Colombia

Las voces del terremoto en Chocó: el clamor de un departamento que pide no ser olvidado

El terremoto golpeó a un territorio marcado por la pobreza y las dificultades de acceso a servicios básicos. Estas son las voces de las víctimas.

Las voces del terremoto en Chocó: el clamor de un departamento que pide no ser olvidado

Chocó, el otro rostro de la tragedia tras el terremoto en Colombia. // Cortesía (Oficina de Acción Contra el Hambre en el Chocó)

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“Acá los chocoanos no vivimos, sobrevivimos”. La frase de María Correa Moreno, una de las víctimas del terremoto, resume en pocas palabras el dolor de un departamento que hoy intenta levantarse entre paredes fracturadas, viviendas destruidas, familias afectadas y una sensación de sentirse lejos de la mirada del país.

Chocó, el otro rostro de la tragedia tras el terremoto en Colombia. // Cortesía (Oficina de Acción Contra el Hambre en el Chocó)
Chocó, el otro rostro de la tragedia tras el terremoto en Colombia. // Cortesía (Oficina de Acción Contra el Hambre en el Chocó)

El terremoto de magnitud 7,4, ocurrido el pasado 10 de agosto, golpeó con fuerza a varios departamentos de Colombia. Según los últimos datos suministrados por el Gobierno nacional, a través de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), la emergencia deja 281 personas fallecidas, 3.824 heridas y 379 desaparecidas.

En Chocó, el terremoto deja un balance de 10.512 familias damnificadas y 5.028 familias afectadas, para un total de 22.134 personas damnificadas y 26.806 afectadas. La emergencia también ha dejado 13 personas fallecidas y 309 heridas, según cifras compartidas por la Oficina de Acción contra el Hambre.

Pero mientras el país mira las imágenes de los edificios derrumbados y las operaciones de rescate, en Chocó hay comunidades que sienten que la tragedia llegó a un territorio que ya estaba herido. En Atrato, Yuto, María Correa Moreno estaba acostada, apenas despertando, cuando el movimiento de la tierra la sacó de la cama. El golpe del terremoto fue tan fuerte que, según cuenta, quedó en shock. Su primer pensamiento fue el miedo más básico y humano frente a una tragedia: “Dios mío, ¿qué es esto? Está temblando, me voy a morir, se nos va a caer la casa, vamos a perder todo”.

En su vivienda, una pared se fracturó y otra quedó en riesgo de caer, pero para María el miedo no terminó cuando dejó de temblar la tierra. Desde entonces, vive con la incertidumbre de no saber si podrá volver a sentirse segura dentro de su propia casa. Su dolor, sin embargo, también está en lo que ha visto alrededor. Ella habla de vecinos que levantaron sus casas con años de trabajo, sacrificios y sueños, y que hoy solo encuentran escombros en el lugar donde alguna vez construyeron un hogar.

Chocó, el otro rostro de la tragedia tras el terremoto en Colombia. // Cortesía (Oficina de Acción Contra el Hambre en el Chocó)
Chocó, el otro rostro de la tragedia tras el terremoto en Colombia. // Cortesía (Oficina de Acción Contra el Hambre en el Chocó)
Chocó, el otro rostro de la tragedia tras el terremoto en Colombia. // Cortesía (Oficina de Acción Contra el Hambre en el Chocó)
Chocó, el otro rostro de la tragedia tras el terremoto en Colombia. // Cortesía (Oficina de Acción Contra el Hambre en el Chocó)

A la tragedia se sumó el silencio de las primeras horas. Las comunidades quedaron incomunicadas, sin señal telefónica y, durante casi 24 horas, sin energía eléctrica. Incluso conseguir agua se convirtió en una dificultad. Mientras muchos intentaban entender la magnitud de lo ocurrido, en Chocó había familias enfrentando el miedo, la oscuridad y la incertidumbre sin siquiera poder comunicarse para pedir ayuda.

Cuando se le pregunta a María qué le diría al país, su respuesta es inmediata: “Que se pongan la mano en el corazón y aporten su granito de arena porque, aunque el Chocó esté olvidado, también somos Colombia. Que aunque para muchos somos un Chocó invisible, acá hay personas, corazones que también sufrimos, lloramos, reímos y sentimos”.

Sus palabras reflejan ese abandono y ese aislamiento histórico del departamento. “Para Colombia, el Gobierno y el mundo, el Chocó ha sido un departamento perdido, un departamento olvidado, un departamento sin ley, sin vigilancia, sin voz”, expresó.

*Martha, otra de las víctimas chocoanas, resume en pocas palabras la dimensión humana de la tragedia: “Hay madres llorando a sus hijos, hay hijos llorando a sus madres. Es devastador”.

Cuenta que ahora duermen en carpas, cuando hace apenas una semana tenían una casa, y asegura que han sido los propios habitantes quienes han tenido que retirar los escombros porque, en su tierra, la ayuda tarda demasiado en llegar.

*Lucía, otra sobreviviente del terremoto, coincide con los dos testimonios anteriores: “Ya estábamos mal, olvidados y en pobreza y ahora lo hemos perdido todo”. Además, recuerda la angustia que sintió al encontrarse en un segundo piso cuando comenzó el movimiento. Aunque ella no sufrió daños personales, sí conoció de personas heridas y muertas.

Chocó, el otro rostro de la tragedia tras el terremoto en Colombia. // Cortesía (Oficina de Acción Contra el Hambre en el Chocó)
Chocó, el otro rostro de la tragedia tras el terremoto en Colombia. // Cortesía (Oficina de Acción Contra el Hambre en el Chocó)

Ayuda en el Chocó tras terremoto

En medio de la tragedia llega una luz de esperanza con Miguel Ángel Correa Martínez, jefe de oficina de Acción contra el Hambre en Chocó, quien asegura que lo ocurrido el 10 de agosto no puede entenderse únicamente como una emergencia provocada por un terremoto. La organización abrió su oficina en el departamento en octubre del año pasado, precisamente porque Chocó ya enfrentaba una combinación de emergencias relacionadas con el conflicto armado y los desastres naturales.

Miguel explica que el territorio tiene una vulnerabilidad profunda. Los actores armados, el desplazamiento, los confinamientos, las economías ilegales y la pobreza se mezclan con las dificultades históricas para acceder a servicios básicos y atención institucional. Por eso, el terremoto cayó sobre comunidades que ya cargaban con años de necesidades y que ahora tienen que cargar también con las consecuencias de la tierra que se movió.

En Chocó, Acción contra el Hambre tiene desplegado un equipo de personas distribuido en diferentes municipios. Han realizado recorridos junto con la Gobernación del Chocó y otras organizaciones, entre ellas la Fundación Granitos de Paz, para identificar necesidades y llevar ayudas a las comunidades. También han acompañado la habilitación de albergues y entregado elementos como colchonetas, sábanas y kits de alojamiento. Pero hay algo más que ha encontrado en medio de la tragedia: solidaridad.

Por eso, hace un llamado a quienes deseen contribuir a comunicarse con la Fundación Granitos de Paz para conocer las necesidades y las formas de apoyar a las familias afectadas.

Chocó, el otro rostro de la tragedia tras el terremoto en Colombia. // Cortesía (Oficina de Acción Contra el Hambre en el Chocó)
Chocó, el otro rostro de la tragedia tras el terremoto en Colombia. // Cortesía (Oficina de Acción Contra el Hambre en el Chocó)

De lo más devastador es que, para muchas familias, el terremoto no destruyó únicamente paredes. Golpeó una vida que ya estaba llena de dificultades. Los chocoanos, y quienes han ayudado a dar visibilidad a esta tragedia en la zona, anhelan que Chocó no sea recordado únicamente cuando ocurre una tragedia y que sus comunidades no tengan que gritar para ser escuchadas.

Porque no son solo números: detrás de cada cifra hay una persona, una madre, un hijo, una familia o alguien que pasó la noche debajo de una carpa después de haber construido durante años una casa que ya no existe. María lo dijo con dolor, pero también con una petición que debería atravesar cualquier frontera: “Aunque el Chocó esté olvidado, también somos Colombia”.

Que se pongan la mano en el corazón y aporten su granito de arena porque, aunque el Chocó esté olvidado, también somos Colombia".

La atención sobre el Chocó no puede desaparecer cuando se apaguen las cámaras, disminuya el flujo de noticias y el país vuelva, poco a poco, a su rutina. Es fácil ayudar cuando todos están mirando, pero para las familias afectadas las consecuencias de la tragedia apenas comienzan cuando la atención se desvanece. Por eso, ayudar hoy es urgente, pero acompañar al Chocó después -con promesas cumplidas, seguridad y dignidad- es indispensable.

*Nombres cambiados a petición de las fuentes.

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