Con una eucaristía solemne, presidida por monseñor Jorge Enrique Jiménez, arzobispo de Cartagena, y la bendición del nuevo altar, la comunidad católica de Torices celebra hoy los 80 de su parroquia.
La fundación de la parroquia tuvo lugar luego de que la autoridad eclesiástica de ese entonces, presidida por el arzobispo Pedro Adán Brioschi permitió que los Carmelitas se establecieran en Cartagena el 4 de noviembre de 1931.
Su lugar asignado dentro de la arquidiócesis fue la zona de El Cabrero como administradores de la capilla de Las Mercedes, hoy iglesia del Cabrero. Para los efectos pastorales se les cedió un terreno que era administrado por la parroquia de Santo Toribio y que cobijaba los caserío de La Boquilla y Crespo.
El 7 de agosto de 1938 los Carmelitas se trasladan a vivir a Torices, en una vieja casita junto a la capilla construida de tablas y latas.
La vieja casa es ahora el Colegio de las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento y el templo es actualmente una bella construcción que reemplazó la vetusta capilla destruida por un vendaval.
LA PRIMERA PIEDRA
La primera piedra del templo se puso el 19 de marzo de 1934 y fue terminado 9 años más tarde.
Su diseño se le confió al ingeniero del municipio, Pedro Malabet, y dirigida en parte por el oficial en construcción Leoncio Vega. Pero las modificaciones de ornato, los trazados de las torres y muchos otros detalles son obra del Hermano Antonio del Niño Jesús, Carmelita Descalzo.
El padre Luis Antonio Purroy del Sagrado Corazón de Jesús es uno de los frailes antiguos que más se le recuerda hoy.
Fue el fundador y párroco de esta iglesia en 1938 hasta 1954 y luego de 1960 al 1968 cuando muere el 30 de mayo.
Le entregó el resto de sus años a esta parroquia lo que previno su desaparición, pues los Carmelitas, años atrás, quisieron regresarse a la misión de Urabá, de donde vinieron.
Fue este religioso, con su devoción y tenacidad quien dio la puntada final para que esta obra de Dios perviviera hoy, haciendo bien en el barrio de Torices.
Muy recordado, obviamente por personas ya mayores, quienes le guardan aún mucho amor y graitud.
Las generaciones nuevas también llevan en su corazón a esta parroquia que les abre los brazos en señal de acogida y amor evangélicos.
San José hoy día ha de ser más que una construcción, que un templo con una historia, debe ser fermento de paz y convivencia entre los moradores de este particular sector de Cartagena.
Los trabajos pastorales que se han llevado a cabo aquí a lo largo de estos ochenta años han impactado a la comunidad llevando la misericordia de Dios en medicinas, alimentos y acompañamiento en el dolor a enfermos, ancianos, niños y familias, en situaciones donde el corazón de las personas reclama una mano amiga. Como en muchísimos casos, innumerables casos en todo el mundo, la Iglesia sale a su encuentro.
