Hace unas semanas, el joven Víctor Padilla denunció haber sido víctima de un caso de discriminación en el hotel Cartagena Plaza. Víctor estaba en un proceso de selección para aspirar a un empleo dentro del hotel, sin embargo, denunció que para poder acceder al trabajo le pidieron cortarse su cabello afro.
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Posteriormente, el hotel pidió excusas al joven e indicó que escogieron para el cargo a la persona que tuvo los mejores resultados en el proceso, asegurando que el código de vestuario que tienen dentro del hotel “no hace ninguna discriminación negativa por raza y aplica en iguales términos para todos los trabajadores”.
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El caso no pasó desapercibido y le dio la vuelta al país por las denuncias de Víctor, quien puso sobre la mesa nuevamente el tema del racismo en Cartagena.
“El reciente caso que le ha ocurrido a Víctor es una muestra de que el racismo persiste en la ciudad, solo que hay unos momentos en que algunos casos adquieren un alcance mediático y se posiciona nuevamente la discusión, luego hay un profundo silencio y el racismo ‘se va’. El racismo no es un asunto de casos individuales y aislados, es un asunto complejo de un conjunto de opresiones que enfrenta un grupo social racializado. No es que le pase a Víctor, sino que le puede pasar a cualquier hombre, mujer o persona no binaria que haga parte de ese grupo social”, anotó Leidy Laura Perneth, secretaria técnica de la Mesa del Movimiento Social de Mujeres.
¿Una ciudad racista?
Edwin Salcedo, activista antidiscriminación y creador del Observatorio Antidiscriminación Racial de Cartagena (ODAR) indicó que Cartagena es una de las ciudades de Colombia donde más casos de discriminación racial se han denunciado en las dos últimas décadas.
“El racismo no puede entenderse como una disfuncionalidad social aislada, en Cartagena está ligado a otros factores como la pobreza, la clase social, el nivel de escolaridad, género, preferencia sexual e incluso el barrio en donde se vive, existe una geografía racializada en la ciudad y eso es innegable. El racismo es un sistema complejo que está normalizado y se practica de forma explícita e inconsciente cotidianamente a través de lo que muchos denominan microracismos”, dijo Salcedo.
En esto coincide con la percepción de Perneth, quien asegura que la ciudad históricamente se ha configurado desde la segregación racial. “Hay un conjunto de antecedentes de barrios que han sido despojados, segregados hacia el sur periférico de la ciudad en nombre de un desarrollo que ha sido racista, que ha dejado sus víctimas y ha agudizado la pobreza. Un ícono de eso ha sido Chambacú”, indicó.
De acuerdo con Perneth, esto da paso a una gentrificación acelerada que también supone un blanqueamiento de los territorios y por ende oprime a estos grupos sociales racializados.
Así se ve el racismo
El activista Edwin Salcedo, asegura que las prácticas racistas están al orden del día en Cartagena. “Por un lado está el racismo sociocultural, como cuando no dejan acceder a una persona a un espacio público o privado por el hecho de ser negra; cuando existen posiciones laborales condicionadas y las empresas de forma subrepticia dan órdenes de contratar solo ‘gente de bien’ y con ‘buena presencia’, queriendo decir de forma eufemística ‘que no sean negros o negras’; cuando tu opinión no es valorada lo suficiente en un entorno predominantemente no afro, o la no aceptación de un jefe o jefa negra por parte de sus subalternos”, explicó.
A estas prácticas se suman la relación de las personas negras a la delincuencia, la prostitución o el servicio doméstico, los chistes relacionados a esta población y la validación de ciertos estereotipos laborales.
En este sentido, Leidy Laura Perneth habla de que el racismo se puede identificar cuando comenzamos a preguntarnos por el sujeto, es decir, a quiénes les ocurre. “El racismo se pretende negar bajo un criterio de neutralidad, de universalidad, que es algo que les ocurre a todos, pero el racismo se pone en evidencia cuando nos damos cuenta de que esto le pasa a sujetos particulares”, afirmó.
Salcedo añadió que otra manifestación del racismo es la hipersexualización y la cosificación de los cuerpos de las personas negras, algo que Perneth también explica desde el contexto de la ciudad.
“El turismo en Cartagena se soporta en una estructura racista, vivimos de un turismo que vende a la persona negra como un objeto para ser consumido de distintos modos. Se ven las imágenes donde se vende a una mujer palenquera en las postales de Cartagena, mujeres negras aparecen en revistas turísticas, volantes de hoteles y restaurantes, pero esas mujeres ocupan una posición de subalternidad, están precarizadas, empobrecidas y son usadas para acumular capital en nombre del turismo, pero ellas no se quedan con las ventajas de esa producción”, aseguró.
Este discurso muestra cómo las personas negras son usadas desde la diferencia para fines comerciales, y cuya estética contrasta con casos como el del joven Víctor Padilla. “En ciertos espacios, esa estética negra representa informalidad, suciedad, pobreza, una estética que tiene que ser intervenida e higienizada para que puedas estar allí. Este es un acto racista porque eso solo lo experimentan las personas negras, esto no le pasa a otras personas”, resalta Perneth, quien agregó que otro acto de racismo en Cartagena se ve en la violencia policial, ejercida principalmente contra jóvenes negros de barrios populares de la ciudad.
Educación sin sesgos
Ambos expertos coinciden en que desde la educación hay posibilidades de vencer al racismo, siempre y cuando esta no tenga sesgos.
“Hablar de combatir el racismo desde la educación no es celebrar la semana de la afrocolombianidad, está lejos de eso porque nada hacemos con un acto de una semana cuando la desigualdad permanece. Cuando hablo del racismo desde la educación es comenzar a hacer una discusión epistemológica de cómo entienden la vida los pueblos afro, indígenas y campesinos; cómo se relacionan con lo humano y lo no humano; cómo entienden la organización social y política del territorio; empezar a quitar la marca de lo negro solo desde la esclavitud y empezar a hablar de una historia desde el cimarronaje, desde la resistencia y la lucha. Ahí comenzamos a hacer unos combates sobre el racismo porque no solo hablamos de esclavitud sino de personas que han resistido, que tuvieron una forma de vida propia y fueron inferiorizadas”, afirmó Perneth. En esto también tienen que ver los currículos escolares, que en su concepto tienden a reproducir representaciones blancas del conocimiento.
Por último, Perneth resaltó que combatir el racismo significa acabar con el privilegio racial. “El racismo persiste porque hay un grupo que ha ocupado tradicionalmente las posiciones de poder económico, político, cultural, educativo, etc., que se resiste a renunciar a su privilegio y responde de esta manera con todas las formas posibles para que este grupo poblacional no ocupe estos lugares”, señaló.
Por este motivo afirma que el racismo empobrece, asesina y permite que las explotaciones sigan vigentes, razones suficientes para que esta discriminación tenga que acabarse y el Estado disponga de todos los recursos para que las personas negras no sigan en esa posición de desigualdad.
En el concepto de Edwin Salcedo, la educación consciente y sin sesgos es un factor clave para el cambio, así como la decisión individual de cada persona de no practicar ninguna de las formas existentes de racismo.
“Parece algo utópico más no imposible. Solo así se puede llegar a un cambio real y efectivo para lograr tener una sociedad más equitativa y justa en lo concerniente a la discriminación racial”, finalizó.
En este sentido aún hay un largo camino que recorrer para erradicar el racismo en Cartagena, en la medida en que este sigue interiorizado en muchas esferas de la sociedad.
