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Giorgio Araújo, el empresario en su salsa

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Me dice antes de empezar, que no quiere hablar de Comexa, la reconocida compañía de salsas picantes que fundó. Le interesa hablar de Cartagena y de lo “jodida” que está.
Es más, me sugiere el título de la nota. Considera que la debo llamar “Cartagena coherente, la base del desarrollo”. Así se me muestra Giorgio Araújo.
Acordamos que trataríamos ese tema, pero que era necesario hablar de Comexa, de su familia, de sus adorables hijas y de él mismo. A lo que fácilmente aceptó.
Sus padres fueron dos cartageneros vinculados a la parte social desde muy jóvenes. Su padre fue el fundador del Hospital Universitario del Valle y de la Fundación Valle del Lili, las dos instituciones de salud más importantes del Valle del Cauca.
Debido al trabajo de su papá, nació en Cali y vivió sus primeros 18 años allá. Estudió en Cartagena un año en la Escuela Naval y luego viajó a Estados Unidos a estudiar Administración de empresas y asuntos marinos.
Regresó a Cartagena en 1985 a trabajar en la finca de su familia y en una camaronera que gerenciaba José Vicente Mogollón.
“Ha sido el único jefe que he tenido. Con él aprendí a hacer empresas, a exportar y, sobre todo, aprendí a motivar a la gente, a tratar las personas con un respeto y un carisma bárbaro, a hacer sentir a la gente importante”, dice. 
Ahí permaneció cinco años. Para ese momento decidió también vender la finca y tenía la firme idea de montar su propia empresa. Conoció a Carolina, su esposa, cuyo padre trabajaba exportando ají picante para Tabasco de Estados. De modo que fue la familia de ella, quien lo ayudó a incursionar en el negocio y le dio el espacio para poner su primer horno de secado.
Empezó haciendo ají en polvo y luego tomate en polvo. La empresa Nestlé  Colombia le dio la oportunidad de hacer pescado en polvo. Más adelante, con Nestlé Guatemala, hizo camarones en polvo.
Así  fue creciendo el negocio que se constituyó en 1992. Tiempo después, ensayando una maquilla que le había hecho José Otoya, hicieron la primera salsa picante, la salsa verde Amazon. Con la ayuda de una amiga que lideró todo el proceso, la pasaron por unos molinos y el sabor fue exquisito.
Con ese mismo accidente hicieron, luego, la salsa roja.
En esa época, Giorgio tenía una feria muy importante y se presentó con sus nuevas salsas y unas degustaciones de ají en vinagre, que encantaron a los asistentes.
Regalaban las botellitas de salsa en Navidad a los bancos; y así fueron abriéndose poco a poco al mercado.
“Yo quería una marca que la reconocieran aquí y también mundialmente, algo que sonara como Amazonas. De ahí se nos ocurrió Amazon. Mi esposa dijo: ‘pongamos un loro’ y Mauricio Zúñiga pintó la guacamaya”.
La guacamaya ha sufrido varias transformaciones, en cuanto a colores, pero la esencia de lo que imaginaron sigue ahí. Ya son casi 20 años los que lleva la marca Amazon, compañía que pasó a ser de la firma Colombina.
Accidente laboral 
Dice que durante todo el proceso de creación de la empresa fueron muchas las circunstancias difíciles que le tocó afrontar, pero más aún las “diosidencias”, que le salvaron, incluso, la vida.
“Me pasaron los chascos del mundo. Fueron muchísimos, pero quizá mi memoria es selectiva y sólo se acuerda de lo positivo. Entonces, los chascos trato de borrarlos”, expresa.
Asegura que quien diga que hizo su empresa sin inconvenientes, es un mentiroso.
“La empresa está hecha a punto de chascos y de momentos difíciles, de accidentes de trabajo”.
Lo dice en especial por lo que le ocurrió: era la primera vez que utilizaba los hornos de secado y no le encendían. De modo que decidió prender los quemadores manualmente.  
“Me pegué una quemada. Me he podido quedar ciego. Un mechero de media pulgada de grande y yo traté de prenderlo con un palo encendido. Quedé con un peeling, por fortuna fue superficial, me quedé sin cejas, sin pelos. Me quedaron sólo marcadas las ojeras”, cuenta.
Se siente bendecido de que varias empresas importantes del mundo les abrieran las puertas y le dieran la oportunidad de fabricarles sus productos.     
“Nos volvimos unos grandes maquinadores en Estados Unidos, en Europa y en Medio Oriente. De ensayo y error fuimos haciendo empresa”.
Es de los que piensan que para hacer empresa se necesita juntar varios factores. Su esposa y suegra, fueron fundamentales.
Define a su esposa Carolina como un ser sobrenatural. Es el centro del hogar, la mujer que se encargó de todo, que entregó su vida a sus dos hijas.
Cartagena coherente
Esta entrevista intenté hacerla unas dos veces. La primera vez me dirigí a un edificio de la ciudad con unas normas de seguridad exageradas.
Después de identificarme y tomarme una foto a la entrada, porque era la primera vez que ingresaba a ese lugar, recibí una tarjeta que abría todas las partes.
No quisiera volver a ese lugar. No sé cómo, pero logré llegar hasta su oficina. Para mi desdicha, él no estaba. Tuvo una calamidad familiar, se disculpó y quedamos que en 15 días que cerrara unos negocios volveríamos a encontrarnos.
Esperé los 15 días y lo volví a llamar. Esta vez, dijo que mejor no hiciéramos la entrevista. Tenía sus razones. Me llamó un festivo y me dijo que había cambiado de parecer, pero que necesitaba hablar de la situación en la que está Cartagena, aprovechando las próximas elecciones a alcalde.
“Ahora mismo yo no es que no quiera hablar de Comexa, que me parece muy chévere, pero lo que más me interesa hablar es de Cartagena y de Colombia. Necesitamos un país y una ciudad más coherente”.
Afirma que  Cartagena es la empresa de todos.  Y que está indignado por la forma cómo amañan las elecciones. Sugiere como candidato a la Alcaldía a un administrador de empresas, que conozca la ciudad.
“¿Cómo es posible escuchar que la familia tal sea la dueña de la ciudad? La ciudad tiene que ser de los cartageneros para los cartageneros”, expresa en tono enérgico.
Lo indigna que todavía se roben la plata para la educación, que tengamos las mismas carreteras de hace 40 años, que en Colombia no haya plantas de tratamiento de aguas hervidas, que las aguas que se vierten a los ríos y mares no sean transparente.
“Ahora mismo mi obsesión es tener una Cartagena limpia, parques, vías, andenes grandes homogéneos, donde podamos caminar uno al lado del otro, que tengamos los cables enterrados”.
Se cuestiona, además, de que en el corregimiento de Tierrabomba no haya acueducto, ferry, ni desarrollo; que Bayunca no sea un polo de desarrollo industrial importante.
Recientemente, una de las preocupaciones que más lo aquejan es la falta de políticas de viviendas. Se refiere a la invasión de 120 hectáreas de una loma de Cemento Argos, en el barrio Albornoz.
La contaminación de la Ciénaga de la Virgen y la invasión que persiste en el corregimiento de La Boquilla. Además de lo fea que se ve la ciudad con el cableado eléctrico, en especial, el de las empresas telefónicas.  
“Una de las grandes mentiras del diablo es que somos pobres. Lo que somos es bandidos, porque la pobreza no existe. Lo que sí existe es la honestidad, la participación. Si tenemos gente así, existen países desarrollados”, expresa.
Piensa que creer en un ser superior es una buena forma de empezar a construir la paz. Creció en un colegio jesuita, de la compañía de Jesús: “Y Jesús ha sido, en una frase, ayudar al otro”.
Su familia siempre estuvo vinculada a la parte humana, de hecho pudo haber heredado esa sensibilidad social.
Su tío Rodolfo Martínez Tono fue fundador del Sena. Esa fue su tesis de grado. Su otro tío, Alfredo Araújo, fue ministro y candidato a la Presidencia de Colombia.
“Creo que llevo en la sangre el estar preocupado por la ciudad, pero es que como decía Manuel Carvajal: ‘ninguna empresa sana puede sobrevivir en un entorno enfermo’. Necesitamos una ciudad que sea sana”, dice.
Y es que para él no tiene ningún sentido que todo por lo que ha trabajado no lo disfruten sus hijas y sus futuras generaciones. Según él, al paso que va Colombia no habrá empresas propias.   
Para finalizar, me dice que lo más importante en su vida es su familia. Su esposa Carolina; sus hijas, Paulina y Elisa; y su suegra Clara.
“Pienso que la mejor herencia que he podido dejar a mi familia es la buena fama. La plata va y viene, pero la buena fama, que la gente sea buena, permanece por siempre”, concluye.

Giorgio y su hija Elisa. Maruja Parra /El Universal/
Giorgio y su hija Elisa. Maruja Parra /El Universal/
Giorgio Araújo cuenta su larga y exitosa experiencia de creador de empresas en Cartagena.
Giorgio Araújo cuenta su larga y exitosa experiencia de creador de empresas en Cartagena.
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