Franchesca alza la mirada. Está a punto de interpretar a una de esas grandes lideresas que aportaron tanto al mundo. Está en una actividad y espera que le hagan una pregunta, no para responderla como ella misma, sino para hacerlo como lo haría esa mujer que inspira su camino. Se le nota nerviosa, pero también segura: sueña con ser grande y dejar huellas. En la primera fila, sus compañeras la observan con orgullo. Ellas también tienen grandes sueños y los están construyendo juntas.
Es sábado por la mañana. Las niñas están presentes en una nueva sesión de Boske Violeta, un programa de liderazgo guiado por Global Shapers Cartagena. Emocionada por descubrir qué harán ese día, Yerismar, otra de las niñas, mira a su alrededor. Inquieta, como suele ser, y reconocida por ser una de las más divertidas y espontáneas del grupo, no disimula sus ganas de que la segunda actividad comience.
La dinámica ahora cambia. Esta vez no deben representar a nadie más, es momento de hablar en nombre propio, de nombrar sus sueños y atreverse a decirlos en voz alta.
La primera en participar es Dulce. Ella se pone de pie, toma aire y, con una mezcla de timidez y determinación, se describe como una niña de grandes aspiraciones, apasionada, creativa y con liderazgo.
Dulce tiene 16 años, vive en Pasacaballos y cursa grado 11 en la Institución Educativa Técnica de Pasacaballos. La define su amor por el aprendizaje, su facilidad para conectar con otras personas y su valentía para hablar en público. Le puede interesar: Boske Violeta: el programa que impulsa el liderazgo en niñas de Cartagena
Dulce continúa hablando y con un poco más de valor dice: “Me motiva todo lo que me hace sentir viva y me impulsa a crear impacto: aprender cosas nuevas, liderar proyectos que conecten con mi comunidad, hablar sobre ideas que me apasionan y, por supuesto, ¡hablar en público! Boske Violeta me ha enseñado a combinar mi creatividad, mi interés por la tecnología y mi amor por las artes para generar soluciones innovadoras y sostenibles. Me motiva saber que puedo inspirar a otros a ser valientes, a soñar en grande y a actuar con propósito. Me encanta ser parte de un movimiento que empodera a chicas como yo a ser líderes, a crear con pasión y a cambiar el juego".

Ahora, más segura que al inicio, Dulce, con firmeza, comparte sus sueños: “Quiero estudiar Negocios Internacionales para aplicar todo lo que he aprendido en Boske Violeta sobre liderazgo, tecnología y emprendimiento, y crear soluciones que conecten culturas, promuevan el desarrollo sostenible y generen oportunidades para mi comunidad y más allá. Aspiro a ser una líder que inspire a otros a pensar en grande, a crear con pasión y a actuar sin miedo. Quiero ser una emprendedora que genere impacto social, transformando mi ciudad y llevando el sello de Cartagena a mercados globales con innovación y sostenibilidad”.
Ahora es el turno de Taliana, aunque ella prefiere que la llamen Tali. Se define como una fuerza imparable, consciente de sus raíces y del rumbo que quiere seguir. Más allá de los proyectos, se considera una arquitecta de posibilidades, guiada por la convicción de que “el que no vive para servir, no sirve para vivir”. Su carisma la impulsa a explorar sin miedo; su fe es su ancla, y encuentra su mayor satisfacción en hacer felices a los demás, incluso si eso implica renunciar a algo propio.

“Soy una exploradora de historias, una creadora de conexiones. Aunque disfruto mi espacio, mi energía está puesta en construir una vida donde la aventura, el aprendizaje constante y el servicio sean inseparables. ¡Me encanta vivir a plenitud, coleccionando experiencias y cruzando fronteras! Quiero ver el mundo, absorber esas diferencias culturales y traerme conmigo el cuento completo de cada nuevo lugar” expresó Tali en su intervención.
Y agregó: “Para mí, Boske Violeta no fue una casualidad sino una oración escuchada, en ambientes no tan agradables de momentos anteriores le pedí a Dios que me ayudara a entrar en inicios de 2025 a un grupo, algún deporte, o algo que me haga salir de mi zona de confort y me ayude a difundir y expandir mis conocimientos y mis ideas, conectar con más personas y vivir nuevas experiencias, siempre agradeceré ese espacio que me hace ver que las juventudes son más grandes de lo que muchos estiman, que las amistades nacen donde menos creemos, y que lo que creemos normal porque se supone que todos debemos pensar así, es una habilidad que nos hace únicos y especiales”.
A ese punto de la actividad, las chicas ya estaban emocionadas. Algunas se mostraban más nerviosas que otras, mientras que varias repasaban en silencio lo que querían decir. Poco a poco, el ambiente se volvió más cercano y la confianza comenzó a sentirse en el salón.
Angélica, líder del proyecto, tomó la palabra para felicitar a quienes ya habían pasado al frente. Después, invitó a continuar a Franchesca, la misma niña que había participado en la primera actividad.
Franchesca, de 17 años, tiene una personalidad particular, en el mejor sentido de la palabra. Aunque a primera vista parece tímida, es profundamente inteligente y observa con atención todo lo que ocurre a su alrededor. Durante su intervención, hizo referencia a su niñez.

“Desde pequeña aprendí que los sueños no siempre venían acompañados de caminos fáciles. Crecí en Cartagena en una familia que me enseñó a valorar el esfuerzo, incluso cuando las condiciones no eran las mejores. Hubo épocas en las que caminaba largas distancias para llegar al colegio. Era parte de mi rutina, pero nunca fue una excusa para rendirme, al contrario se convirtió en una prueba silenciosa de que quería algo más para mi vida. Estudié en un colegio católico, donde empecé a descubrir dos cosas puntuales que hoy define quién soy. Mi amor por el liderazgo y mi interés por el ámbito social y político”, manifestó Franchesca.
Mientras hablaba, contó algo que muchas de las chicas ya sabían, pero que quizás no habían reconocido como una verdadera cualidad. A Franchesca le gusta escribir y, en sesiones anteriores, ya le había leído al grupo algunos de sus poemas.
“La escritura apareció como un refugio y también como una herramienta. Encontré en la poesía un espacio donde podía ser libre, vulnerable y fuerte al mismo tiempo”, dijo.
Y añadió: “Escribo desde lo que siento y desde lo que observo. Y quizás por eso es el lugar donde soy más disciplinada. Hoy tengo dos libros, pequeños fragmentos de mi historia y de mi y de mi manera de mirar el mundo. Adaptarme a las condiciones económicas de mi familia ha sido parte del proceso, pero no ha detenido mis sueños”.
En su intervención, Franchesca también confesó que una experiencia marcó su propósito de vida: al conocer la historia de una persona que envejeció sin oportunidades ni condiciones dignas, comprendió que a muchos no les faltó talento, sino posibilidades. Desde entonces decidió que, si tenía la oportunidad de avanzar, también tenía la responsabilidad de abrir camino para otros.
Finalmente, el turno fue para Yerismar, de 15 años. Ella creció en Bayunca, un corregimiento de Cartagena marcado por la desigualdad y las limitadas oportunidades para las mujeres. Crecer en ese contexto la enfrentó desde temprano a desafíos económicos, culturales y sociales, pero lejos de detenerla, esas barreras se convirtieron en su impulso para avanzar.
Convencida de que el conocimiento es una forma de resistencia, se ha formado con disciplina y liderazgo, asumiendo el rol de representante estudiantil en su institución. Su identidad como afro le ha dado una conciencia profunda sobre la desigualdad y el deseo firme de transformarla. Además, ha cultivado un amor especial por el arte, la lectura, el teatro y la música, espacios donde ha fortalecido su voz, empatía y carácter.

“Me motiva no quedarme quieta frente a la desigualdad que veo todos los días. Me mueve la necesidad de cambiar la historia que se repite en muchos territorios como el mío, donde a las niñas se les enseña a soñar poco. Encontré en la educación una forma de resistir y en la ciencia una posibilidad real de transformar. Así llegué a Boske: buscando un espacio que creyera en las niñas, en las mujeres y en nuestro potencial en las áreas STEAM”, expresó Yerismar emocionada.
Dulce, Taliana, Franchesca y Yerismar no fueron las únicas en compartir sus historias y formarse en liderazgo. Más de 20 niñas tuvieron la oportunidad de participar en uno de los programas insignia de Global Shapers Cartagena.
Boske Violeta: el programa que fortalece los sueños de niñas líderes en Cartagena
Durante seis meses, Boske Violeta funcionó como una incubadora de innovación, empoderamiento y liderazgo. Angélica, miembro de Global Shapers Cartagena y líder del proyecto, manifestó que formar liderazgos no es solo enseñar herramientas, sino sembrar condiciones. “Sembrar espacios seguros, sembrar confianza, sembrar redes de apoyo. Eso fue lo que hicimos durante estos meses: sembrar una semilla para que, con el tiempo, crezcan bosques seguros, donde las niñas puedan pensar, crear y expresarse sin miedo”, dijo.
Este sábado, 21 de febrero, es la clausura de Boske Violeta. Durante el programa, las niñas fortalecieron el reconocimiento de sus habilidades e intereses, ganando mayor seguridad para expresar sus ideas y tomar decisiones.
También aprendieron a mirar su entorno con sentido crítico y empatía, identificando problemáticas reales de sus comunidades y entendiendo que los desafíos locales hacen parte de retos sociales más amplios. A lo largo del proceso transformaron sus inquietudes en propuestas concretas, apoyándose en la creatividad, el pensamiento analítico y el trabajo en equipo.
Esta versión del proyecto dejó como reflexión que los liderazgos juveniles no se imponen ni se aceleran, se construyen cuando existen espacios seguros, redes de apoyo reales y procesos que confían en la capacidad de las niñas para pensar, crear y transformar su entorno con responsabilidad y visión de futuro.
