En su paso por el mundo, Jesucristo fue un maestro. Sus parábolas, centradas principalmente en el amor al prójimo y en hacer el bien, llegaron a millones de personas y, hasta hoy, continúan replicándose en todo el mundo.
No como Jesús, porque fue único, pero sí con el ímpetu de imitarlo, la maestra Ana Jurado cumple, al igual que la Institución Educativa Jesús Maestro, Sueños y Oportunidades, 25 años transformando, a través de la enseñanza, la vida de cientos de niños y jóvenes del barrio Nelson Mandela, en Cartagena.
Más que una escuela, sus aulas se han convertido prácticamente en su vida. Para Jurado, docente de Educación Religiosa, Ética y Lectura Crítica, el colegio representa un espacio donde ha aprendido y enseñado el valor del servicio y del amor a los semejantes.
“Para mí el colegio significa algo muy especial porque aquí aprendí lo que es amar al prójimo y dar lo mejor de cada uno de nosotros para entregarse a este proceso de formación con nuestros estudiantes, llevándoles esperanza, alegría, confianza y ese deseo de superarse y cumplir los sueños que ellos quieren en la vida”, expresó.
Jesús Maestro, una institución que ha formado generaciones en Cartagena
Médicos, ingenieros, arquitectos y docentes que hoy sirven al país han pasado por las aulas del colegio Jesús Maestro, Sueños y Oportunidades, ubicado en el sector Las Vegas.
Actualmente, la institución atiende a 1.270 estudiantes en dos jornadas y cuenta con 22 aulas, desde transición hasta grado 11. El plantel celebra 25 años de una historia que comenzó con las Misioneras del Divino Maestro. Le gustaría leer: Emanuel Tapias, el niño artista de Cartagena que convirtió su barrio en una historia premiada
Después de más de dos décadas de servicio, la meta sigue siendo clara para el rector de la institución, José Alberto Quintero: que el colegio sea un refugio para sus estudiantes.
“Que los niños sean felices aquí, que esto sea un espacio seguro donde ellos puedan sentirse cuidados, queridos, respetados y protegidos”, afirmó.
Muchos de estos niños y jóvenes han vivido de cerca las consecuencias de la violencia, junto a sus padres o familiares, quienes llegaron desplazados a este sector de Cartagena en busca de un futuro mejor y huyendo del conflicto armado, la escasez y la incertidumbre.
25 años dejando huellas de cambio en Cartagena
Recorrer los pasillos y aulas del colegio, mientras de fondo se escuchan las carcajadas y el bullicio de cientos de niños y jóvenes que comparten un chiste o un mecato durante el recreo, es una inyección de energía.
Con el paso de los años, muchas generaciones han encontrado allí, como lo dice el nombre de la institución, sueños y oportunidades para construir un futuro mejor para ellos y sus familias.
No es un cuento. Eso lo ha visto con sus propios ojos Zoila Vizcaíno del Río, quien se ha desempeñado como bibliotecaria del colegio durante más de 19 años.
“Muchos estudiantes tienen problemas en sus casas, pero las Misioneras del Divino Maestro trataron todos esos casos y ayudaron bastante con las visitas domiciliarias que realizaban. Además, los padres de familia vienen y hacen reuniones, lo cual ayuda a que los alumnos vayan transformando su mente y su forma de ser. Gracias a Dios, han salido muy buenos profesionales”, contó.
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Una historia que comenzó en el año 2000
Jesús Maestro, Sueños y Oportunidades nació de la necesidad que observaron las hermanas Misioneras del Divino Maestro al identificar las condiciones de vulnerabilidad que enfrentaba el sector.
Lo que comenzó como un sueño en el año 2000 buscaba impactar a más de 35.000 habitantes del barrio Nelson Mandela en áreas como educación, salud y saneamiento.
La iniciativa cobró vida gracias a una alianza entre entidades públicas, privadas e internacionales, entre ellas la Fundación Mario Santo Domingo, la Fundación Friedrich Ebert de Colombia (FESCOL), la Presidencia de la República, la Alcaldía de Cartagena, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), el Ministerio de Educación Nacional, el Ministerio de Cultura, la Red de Solidaridad Social y UNICEF.
El 2 de abril de 2001 comenzaron formalmente las clases en la institución, dando inicio a una historia fundamentada en el Evangelio, la inclusión y la dignidad humana, con el respaldo de los padres de familia, quienes aún conservan un profundo sentido de pertenencia por el colegio.
“Actualmente, ese espíritu de ayuda sigue vivo: nos estamos uniendo como comunidad para realizar campañas y actividades económicas con el fin de apoyar a las hermanas fundadoras en la reconstrucción de uno de sus colegios que resultó destruido por el terremoto”, agregó el rector.
Para celebrar la trayectoria del plantel y de quienes han hecho posible su crecimiento durante estos 25 años, la comunidad educativa prepara una celebración y una Eucaristía para el próximo 2 de octubre, que será presidida por el arzobispo de la Arquidiócesis de Cartagena, monseñor Francisco Javier Múnera Correa.
