Dentro de la suspicaz sonrisa de Freddy Daniel Marimón se esconde una loca pasión por abrazar el mundo y conquistarlo todo. Él es un niño de 9 años que no nació con el chip del fracaso, que a todo le ve el lado positivo y que cuando le cuestionan acerca de su situación de discapacidad dice: “hago cosas que otros no pueden hacer”.
Es que parece que tuviera un maestro interno que le empujara a ver la vida siempre del lado bueno, por todo se ríe, “por sí o por no”. Su actitud atrae la sonrisa de quienes lo vemos.
El pequeño estudia en la Institución Educativa Clemente Zabala de Flor del Campo y Q’hubo lo visitó. Estuvimos en su clase de educación física donde vimos que le da sopa y seco a más de uno con el dominio de su patineta, la cual, entre otras cosas, le permite desplazarse al interior de su plantel educativo y de su casa también.
Entra a las 6:40 a. m. a clases. Usualmente es el primero en desear que llegue la clase de matemáticas, pues es un amante acérrimo de la materia.
“Estamos entrando a aprender de la división ya, y yo veo que es muy fácil”, cuenta Freddy, a quien le va excelente en las otras asignaturas como castellano, inglés, sociales y religión, las cuales son pan comido para él. “También me gusta artística, hago unos paisajes bacanos”, declara.
Ilsy Blanco Alcázar, la madre, define a Freddy como un niño inagotable. No hay nada a lo que se le pueda arrugar, al contrario, cualquier reto para él se convierte en un desafío que al final de su esfuerzo alcanza.
Sin embargo, para ella como madre cabeza de familia, quien además tiene otros dos hijos, no ha sido fácil sacarlo adelante. “Ellos estudian por la mañana. En ese espacio, yo arreglo uñas, cabello. Con lo que recibo pago servicios públicos, queda lo necesario para alimentarnos”, describe la mujer que en otro tiempo se dedicó a la labor de camarera en hoteles, pero la dejó para dedicarse de lleno al pequeño Freddy.
SU PLACER POR NADARFreddy carece de sus dos piernas y de un brazo, y como buen ‘hombrecito’ de grandes desafíos, su deporte predilecto es la natación, a ese le dedica más de las horas posibles. Cada miércoles, cuando asiste a su entrenamiento, experimenta un apego al agua de las piscinas que le impide salirse de ella. “Lo que más me gusta de la natación es el agua”, dice.
Es muy disciplinado al desarrollar el deporte, es por eso que ha sido seleccionado para representar a Cartagena en las competencias de Fides (Fundación para la Investigación y el Desarrollo de la Educación Especial) en Pereira.
LO MÁS DIFÍCIL: TRANSPORTARSELa madre de Freddy Daniel lo transporta tres días a la semana hacia su entrenamiento en la Villa Olímpica y a sus terapias en Fides en La Castellana. Lo hace con él en brazos, camina varios metros para tomar una buseta cerca a su vivienda en Villas de Aranjuez, al bajarse lo carga hasta el complejo acuático, justo allí, la mujer reposa. Martes, miércoles y jueves realiza la misma actividad. Sin dudar, en sus ojos evidencia que lo hace con un profundo amor, pero denota un cansancio físico enorme.
“Tengo temor de que deje de sonreír”, con esa frase Ilse, intenta explicar que Freddy es un niño muy feliz a pesar de las batallas que afrontan como familia cada día, y ella quiere seguir trabajando para que Freddy continúe siendo un modelo de vida, con el poder de Dios en su brazo derecho.


