Cartagena en los últimos años ha vivido un fenómeno social que afecta a diversos barrios de zonas vulnerables y que pone en riesgo la integridad de vecinos inocentes. Se trata de las peleas callejeras entre dos grupos rivales que parecen incrementarse en épocas de lluvias.
Para la muestra, el aguacero que cayó el jueves en muchos sectores de las tres localidades y que estuvo acompañado de riñas entre jóvenes que sin importar las consecuencias se tiraron piedras y se armaron con cuchillos, machetes, palos y demás armas.
Lo peor de todo es que no solo se agredieron entre ellos mismos sino que afectaron las viviendas alrededor, dañando ventanas, puertas y rompiendo techos.
Entre las comunidades que ayer lanzaron su voz de rechazo por estos hechos se encuentran Olaya Herrera y Las Palmeras, donde las piedras iban y venían.
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Bajo anonimato por razones de seguridad, habitantes de la calle Las Flores en el sector Ricaurte, indicaron que jóvenes de otros sectores se citan en esa calle para pelear y generar destrozos.
“Siempre que llueve es lo mismo, se ponen a pelear, ese problema tiene años. Parece que el agua los pone más locos, es algo que ha pasado de generación en generación y ahora uno ve hasta niños de 12 y 13 años en esas andanzas, hasta mujeres hay peleando. Lo peor es que uno no puede hacer ni decir nada porque se gana un lío con ellos, nos parten los techos y los vidrios. No sabemos qué más hacer, la Policía llega y los espanta pero de nada sirve porque al rato siguen peleando. Vivimos en una zozobra permanente. A veces no quisiéramos que lloviera porque sabemos que enseguida habrá pelea”, señaló una moradora de la calle afectada.
“Ayer (jueves) hubo disparos, imagínese, fácilmente pueden matar a alguna persona inocente. Es un tema muy preocupante y delicado”, añadió otro residente.
Otro punto tomado como zona de combate es el puente vehicular del barrio Las Palmeras, que divide a los sectores A y E.
Allí, a pocos pasos del caño Matute, arriban jóvenes supuestamente de sectores aledaños como El Porvenir y Fredonia, y desatan el caos. Así lo hicieron el jueves bajo el aguacero.
Los vecinos, además de encerrarse deben buscar refugio dentro de sus propias casas para no resultar heridos, con la incertidumbre de saber si les partirán sus puertas y ventanas.
“No sabemos y no entendemos por qué se ponen a pelear aquí. Ellos se llaman y se chiflan y cuando los rivales llegan empieza la tiradera de piedras. Las casas cercanas obviamente se afectan y no es justo que los vecinos queden en la mitad de algo en lo que no tienen nada que ver”, afirmó Dilson Correa, presidente de la Junta de Acción Comunal del sector E de Las Palmeras.
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De igual forma, la gestora social de este barrio, Cielo Sánchez, expresó que: “Eso ha sido un problema de todo el tiempo cuando llegan las lluvias. Al hogar infantil le tienen destruido todo el techo, también han afectado el centro cultural. Pasan los años y llegan nuevas generaciones a pelear, y cada vez son más pequeños, ahora uno ve jovencitos que no tienen los 15 años armados hasta los dientes”.
De barrios como Nelson Mandela, otros sectores de Olaya, San Francisco, La Esperanza, Faldas de La Popa, Bicentenario, entre otros, también se han reportado peleas en medio de las lluvias.
Las comunidades piden a la Policía mayores controles y acatar los llamados de forma más rápida para dispersar las riñas que tantos perjuicios causan.
Sobre este y otros problemas de inseguridad y desorden social que se vive en la ciudad, el secretario del Interior del Distrito, David Múnera, manifestó que se determinará un modelo de seguridad a implementar durante la pandemia, teniendo en cuenta que a causa del COVID-19 una parte del personal de la Policía está en cuarentena y otros están infectados por el virus, lo que ha reducido el número de uniformados en las calles.
“Hoy, con cerca de 2.200 uniformados en las calles se torna difícil tener un policía en cada cuadra, ya que hay más de 200 barrios y más de un millón de habitantes”, señaló el funcionario.
