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¿Qué tanto ha cambiado Duque y su gobierno desde el 2018 hasta hoy?

Desde el día de su posesión, el presidente ha tenido bastantes cambios, en parte por él mismo y otros porque el mundo cambió. Hoy, su estilo y prioridades son diferentes.

¿Qué tanto ha cambiado Duque y su gobierno desde el 2018 hasta hoy?

El periodo de Gobierno de Iván Duque va hasta el 7 de agosto del 2022. // Colprensa

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El 7 de agosto de 2018 la Presidencia de la República instaló una gran tarima en medio de la plaza de Bolívar para celebrar el acontecimiento del año: la posesión del presidente Iván Duque. Allí la prensa y los invitados especiales del entonces nuevo presidente pudieron escuchar su discurso. En el país, a la misma hora, todos los televisores y radios se conectaban a la transmisión que parecía terminar con la polarización política generada por la campaña y dar inicio al cumplimiento de las promesas.

El discurso del mandatario estuvo acompañado por el extraño clima de Bogotá que hizo que el frio, un constante amaño de lluvia, y una fuerte ventisca se llevaran las palabras. Esa oscura y extraña tarde de agosto pareció presagiar las tempestades que tendría que aguantar su gobierno, no solo por causas naturales, como una pandemia, sino por la agitación política que no solo no terminó con su posesión, sino que se exacerbó en los tres años siguientes.

Ese cambio de escenario ha sido evidente, para empezar, en su discurso.

Durante la campaña presidencial de 2018, el entonces candidato Iván Duque era visto como un moderado dentro de su partido y aunque en los primeros meses de su mandato, trato de fortalecer esa imagen, la protesta social y la polarización, lo llevaron a endurecer sus posiciones, aunque para un sector de su partido, aún sigue siendo considerado demasiado “blando”.

Según Yann Basset, director del grupo de Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario, hay un cambio claro entre el Duque recién llegado a la Casa de Nariño con el que está sentado hoy a la cabeza del ejecutivo.

“Duque llegó a la Casa de Nariño con una propuesta que él presentaba como tecnocrática, alejada de los conflictos políticos y los partidos y modernizante. Entonces propuso un gabinete paritario; sin políticos reconocidos; sin darle juego a todos los partidos políticos, con algunas fichas de su propio partido; y ese era su discurso de campaña, pero hizo agua rápidamente. Al final del primer año fue evidente que no encontró la fórmula para relacionarse con el Congreso y tuvo que recapacitar un poco eso”, afirma.

Además, continúa, “el Paro Nacional que los llevó a implementar el discurso más radical de su partido de orden y seguridad, entonces realmente el Duque tecnócrata y modernizador quedó desdibujado y finalmente cambió las promesas. Uno tiene la sensación que no queda mucho del Duque del principio”.

Para Basset, la realidad política hizo que Duque retornara a prácticas tradicionales que había tenido la intención de erradicar. Eso se reflejó también en los temas que promovía, pues la economía naranja, y el emprendimiento, que eran sus banderas al principio, tuvieron que ceder el paso a asuntos como la seguridad o la reforma tributaria.

La relación con los partidos

Una de las promesas del gobierno Duque que más impacto tuvo durante la campaña fue la “eliminación de la mermelada”, ese eufemismo que se usa para describir la transacción entre el ejecutivo y el legislativo, en el que el gobierno ofrece puestos a cambio de votos a favor de la agenda legislativa oficial en el Congreso. En el inicio de su mandato, el presidente dio poca participación a los partidos políticos en el gabinete, para cumplir con ese propósito, pero eso terminó por desatar una crisis de gobernabilidad.

El director del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales de la Universidad Externado, Jorge Iván Cuervo, explicó que es natural que en un régimen presidencial la relación entre el Gobierno y el Congreso se maneje a través de representaciones burocráticas, “lo único que uno espera es que quien allí llegue lo haga bien”.

“La representación política es normal en cualquier democracia, los gobiernos se arman así. Ahora lo que uno aspira es que quien llegue allí sea competente y lo haga bien. Por ejemplo, el caso del Ministerio de Hacienda, que en la mayoría de gobiernos es representación del Partido Conservador, ellos generalmente son competentes, el problema no es que haya representación, es que no lo hagan bien en el desarrollo de sus cargos”, dijo.

Según, Cuervo, a esto se sumó que el Centro Democrático es un partido joven, que no tiene muchos liderazgos ni representantes suficientes para todos los cargos que se requieren, como sí los tienen el partido liberal o el conservador. Eso hizo que el presidente tuviera que recurrir a la burocracia tradicional para proveer cargos.

Agenda de prioridades

El gobierno del presidente Iván Duque, durante sus primeros meses inició un proceso de “Cerco Diplomático” contra del gobierno de Nicolás Maduro, tanto así que solo reconocía a Juan Guaidó como presidente legítimo del vecino país y lideró un concierto en la frontera con el que buscaba avanzar hacia el cambio de gobierno.

Sin embargo, la estrategia no rindió los frutos esperados (Duque llegó a decir que Maduro tenía los días contados) y el Gobierno tuvo finalmente que resignarse a la presencia de Maduro en el poder, aunque ha mantenido la presión diplomática a nivel internacional.

Según el profesor de la facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, Mauricio Jaramillo Jassir, “el gobierno ha mantenido el dogmatismo, la ortodoxia y el hermetismo del Centro Democrático pese a que hay una presión interna por establecer canales de diálogo con Venezuela. Yo pienso que la postura ha sido la misma con los tres cancilleres. Colombia ha seguido insistiendo en el Cerco Diplomático, pero el eco se bajó porque los gobiernos regionales han venido cambiando, en México, Argentina y Perú cambiaron, y Bolsonaro en política exterior han hecho muy poco”.

Por otro lado, la relación de Duque con el acuerdo de paz ha sido visto por muchos como ambigua. Aunque algunos miembros de su partido hablaban de hacer “trizas el acuerdo”, Duque dejó claro desde el principio que lo cumpliría, pero que haría todo lo posible por evitar que propiciara la impunidad.

Sin embargo, sus objeciones a la reglamentación de la Justicia Especial para la Paz, provocaron un largo rifirrafe político, que la Corte Constitucional terminó saldando en su contra. Luego, el desgaste vendría por cuenta de la polémica por la solicitud de extradición de Santrich, que tampoco resultó saldándose muy positivamente, pues el jefe guerrillero terminó apartándose del proceso de paz y escapando a Venezuela, en donde finalmente moriría.

Mientras las posturas políticas del presidente y su partido generaban ruido sobre la implementación del acuerdo de paz, en el terreno, el Gobierno lo estaba cumpliendo, al punto de que Duque afirmó recientemente que esta administración ha hecho más por la implementación del acuerdo, que su antecesor, que fue quien lo creó.

“La mentalidad se ha exacerbado, como con el paro donde se ha criticado a la JEP a las instituciones de Derechos Humanos, los congresistas del CD siguen endilgando la inseguridad a Santos, cuando uno ve lo que ha pasado con tierras se ha bajado el perfil que tenían en el gobierno pasado y la relación, en términos generales con los congresistas de las Farc, no habla de un gobierno comprometido con la paz”, dice Jaramillo Jassir.

Por otro lado, al inicio del gobierno el tema de la paz con el ELN parecía iba a ser de los más importantes. Durante el inicio del gobierno se habló de la posibilidad de que el mandatario continuara el proceso de paz con el ELN. Pese a esto el atentado contra la escuela de Cadetes rompió el proceso y solo se volvió a hablar del mismo cuando el Paro Nacional estaba ejerciendo una gran presión sobre la Casa de Nariño en la mitad del 2021.

“En el ELN ha habido cambios, muy bruscos, el problema es que se ha mantenido la postura que es un diálogo improvisado, primero dijeron que no, luego con sí, el cambio de alto comisionado me parece que no ha terminado en nada y la llegada del nuevo funcionario ha pasado desapercibida. Intentar que eso cambie en la manera que ha tratado a Cuba o a las Naciones Unidas es muy difícil iniciar un proceso de diálogo. Si ha habido un cambio ahí pero no hay un cambio práctico”, dice Jaramillo.

Los ministros

Una de las promesas iniciales del presidente era que sus ministros tendrían calidades técnicas y que durarían los cuatro años de gobierno. Sin embargo, la mayoría de carteras han tenido cambios y los partidos comenzaron a tener, cada vez más, una participación más grande en el gabinete. Por ahora el presidente conserva bastantes de los ministros que iniciaron con él el gobierno, pero los cambios han tenido grandes efectos.

En el gabinete continúan José Manuel Restrepo, María Victoria Angulo, Jonathan Malagón, Ángela María Orozco y Marta Lucía Ramírez. Pese a que para ser el último año de gobierno ha mantenido bastantes más ministros comparado con sus antecesores la promesa se puede decir que se cumplió a medias.

Para Rubén Sánchez, profesor de la facultad de Ciencia Política de la Universidad del Rosario en la campaña la población exigía un cambio y la promesa más viable era colocar ministros tecnócratas, “sin embargo si no se tiene el apoyo de los políticos lo técnico no funciona mucho. Esto lo que lleva es que todos los gobiernos tengan que transar para poner representantes políticos que promuevan proyectos de ley que ayuden a completar el programa político y eso fue lo que le pasó a Duque”.

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