En el siglo XVI, Moctezuma le envió un tesoro a Carlos V, pero el presente nunca llegó a manos del rey: corsarios franceses interceptaron las embarcaciones y terminaron por adueñarse del botín en las aguas del Atlántico.
Este episodio obligó a la corona española a repensar las estrategias para proteger sus mercancías… no podían seguir permitiendo que piratas y corsarios holandeses, franceses e ingleses saquearan los barcos que viajaban desde las Américas.
“A partir de entonces, la Corona reorganizó el comercio y ordenó a los barcos navegar juntos y protegidos por dos naves: la capitana, que navegaba al frente de la escuadra, y la almiranta, que navegaba a retaguardia”, explica Ricardo Borrero, del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), en su artículo ‘El Galeón San José: contextualización histórica, riesgos y alternativas a la extracción del hallazgo arqueológico más significativo en aguas colombianas’.
Así comenzó la travesía de uno de los galeones más famosos de España
En ese contexto nació el Galeón San José. En su último viaje, el 10 de marzo de 1706, partió de España hacia las Américas como nave capitana de la flota de Tierra Firme, comandada por el conde de Casa Alegre y encargada de transportar los ingresos de Nueva Granada y el virreinato de Perú.
La flota llevaba dos años detenida en Cartagena antes del viaje final, por órdenes del rey Felipe V.
La embarcación, que se hundió el 8 de junio de 1708 y yace a unos 600 metros bajo la superficie del mar Caribe, en aguas de Cartagena de Indias, comenzó a construirse a finales de 1967 en el astillero de Mapil, en Guipúzcoa (actual País Vasco) e hizo parte de la última generación de galeones multipropósito del Imperio Español, según explica Borrero, también doctor en Arqueología Náutica de la Universidad de Texas A&M.
A finales del siglo XVII, Holanda, Francia e Inglaterra ya habían especializado sus flotas, construyendo barcos distintos para la guerra, los navíos de línea y para el comercio (como el fluyt holandés). España, en cambio, continuaba con galeones polivalentes que cumplían ambas funciones.
¿Cómo fue la construcción del galeón San José?
El proceso para construir el San José tardó entre dos y tres años: sin duda se trató de una empresa masiva que involucró numerosos gremios. Los arquitectos navales claves fueron Francisco Garrote y Antonio Gastañeta; la construcción estuvo a cargo de Pedro de Aróstegui.
El galeón, custodiado por el Gobierno de Colombia y desde hace años objeto del deseo de cazadores de tesoros, medía 40.1 metros de eslora y estaba armado con 62 cañones. Le recomendamos leer: La posición jurídica de Colombia sobre el Galeón San José
Su diseño resultó de discusiones científicas entre los mayores expertos navales de la corona española, que incluso derivaron en nuevas regulaciones. Tal y como recalca el Ricardo Borrero, representa una evolución y pertenece a la última generación de galeones que incorpora rasgos cercanos a los futuros navíos de línea.

Dado su doble propósito de protector y de comercio, el San José no solo estaba equipado con cañones -como se ha dicho-, sino que, cuando sucumbió en la Batalla de Barú ante escuadras inglesas al mando del comodoro Charles Wager, regresaba a España cargado de una mercancía variada destinada a financiar sus batallas en plena Guerra de Sucesión.
¿De verdad hay un enorme tesoro en el galeón San José?
Muchos hablan de un tesoro con piedras preciosas, lingotes de oro, plata acuñada, pieles, cacao, tabaco, porcelanas chinas del periodo Kangxi, prueba de la primera globalización. Según el maestre de la plata del San Joaquín, llevaba 639.528 pesos y 1 real en tributos oficiales; sin embargo, hay quienes especulan y se atreven a calcular que con el barco se hundieron 17,5 toneladas de metales preciosos. Borrero aclara que esas cifras han sido infladas por la prensa y los buscadores de tesoros. Puede leer: Historias de amor en el Galeón San José y la verdad de por qué se hundió
Y es que para algunos expertos el tesoro del San José no es su tesoro, valga la redundancia. No. Lo es el valor patrimonial: es el hallazgo arqueológico más significativo en aguas colombianas y ello, a juicio de Borrero, debería guiar las decisiones que se tomen al respecto.
Los metales preciosos son apenas una fracción mínima. Lo importante es todo lo que podemos aprender del contexto: lo que comían, vestían o creían quienes viajaban en él”, recalca.
“El Galeón San José y la colección asociada constituyen fuentes inmejorables de información para reconstruir la historia de la primera globalización -sostiene Borrero en el artículo ya citado-, que supuso el intercambio de bienes, seres humanos e ideas entre América, Asia, África y Europa (Wallerstein 2004)”.
Recientemente, el Gobierno nacional anunció la recuperación controlada de algunos elementos (un cañón, dos tazas chinas, tres monedas de oro y sedimentos asociados) como parte de una intervención preliminar.

Expertos: el galeón no debería extraerse por completo
Para Borrero, la alternativa más viable y justa sería seguir investigando a través de métodos no intrusivos y mínimamente intrusivos, pero no su extracción total. La extracción requiere décadas de conservación con polietilenglicol y aun así no garantiza estabilidad a largo plazo.
“Ningún gobierno puede garantizar la conservación a perpetuidad”, recalca en la entrevista y así lo reitera en el artículo: “En el estado actual del desarrollo tecnológico para la investigación en aguas profundas, la excavación total del pecio podría resultar en la pérdida irrevocable de información y, por ende, debe considerarse una acción con daño que atenta contra el legado histórico de las naciones y pueblos vinculados al hallazgo”.

A más de tres siglos de su botadura en los astilleros de Mapil, donde maestros vascos dieron forma a una de las naves más avanzadas de su tiempo, el Galeón San José sigue siendo un prodigio de ingeniería y una cápsula de la historia naval del Imperio español.
Reducirlo a un cofre hundido es, como advierte el experto, repetir el mismo error que lo persigue desde que cayó a 300 metros de profundidad: confundir patrimonio con riqueza.

