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Cartagena

Gracias a Pedro Romero Los Calamares tiene mar

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Ahora le tocó al barrio Los Calamares. Pero también a un vecino suyo: a la urbanización Camagüey.
El colectivo de artistas “Pedro Romero vive aquí” se tomó las espaldas de Camagüey y pintó otro mural extenso, tal como lo ha venido haciendo en diferentes partes de Cartagena, Bolívar y la Región Caribe.
Pintando murales, organizando conciertos musicales, haciendo recitales literarios y otras ocurrencias, el colectivo busca enseñar que el espacio público es de todos, no solo de los automóviles y de los comerciantes.
Así lo hicieron en la desaparecida plazoleta de las Empresas Públicas, cuando ya las cocineras veían su espacio moribundo. Hasta allá llegó el colectivo con el grupo argentino “Libertando” y precipitó una lluvia de violines y percusiones, mientras los transeúntes saboreaban los últimos almuerzos que humearían en esas mesas y manteles mosqueados por la dinámica del rebusque.
Así lo hicieron con los niños de la Institución Educativa Jorge Artel, de la Vía Perimetral, a la cual llegaron con la cantante lírica Aura Elena Gutiérrez, quien les enseñó a cantar en coro “Cartagena somos todos”.

En Los Calamares
Ahora lo hicieron en Los Calamares. El colectivo nació en 2010 con la idea de apropiarse del espacio público mediante todas las manifestaciones del arte, pero con el deseo explícito e implícito de que los ciudadanos (especialmente, los niños) aprendan que esa instancia les/nos/me pertenece.
John Narváez, el realizador audiovisual cartagenero, nativo de Los Calamares, cuenta que llevaba 30 años viendo la paredilla de Camagüey, como si la urbanización quisiera darle la espalda a ese barrio de calles ruidosas y topografía dispareja.
De manera que a finales de este año el colectivo comenzó a conversar con los habitantes de Camagüey, quienes, a su vez, se mostraron complacidos ante la iniciativa de los pintores y dibujantes.
Estos, en consecuencia, convocaron a un grupo de niños a la calle que está en las espaldas de Camagüey, la misma calle donde tres décadas atrás John Narváez y sus compañeros de barrio correteaban de un lado a otro, diversión que se esfumó en cuanto llegó la pavimentación.
Entonces, hubo que acostar varios policías de concreto y de colores, para que su majestad el automóvil no pretendiera robarse nuevamente otro espacio público que debía seguir sirviendo a los niños.
La calle de las espaldas no tenía nombre. Pero desde el pasado primero de diciembre, cuando el colectivo convocó a los niños  para leerles cuentos, en primera instancia; pero después, para ponerlos a pintar los relatos en pequeñas hojas blancas, empezó a llamarse “La calle de los colores”.
Esos mismos dibujos fueron reproducidos, a gran escala, por los artistas en la pared de Camagüey. Y, poco a poco, la pared se fue llenando de peces, olas, estrellas, soles,  arenas, gaviotas y rostros del gran Caribe, como para que otro John Narváez infante no volviera a recibir la mañana encontrándose con una pared muda e indiferente, una espalda fría e impersonal, como si el resto de los seres humanos no mereciera el calor de una mirada detrás del humo del café.
Ahora se llama “La calle de los colores”, aunque de alguna boca peatonal salió la frase superlativa que calificó a la pared como “El mar de Los Calamares”. Y es eso precisamente lo que busca el colectivo, que la gente participe y se apropie de lo que le es propio.

Iniciativas culturales
“Y más cuando las autoridades poco apoyan las iniciativas culturales, ni nada que pretenda fortificar la espiritualidad del ciudadano. Desde que salimos a la calle, por primera vez, a inventar en las paredes el rostro de Pedro Romero, todo se ha conseguido con nuestro propio riesgo y persistencia”, dicen los artistas rodando sus pinceles sobre los cien metros de pared que se apropiaron y llenaron de vida.
En momentos en que se está hablando del final del mundo y de la evolución del mundo, afirman los artistas que solo se habla, pero poco se hace para que ambas cosas se den. Ellos sí propenden por una evolución y una destrucción, una destrucción de todo lo que deshereda y deshermana a los seres humanos.
Por eso organizan, durante todo el año, el “Festival salalacalle”, arte en el espacio público, que se realiza  siempre que se puede y con los pocos recursos que se tengan y con la voluntad de la gente común y pese a la indiferencia de quienes tienen poder para poder mutilar el espacio público y no permitir que los demás se esparzan sin tener que pagar un precio o un desprecio.
“Cambiar el mundo es como salir de casa y ver el arte en un lugar, que podría ser una simple pared”. Eso dicen los artistas. Eso dice el colectivo. Eso presienten los niños de Los Calamares. 

El extenso mural fue pintado en la pared trasera de la Urbanización Camagüey. RUBÉN ÁLVAREZ
El extenso mural fue pintado en la pared trasera de la Urbanización Camagüey. RUBÉN ÁLVAREZ
Los bosquejos para el mural fueron creados por los niños de Los Calamares, que luego de escuchar historias pintaron olas, peces, estrellas y soles. RUBÉN ÁLVAREZ
Los bosquejos para el mural fueron creados por los niños de Los Calamares, que luego de escuchar historias pintaron olas, peces, estrellas y soles. RUBÉN ÁLVAREZ
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