La situación que viven miles de personas que buscan atravesar la peligrosa selva del Darién, que separa a Colombia y Panamá, es lamentable y ya deja varios fallecidos.
La última víctima mortal que se conoció es Emily Eivera Rojas, una niña colombiana de 6 años, quien migraba junto a sus familiares hacia los EE. UU.Le puede interesar: Migración de niños y adolescentes en la selva del Darién aumentó un 445 %
El caso fue confirmado por el presidente Gustavo Petro en su cuenta de X, donde lamentó el suceso y entregó algunos detalles.
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Según el presidente, Emily murió por problemas asociados a la desnutrición en Costa Rica, después de pasar el Darién.
“Emily Eivera Rojas, niña colombiana de seis años, murió por problemas asociados a la desnutrición en Costa Rica, después de pasar por el Darién. Estamos ante una inmensa tragedia humanitaria del pueblo latinoamericano. El éxodo al norte solo se solucionará haciendo próspera la gente del sur. La prosperidad social descarbonizada”, trinó el mandatario.
El jefe de Estado calificó la situación como “una inmensa tragedia humanitaria” y sostuvo que solo se solucionará haciendo próspero a los habitantes de Suramérica.
La situación en el Darién
En total, más de 50.000 personas han atravesado el Tapón del Darién en lo que va de este mes, y este año ya se ha superado la cifra de años anteriores, puesto que más de 260.000 migrantes han emprendido esta ruta rumbo a Norteamérica.
La situación es tan preocupante, que Médicos Sin Fronteras (MSF) alertó el pasado viernes que la ayuda para atender la situación en la peligrosa selva es insuficiente ante el incremento de los migrantes. Le puede interesar: “No damos abasto”: Médicos Sin Fronteras lanza alerta sobre el Darién
“Las organizaciones humanitarias no damos abasto ante el incremento de personas que llegan a diario. En las últimas semanas hemos tenido días de hasta 3.000 migrantes en un solo punto”, aseguró el coordinador de terreno de MSF en el Darién panameño, Jose Lobo.
La organización médica humanitaria atiende a los migrantes a su llegada a las poblaciones de Panamá, al otro lado de la selva, donde la gran mayoría llega con algún tipo de afección, ya sea heridas en la piel y dolores musculares por la extenuante travesía, diarreas y enfermedades por beber agua de los ríos o problemas de salud mental por la violencia en la ruta.