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Cartagena

El Centro Histórico de Cartagena no puede ser una 'zona de tolerancia'

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(Vea aquí nuestro especial completo sobre el Centro Histórico)

Residentes y hoteles del centro histórico padecen todas las noches el flagelo del ruido, de la contaminación auditiva generada por discotecas, clubes sociales y prostíbulos. Todos encubiertos bajo diferentes figuras comerciales: bar, restaurante, hostal. Incluso algunos en su razón social son “fundación sin ánimo de lucro”. Estos infractores ponen en riesgo el patrimonio histórico, violan el código de policía, la ley de medio ambiente, e incluso el mismo POT. Todos por encima de los decibeles permitidos, perturbando la noche y la supervivencia de nuestro patrimonio colectivo.

Esta “rumba irresponsable” no solo afecta el patrimonio histórico, la salud de residentes y visitantes, además genera otras actividades delictivas como el microtráfico, la trata de personas, las riñas, las lesiones personales y el hurto que degeneran, además, en el irrespeto a la autoridad. Incluso, por cuenta de esas actividades ya se produjo un homicidio.

La policía: defendiendo a los ciudadanos

“Contamos con mucha suerte por tener una presencia invaluable de la policía en el centro histórico”, afirma una residente del sector. La policía del centro y diferentes grupos de la sociedad civil se organizaron para colaborar y atacar el primero de los problemas: el ruido. “Pasamos las noches despiertos, a veces hasta las 6:00am, luchando para que estos establecimientos nos dejen dormir. Nos sentimos como si viviéramos en la zona de tolerancia de la ciudad y no en su centro histórico, declarado patrimonio de la humanidad. Afortunadamente la policía nos apoya”, continúa la residente.

La Policía del Centro tiene una estrategia para hacer cumplir el Código de Policía y Convivencia Ciudadana: primero educación y luego sanción. Cuando recibe la queja de los vecinos, se acerca al establecimiento y hace una pedagogía explicando el código al infractor. Muchos no hacen caso y siguen todas las noches con el volumen a niveles que perturban el vecindario, es ahí cuando la policía aplica las sanciones establecidas en el código, que van desde cierres temporales de 5 días a 3 meses, hasta cierres permanentes, y que tienen multas también.

Inspecciones de Policía, ¿un gran obstáculo? 

“Es increíble que para abrir un negocio con ´todas las de la ley´ los trámites demoran días, pero cuando se trata de levantar o perdonar a un infractor que tiene afectados a vecinos y visitantes, sorpresivamente el trámite demora por mucho un día. Esa eficiencia quisiéramos verla funcionando para proteger a los ciudadanos y a nuestra ciudad amurallada, y no para ir en contra. Estamos desarmados ante las actuaciones de algunos funcionarios públicos. La ciudad pide a gritos poner fin a estos comportamientos”, según un comerciante del sector.  

Los residentes se han quejado porque los cierres que realiza la policía a los establecimientos comerciales productores de ruido nocivo, son levantados por los inspectores de policía. Este fue el caso del Hostal República, cerrado por ruido con una sanción de 5 días, levantada y reducida por el inspector a 3. Además, los inspectores reducen las mismas multas que se establecen en los comparendos de cierre. Así sucedió con El Sitio, que luego de que durante 3 meses seguidos, los vecinos reportaran el alto volumen del ruido, fue cerrado por encontrarse funcionando sin ninguno de los papeles exigidos por la ley (Cámara de comercio, Dadis, bomberos, Sayco-Acinpro). El establecimiento logró reunir todos los papeles en 1 día y no solo el cierre fue levantado, sino que, además, el inspector perdonó el 50% de la multa.

Otro caso fue el de Donde Fidel, cuyo cierre impuesto fue también de 5 días y el inspector lo levantó y redujo a 3. “Sentimos mucha desesperanza, no entendemos por qué hay autoridades que defienden a los infractores y no a los ciudadanos y a nuestro patrimonio cultural. Tengo un hijo de 6 años y está muy afectado por el ruido que causa los fines de semana una discoteca vecina. El corralito de piedra es patrimonio de todos los cartageneros, no es una gran zona de tolerancia, acá no toleramos actividades que lo dañen, ni tampoco que dañen a nuestros niños, a nuestras familias”, declara un residente del sector.

El Universal consultó con un abogado especialista en derecho administrativo quien nos aclaró: “Las Inspecciones de Policía están adscritas a la Secretaría del Interior, cumplen la función de ejecutar las normas de convivencia ciudadana y seguridad, que son competencia de esta Secretaría. La acción de todas las entidades gubernamentales es indispensable para apoyar la actividad de la Policía, sin ellas esta labor queda incompleta”.

El Patrimonio histórico en riesgo

El otro perdedor por este tipo de actividades es el patrimonio histórico, cuyo deterioro se evidencia con el turismo sexual, el microtráfico y la apropiación indebida del espacio público que crecen a la vista de todos. Para proteger el patrimonio algunas voces plantean la creación de una zona de tolerancia afuera del centro histórico. “De acuerdo con el BID, las actividades de alto impacto acaban con los centros históricos, así que al permitir este tipo de actividades nos arriesgamos a perder nuestro patrimonio. Estas actividades expulsan a los residentes y al “turismo responsable y respetuoso”. Se debe crear una zona de tolerancia por fuera del centro histórico, como la zona roja en Ámsterdam, y como lo hacen en las otras islas del Caribe para proteger su patrimonio”, declara el propietario de un hotel ubicado en la zona amurallada.

“Las ciudades antiguas son frágiles, delicadas, para conservarlas debemos promover actividades de bajo impacto. El corralito de piedra es nuestro patrimonio colectivo. Por eso no puede ser acaparado por actividades de “altísima tolerancia”, estas no pueden existir en la ciudad amurallada. El centro histórico debe estar abierto al disfrute colectivo, a las familias, a los niños, para que ellos puedan descubrir, conocer, aprender y admirar el legado que nos dejaron nuestros antepasados. Para que aprendan a respetarlo y a cuidarlo. ¿Qué familia quiere vivir al lado de una discoteca o de un prostíbulo? ¿Qué turista quiere dormir en un Centro donde impera el ruido y el turismo sexual? ¿Qué familia quiere llevar a sus hijos a un paseo en coche por la mayor vitrina de prostitutas de Colombia? Ninguna”, concluye el hotelero.

Archivo.
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