Con espíritu sosegado y la tranquilidad legada tras tantos años de lucha por enaltecer la memoria de su padre Jesús María Villalobos Luna, hoy su hijo mayor Jesús María Villalobos Osorio, ya sin los sobresaltos del pasado rememora 10 años, este jueves 16 de mayo, de la despedida de su padre de este mundo.
En 2014, a los 77 años de edad, fue ese día aciago de la partida de ‘El Perro’, como popularmente todos los conocían en la Costa Caribe y Colombia, o el ‘Rey del Chance’, como también le decían a este comerciante y empresario de los juegos de suerte y azar. Lea: La industria del juego de suerte y azar se reúne en Cartagena
En los anaqueles de la Fiscalía Seccional de Cartagena sigue morando el expediente sobre el homicidio de Villalobos Luna, pero hoy además de esa expectativa aún latente en espera de los resultados de la investigación judicial, su hijo Villalobos Osorio se mueve hace rato en los vericuetos de la institucionalidad, con la firme pretensión de lograr que históricamente el 16 de mayo, fecha en que fue apagada la vida de ‘El Perro’, sea oficializado como el Día Nacional del Chancero, pues tal como describe su hijo, “mi papá fue un líder innato, que en su punto culmen como empresario del chance en Bolívar y la Costa, llegó a generar de 4.700 a 5.000 empleos, y por eso quiero ese reconocimiento para su memoria”.

En el numeroso gremio de los juegos tradicionales de suerte y azar, míticamente ha hecho carrera la máxima frase de que ‘El chancero es un vendedor de ilusiones’, y efectivamente Jesús Villalobos Luna siempre lo fue, haciendo valer además un eslogan propio de los primeros años de su vocación de comerciante: “Todo lo que vende ‘El Perro’ es bueno”. Lea: “Jesús Villalobos, mi padre, ya le pagó a sus acreedores”
DE CHANCERO A EMPRESARIO
Este extinto comerciante y empresario no sabía leer ni escribir, apenas firmaba los documentos personales y los propios de su actividad poniendo la huella de su dedo como respaldo de sus decisiones; pero con el manejo de los números sí fue siempre muy sagaz y visionario.
Su hijo relata que en el mundo de los negocios su padre empezó muy joven como vendedor ambulante en la vieja Cartagena; vendía ajo, tomate, cebolla, cigarrillo y otras variedades, y su epicentro era el antiguo y desaparecido Mercado Público de Getsemaní, en la calle del Arsenal. Lea: Empezó facturación POS electrónica: grandes contribuyentes, los primeros
En cualquier acera concurrida de la Cartagena señorial, ‘El Perro’ se instalaba transitoriamente, junto a colegas ambulantes, a vender sus productos, en una acción que en la Costa se le llama ‘hacer el plante’.
Pronto encontró panorama para saltar al mundo de las apuestas y empezó a explorarlo rifando una especie de tiquetes rotulados con dos cifras, desde el 00 hasta el número 99, y su iniciativa fue ganando muchos adeptos, hasta consolidarse como pionero del chance en Cartagena y Bolívar.
A él, como a los demás chanceros de la época, los persiguió mucho tiempo la Policía, porque inicialmente el chance era un negocio ilegal, hasta que finalmente fue reglamentado, y por supuesto ‘El Perro’ le apostó a esa formalización en la legalidad hasta el día de su partida. Lea: Fuerte golpe al chance ilegal en Cartagena: capturan a padre, madre e hijo
Ese compendio anecdótico en esta nota, resume lo que fue el popular comerciante Jesús Villalobos Luna como pionero del chance en toda esta región, por demás fue uno de los impulsores de la Federación Colombiana de Empresarios de Juegos de Azar (Feceazar), “creada para que se respetaran las plazas entre los distintos competidores de chance”, explica su hijo, y además fue el ‘El Perro’ el fundador y propietario de la reconocida empresa de chance Inverapuestas, una de las más emblemáticas de su género en Bolívar durante muchos lustros.

