Cartagena


En Cartagena, 10 mil mujeres tienen dificultades para atender su menstruación

El Dane reveló que 10.147 mujeres en Cartagena tienen dificultades económicas para comprar los productos necesarios para atender su periodo menstrual. ¿Qué se hace para subsanar esto?

La más reciente Encuesta de Pulso Social del Dane mostró una realidad de la poco se habla: las dificultades económicas que tienen algunas mujeres para acceder a productos que les permitan atender su periodo menstrual.

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En el caso de Colombia, de 4.505.461 mujeres encuestadas, 545.680 (12,1%) manifestaron tener dificultades económicas, mientras que en el caso de Cartagena, de 164.067 encuestadas, se trata de 10.147 mujeres (6,2%) que tienen este tipo de problemas. Estas mujeres tienen entre 10 y 54 años.

Y si bien se trata de un porcentaje relativamente pequeño en comparación al total que aseguró poder acceder a estos productos sin problemas, no es despreciable que sigan existiendo barreras para un grupo de mujeres que igualmente necesitan atender su periodo menstrual.

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Este derecho incluso ha sido protegido por la Corte Constitucional, que relacionó el Manejo de la Higiene Menstrual (MHM) con la dignidad humana en la Sentencia T-398 de 2019, que sentó un precedente al respecto al amparar los derechos de una habitante de la calle con relación a su necesidad de productos para atender su menstruación.

“La Sala Novena de Revisión recabó que la dignidad humana está estrechamente ligada con el derecho de las mujeres a la gestión menstrual y tiene una relación estricta con unas condiciones materiales mínimas de existencia y a una vida libre de humillaciones”, dice el fallo de la Corte.

10.147
mujeres en Cartagena tienen dificultades económicas para comprar productos que les permitan atender su período menstrual.

Unicef define el Manejo de la Higiene Menstrual de la siguiente manera: “El MHM significa que mujeres, niñas y adolescentes usan un material limpio para manejar su higiene durante la menstruación, pueden cambiarlo en privacidad, con la frecuencia necesaria, acceden y usan agua y jabón para el lavado del cuerpo como sea necesario, y tienen acceso a instalaciones seguras y convenientes para deshacerse de la basura de manera discreta y digna. Adicionalmente, entienden los hechos básicos relacionados con el ciclo menstrual y cómo manejarlo con dignidad y sin incomodidad, miedo o vergüenza”.

De hecho, la Encuesta de Pulso Social también preguntó a las mujeres si tuvieron dificultades para acceder a un baño cercano, privado y limpio para cambiar sus implementos de higiene para atender su periodo menstrual. De 133.025 mujeres, 1.686 (1,3%) respondieron que sí, por lo que también hay falencias en este sentido.

En la encuesta también se constata que el producto más usado entre las cartageneras es la toalla higiénica, pues un total de 112.857 mujeres (95,8%) afirmaron usarla. Le sigue la copa menstrual, con 26.854 mujeres (22,8%); el tampón, con 23.505 mujeres (19,9%); y la ropa interior absorbente, con 3.399 mujeres (2,9%).

Después viene un grupo de 656 mujeres (0,6%) que afirmaron no usar ningún elemento y otro grupo de 621 mujeres que aseguraron usar telas, trapos, ropa vieja, calcetines, papel higiénico, papel o servilletas.

¿Qué se hace?

El Universal consultó al Departamento Administrativo Distrital de Salud (Dadis) sobre el tema, a lo que respondieron que desde la entidad no se realiza ningún tipo de acción para garantizar el acceso a estos productos, toda vez que dentro de los lineamientos ministeriales no hay un componente que permita realizar esto.

Lo que se hace en torno a la salud menstrual desde el Dadis tiene que ver con educación a la comunidad y las charlas en instituciones educativas sobre los cambios que se producen en la adolescencia.

Aún así, desde varios sectores aseguraron que es pertinente tomar medidas en ese sentido. El ginecólogo Orlando Bustillo afirmó que el no poder acceder a estos productos puede tener consecuencias en el autoestima y en la confianza que tiene en sí misma la mujer con respecto a su periodo, por el temor a mancharse o a sentirse incómoda en sitios diferentes a su hogar.

“Lo ideal es que todas las mujeres tengan la posibilidad de acceder a estos productos, pero sobre todo que tengan una orientación de cómo usarlos”, expresó.

Así mismo, dijo que deben ampliarse las posibilidades para que las mujeres que no cuentan con los recursos puedan acceder a los elementos que requieran, ya sea a través del Estado, su EPS o a un precio que realmente sea asequible para ellas y que les permita atender su periodo menstrual sin inconvenientes.

Por otro lado, Leidy Laura Perneth, secretaria técnica de la Mesa del Movimiento Social de Mujeres, afirmó que la higiene menstrual debe tratarse como un asunto de salud pública. “Lo que vemos es que se considera un tema de menor importancia porque la menstruación es algo que les pasa a unos sujetos particulares, no a todo el mundo. Solo le pasa a los cuerpos de las mujeres”, manifestó.

Añadió que los cuerpos de las mujeres suponen unos gastos adicionales que no tienen los hombres, y por ello se ha relegado el asunto a lo íntimo y como algo que deben resolver solas. “La menstruación se desplaza a un ámbito de la intimidad, asignándonos de manera absoluta una responsabilidad que implica dinero. Desde esta perspectiva hay un tratamiento a la menstruación como algo que debe ser tratado por fuera de los asuntos económicos, que no debe ser incorporado como asunto de política pública”, manifestó.

Esta realidad pone en desventaja a aquellas mujeres que viven en condiciones precarias y que no cuentan con los recursos para poder acceder a estos productos, en la medida en que no son garantizados por el Estado.

“Esto es complejo en una ciudad como Cartagena donde muchas mujeres están precarizadas y viven del trabajo informal, con mínimos vitales gravemente afectados por la pandemia. Esta es una necesidad que tenemos mes a mes y que va a existir en nuestra vida hasta que dejemos de menstruar”, aseguró Perneth.

Y es que más allá de comprar los productos necesarios también está el componente de la higiene menstrual, que tiene que ver el acceso al agua y a espacios donde se pueda cambiar el producto con la frecuencia necesaria.

“Muchas mujeres tienen dificultades en sus colegios, donde no hay acceso al agua, cuando tienen la menstruación, porque el asunto de cambiarte una toalla implica también que lo puedas hacer sin tener que exponerte a violencias sexuales, donde tu cuerpo se pueda sentir seguro”, enfatizó. Allí también deben tenerse en cuenta a aquellas mujeres con trabajos informales y a las habitantes de la calle, que pueden tener dificultades para cambiar su producto.

1.686
mujeres manifestaron haber tenido dificultades para acceder a un baño cercano, privado y limpio para cambiar sus elementos de higiene y atender su período menstrual.

Por último, Perneth reiteró que este asunto es una necesidad básica de las mujeres y que deben pensarse medidas con perspectiva de género, comenzando por darle una importancia al tema desde la salud menstrual.

“Ya esto no puede ser algo que resuelves en tu baño o en tu cuarto si lo tienes, se debe hablar de esto y decir que es un asunto al que hay que destinarle recursos para que las mujeres empobrecidas puedan atenderlo”, dijo.

De esta manera, mientras se combate la desigualdad, aseguró que es importante garantizar que las mujeres que se encuentran en estas condiciones puedan gestionar su menstruación sin barreras económicas que puedan vulnerar su dignidad.

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