Colombia


“Colombia ya ha ganado $1,3 billones por el mercado de carbono”

Luis Fernando Jara, director del programa Páramos y Bosques de Usaid, explica cómo opera el programa de bonos de carbono, una de las banderas del país contra la deforestación.

COLPRENSA

23 de noviembre de 2021 01:26 PM

Hay una realidad irrefutable: desde hace una década se sobrepasó la capacidad que tiene el planeta para regenerar recursos naturales y reciclar gases de efecto invernadero. La situación ha llegado a un punto en el que, según la ONG Global Footprint Network, se requieren 1,7 planetas para satisfacer la demanda anual de recursos naturales.

La deforestación y degradación forestal, uno de los principales causantes del cambio climático, no producen ningún desarrollo económico y sí provocan altos índices de pobreza, destruyen ecosistemas y, en el caso de Colombia, alimentan economías ilegales.

Una idea surgida en el seno de las Naciones Unidas busca mitigar el cambio climático. Se trata del mercado del carbono cuyo objetivo es convertir en bonos, que se pueden transar en el mercado, las emisiones de Gases de Efecto Invernadero que se logran evitar gracias a los programas de protección de los bosques.

Se trata de los proyectos REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación) que generan incentivos financieros para comunidades que tomen acciones para proteger sus bosques en alto riesgo por deforestación.

Luis Fernando Jara, director del programa Páramos y Bosques de Usaid, aliado del proyecto, habló con Colprensa sobre los resultados que han tenido estos bonos y cómo la cumbre de Glasgow se puede convertir en una oportunidad para avanzar más esta estrategia.

“Colombia ya ha ganado $1,3 billones por el mercado de carbono”

¿Cómo llegó Colombia a ser potencia en materia de bonos de carbono?

El impuesto de carbono se creó en 2016 con una reforma tributaria. Allí quedó consignado que empresas consumidoras de combustibles fósiles líquidos (ACP, gasolina, diésel, gas licuado, etc.) paguen un impuesto por cada tonelada de carbono emitido. Así, esas empresas pueden ser beneficiarias de exención de impuestos si adquieren créditos de carbono de proyectos nacionales. Todo eso mediante el visto bueno del Ministerio de Ambiente y Dian. Por eso se habla de una demanda grande en Colombia y una creciente oferta de proyectos nacionales.

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¿Cómo funcionan los proyectos de REDD+?

Los proyectos REDD+ fueron aprobados en una cumbre sobre el clima de la ONU, en Cancún en 2008. Colombia se destaca por tener un mercado doméstico que está funcionando. Que el Gobierno no haya destinado los recursos a donde deberían ir, eso es otra cosa., pero en cuatro años, Colombia ha tenido ingresos de 1,3 billones de pesos a partir del mercado del carbono. Por ley, un porcentaje de esos ingresos debe apoyar proyectos de paz, zonas ambientales y protección de agua.

¿Hay alguna meta en ingresos, o eso no tiene techo?

Las emisiones de Colombia representan el 0,42 % de las emisiones globales. Eso son más o menos 260 millones de toneladas de dióxido de carbono por año. Lo que está claro es que todavía falta mucho.

¿En qué consisten los proyectos en el país?

Son tres los proyectos que contribuyen con el 95 % de los créditos. Uno, son las energías renovables, los molinos de viento. El segundo son los proyectos de reforestación y forestación, que hacen empresas y el tercero son los proyectos REDD+. Estos proyectos consisten en evitar que los bosques emitan gases efecto invernadero a partir de la deforestación, como se ha visto en el Amazonas. Se hace un estudio en el área del proyecto propuesto para determinar el historial en términos de deforestación. Todo se enfoca en zonas con alto riesgo de deforestación. Se hace un estudio histórico con imágenes satelitales para determinar la tasa anual de deforestación. La idea es un día llegar a niveles del 0%.

A la comunidad se le propone apoyarlos con actividades productivas diferentes a cortar árboles. Se hace una proyección a futuro para advertir sobre los riesgos ambientales de seguir acabando con hectáreas de bosque. A la gente se le paga el carbono que no se emite al reducir la deforestación. Entre 2013 y 2017 evaluamos el desempeño de esas comunidades, que fue bueno: se generaron 6 millones de créditos de carbono. Cada crédito es una tonelada métrica de carbono. Hubo una disminución del 1 % en deforestación.

Se contrata a una auditora internacional (Aenor, de España) para que verifique. Todo se hace sobre unos estándares mundiales. Los auditores conversan con la gente y comprueban. Una vez se verifica todo, se emiten los créditos, que se registran con los estándares.

¿Cómo se coordinan las acciones con las comunidades?

El proceso de socialización con la gente no es fácil, pues la sensibilización frente al tema del carbono es algo complejo. La estrategia que utilizamos fue tratar de convencerlos de que dejen de hacer tala en los bosques. Tenemos un fondo de donaciones y tenemos proyectos productivos para ayudar a estas comunidades con otras alternativas. Por ejemplo, cultivos de cacao, coco, arroz, papa china, yuca, plátano.

Se les enseñan prácticas de sostenibilidad, ellos usan sus propios fertilizantes. Luego, los enlazamos con cadenas regionales, en ferias y demás encuentros. Ha habido, incluso, interés de comerciantes franceses en el cacao de Tumaco. Hubo un proceso de enseñanza de la Asociación de Chocolateros de Francia y las mujeres emberas para mejorar la calidad de los productos.

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¿Qué tanto impactan estos proyectos en las cifras nacionales de deforestación?

Aunque hay una contribución importante, no es suficiente. Hay alrededor de 16 proyectos adicionales a los nuestros, en la Costa Pacífica y en la Amazonia, pero solo funcionan cuando la tenencia de las tierras es clara. El 30 % de los bosques de Colombia pertenecen a comunidades indígenas y afrocolombianas. Pero el otro 70 % son baldíos con apropiaciones irregulares. Allí todo es más difícil. Una de las exigencias para este tipo de proyectos es que la tenencia de la tierra esté absolutamente clara, que los dueños de la tierra reciban los beneficios.

¿Qué cree que haga falta para que este tipo de proyectos tengan más éxito?

Ahorita hay una demanda muy grande en créditos para este tipo de proyectos. Hay muchas empresas que están invirtiendo. Sería bueno que la banca nacional ofrezca líneas de crédito para estos proyectos, para formularlos. Eso ayudaría a que personas con conocimientos técnicos accedan al capital necesario para ello. Eso limita a muchos que quieren hacer las cosas bien.

Estos son negocios que generan ingresos en el mediano y largo plazo; son a 30 años. Estamos esperando generar tres millones más de créditos. Hay que meter plata en estudios, en socializar, en los acuerdos de salvaguardias sociales, los presupuestos.

En algún momento tuvimos el ofrecimiento de una compañía estadounidense interesada en 500.000 créditos. Se lograron 350.000 para vender internacionalmente. Si funciona, ellos vendrán por más.

Hace pocos días concluyó la COP26 en Escocia, usted estuvo allá ¿qué conclusiones le quedaron?

Definitivamente hay preocupación por la crisis climática. Hubo mucha participación de los países. Se plantearon varias iniciativas, a las cuales se acogió Colombia. Un grupo de países propone que el 30% del área del país se convierta en territorio protegido. Ese compromiso es muy bueno, pero difícil. Otro de los puntos más álgidos tiene que ver con el artículo 6 del Acuerdo de París, que habla de la financiación a través de mercados. Hay unos países que dicen que la naturaleza no puede ser objeto de compra y venta; hay otros que dicen que es un mecanismo válido. En general, sí hay un espíritu en pro del mercado de carbono.

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