Si hay un barrio que represente a Cartagena, después de Getsemaní, sin duda es Olaya Herrera. Esta comunidad se ubica en el suroriente de la ciudad, entre la Avenida Pedro Romero y la Ciénaga de la Virgen.
Su formación data desde 1940, cuando decenas de familias poblaron la zona rodeada de vegetación, en especial de manglares, buscando un lugar cercano a cuerpos de agua que los abasteciera de peces y crustáceos para comer y vender.
Eran víctimas del desplazamiento forzado a causa de la violencia, hijos de la pobreza y marginados que construyeron casas y calles prácticamente sobre la ciénaga. Su nombre es un homenaje al expresidente boyacense Enrique Olaya Herrera y, en general, es poca la documentación que existe sobre los inicios de esta barriada.

Fue creciendo hasta convertirse en el barrio más grande de La Heroica, teniendo en cuenta su número de pobladores y extensión de tierra; sin embargo, así como crecía iban surgiendo problemáticas socio-económicas que padece hasta la actualidad, la principal es la violencia.
En el 2022 hubo 39 homicidios en Olaya Herrera, en 2023 fueron 43 y en lo que va del 2024 ya son nueve los asesinatos. En los últimos años esta comunidad se ubicó en el primer lugar de los barrios más violentos del Corralito de Piedra.

Como la flor de loto
Aunque la violencia, la pobreza, la falta de oportunidades, el evidente abandono del Estado y los problemas de salubridad siguen encadenando a los olayeros, ellos no paran ni un sólo día de luchar por sus sueños y los de sus familias. De esta zona han salido grandes deportistas, artistas y profesionales en distintas áreas. Sólo por mencionar a algunos tenemos al grandes ligas Julio Teherán; ABC Dancers, el grupo de baile de artistas internacionales; Mr Black, destacado cantante de champeta; Alonso Pomares, reconocido médico internista; y el campeón mundial de boxeo Rocky Valdez. Lea: Yoel Matute, el bailarín de Olaya que recorre el mundo junto a J Balvin

La pujanza de su gente se siente en los logros que muchos obtienen en su día a día. Desde la madre cabeza de hogar que logró darle educación a sus cinco hijos, hasta el vendedor de pescados que por fin construyó su vivienda. Ellos olvidan la dificultad y se convierten en los más valientes por sus sueños, sus familias, por su barrio y su ciudad.

Eso fue lo que hizo el docente Gustavo Cáceres Guzmán, quien luego de lograr ser el docente más joven de Colombia, prometió que trabajaría arduamente para regalarle un colegio al sector Playa Blanca y lo logró. Lo llamó Institución Educativa Promesa de Dios y beneficia a más de 150 niños.
Las batallas son constantes y llenas de amor. Tal es el caso de Vicente Julio Teherán, más conocido como ‘Witate’, quien desde hace 10 años lidera un núcleo de iniciación y formación deportiva con el propósito de arrebatarle niños y adolescentes a las drogas y la delincuencia.

Trabajan con “las uñas”, no le tienen miedo al fracaso y mucho menos a la exclusión, porque toda la vida han tenido que luchar por sus derechos. De esa premisa nació el programa ‘Así Pazó Olaya’, un colectivo de comunicaciones creado y elaborado por cuatro jóvenes del sector Stella y que tiene como fin informar sobre hechos importantes de Olaya, además de destacar personajes, eventos y actividades.

Lo mismo ocurre con la Corporación Ruleli, del sector Central, que en 2023 ganó la beca Nuestro Barrio del Ministerio de Cultura, con una obra sobre su comunidad. Y es que en Olaya hasta cultivan flores comestibles que luego son exportadas a Estados Unidos, esto de la mano de los llamados patios productivos de la fundación Granitos de Paz, porque nada les queda grande. Lea: Ruleli, la corporación que promueve el arte y la inclusión en Olaya
Rey de la cultura
Si hablamos de cultura, Olaya Herrera es toda una eminencia para la ciudad. En sus calles nacieron las primeras melodías de la champeta, las icónicas voces y autores, los primeros escenarios y los legendarios pases de baile.

Las raíces africanas, mezcladas con los deseos de manifestar lo que sentían y vivían a diario, hicieron surgir música de cada rincón de este barrio. Tambores, guitarras, gaitas y acordeones se apoderaron de su gente y corrió como sangre por las venas.

La champeta ha cambiado vidas, cumplido sueños y dado segundas oportunidades, o si no que lo digan los cantantes Young F o Koffe el Kafetero. Sin duda, hay muchas cosas que destacar de este pedazo de tierra donde muchos a veces sólo tienen 5 mil pesos para comer en el día y que con cada aguacero cientos de familias quedan prácticamente damnificadas.

No se trata de romantizar la realidad porque es claro que los indices de violencia han aumentado, que la delincuencia sigue apoderándose de niños y jóvenes y que, muchas veces, líderes comunitarios han desistido en sus deseos de luchar por los derechos de sus vecinos por falta de respuestas, ayuda y atención.
Este escrito es sobre lo fuerte que es una comunidad ante la adversidad, lo poderoso que es un ser humano que decide decirle no a lo negativo y crece como una flor de loto en los lugares menos pensados, porque su bandera es la valentía, como lo es para toda Cartagena.

