial Covid.

Mientras estuvo en casa, su nevera se mantuvo prácticamente igual a una temporada normal, con menos cervezas porque durante el confinamiento casi no tomó alcohol, eso lo disfruta en grupo con amigos en el plan de compartir ‘cañas’. Tenía muchas frutas y verduras, probióticos y reconoce que algo de chocolate.

Un programa y muchos proyectos

Ese tiempo de receso fue aprovechado para descansar, algo que en muchos años no programaba por los constantes viajes que realiza alrededor del mundo en la realización de cada programa. Ese espacio fue aprovechado en la práctica de yoga, armar rompecabezas y cocinar, aunque confiesa que no puso mucho en práctica lo aprendido en su programa, pues se dedicó a preparar recetas tradicionales españolas y ante todo a hacer muchos postres siguiendo una línea con pocas calorías y como la mayoría no salieron tan apetecibles como esperaba, se dio por vencida.

Verónica ama la cocina y en medio de este confinamiento pudo ver como mucha gente optó por refugiarse en la preparación de platos como una manera de evadir la realidad tan cruda que estaba en la calle, fue una vía de escape, que se aprovechó y se sigue aprovechando para hacer con mimo y parsimonia los platos que más se disfrutan.

En este sentido también advierte que se recurrió a la repostería como una forma de premiar la constancia de permanecer ‘castigados’ en casa y sin poder salir, entonces ese sabor dulce fue un consuelo ante esa situación triste y de otra parte, el amor por el dulce siempre ha existido y actualmente la tendencia hacia lo sano ha llevado a otras alternativas de lo que es el azúcar.

En medio del confinamiento, los televidentes del Canal Gourmet pudieron ver a Verónica Zumalacárregui en una situación muy particular. Con guantes y tapabocas, la periodista recorrió la Gran Vía madrileña y se enlazó con personas en otros países, un formato que adaptó a su programa de forma novedosa y del cual se siente orgullosa, toda vez que fue realizado de modo muy rápido por tratarse de algo que iba a hacer una sola vez en la vida. Confiesa que sintió algo de emoción en medio de la tristeza que le produjo ver a su ciudad, Madrid, en medio de esa posición.

Contra todo pronóstico, se ha seguido grabando “Me voy a comer el mundo”, el primer programa que se hizo tras el Covid-19, fue en el mes de julio en Estonia y actualmente concede esta entrevista desde Praga, capital de la República Checa, donde se graba otro capítulo. Son países en donde la pandemia no ha afectado, la gente no está confinada, tampoco va con mascarillas por la calle y esto les ha permitido hacer el trabajo con toda normalidad, obviamente después de pasar por controles que verifiquen que ningún miembro del equipo esté contagiado.

Verónica se considera una afortunada en el sentido de que siendo su trabajo un viaje permanente, ha podido realizarlo a poco tiempo de la emergencia, de otra parte es una buena oportunidad para seguir brindando entretenimiento e ilusión a quienes siguen confinados en casa y que de alguna manera se acerquen a otras culturas mientras el mundo vuelve a abrir.

Los cambios inevitables

Esta madrileña advierte que particularmente en su país, son muy de compartir tapas y raciones, lo que hace que el grupo de comensales en una mesa pique del mismo plato. La pandemia hará que todo cambie sutilmente, quizá volviendo a la mayoría más cuidadosos y que esa costumbre varíe, pues en lugar de seguir comiendo de esa manera tan sencilla, todos opten por llevar de la fuente a su propio plato, como es costumbre en otros países.

“Me voy a comer el mundo” hace un recorrido por mercados, restaurantes y las viviendas de los anfitriones; Verónica Zumalacárregui participa de todo el ritual que se crea en torno a un plato y en Asia se le ha visto probar platos exóticos, precisamente esos a los que en principio se les atribuyó el origen de la pandemia, ante esto advierte que ve con mucha lejanía el retorno a ese continente con todo el dolor de su corazón, porque las veces que les ha visitado, ha logrado conectar muy bien.

Su máxima siempre ha sido ‘a dónde fueres, haz lo que vieres’ y quizá a partir de ahora sea más cautelosa en los mercados callejeros, sin embargo aclara que tampoco va a cambiar la dinámica de sus viajes y la parte gastronómica de los mismos, porque se trata del sello del programa y lo que le hace auténtico.

Verónica tuvo la oportunidad de visitar Colombia, un viaje que describe como ‘fenomenal’, comió muy bien, sueña con volver a disfrutar un ajiaco, no lo ha vuelto a comer y cree que fue lo que más le gustó; también pudo conocer y compartir en la cocina de la chef Leo Espinosa, quien le abrió el apetito para conocer más del país, pues sólo estuvo en Bogotá, quiere regresar a un recorrido por los cafetales y las costas.