Mara Cerro tiene dieciocho años de estar exponiendo sus vitromosaicos que reflejan el mar profundo de cerca.
Hay en ellos, una constante devoción por las criaturas marinas abisales. Empezó pintando al óleo, de la mano de profesores de la Escuela de Bellas Artes de Cartagena, como Tere Perdomo, Mario Zabaleta y Sixto Bermúdez.
La primera exposición fue en el año 2000, y desde entonces, su trabajo no cesa.
Ha participado en exposiciones individuales y colectivas en Colombia y Estados Unidos. Pero no se ha limitado a los mosaicos y a los vitromosaicos.
Lo suyo es un arte multifuncional: los mosaicos basados en la naturaleza marina. Los romanos creían en la antiguedad que quien hacía mosaicos era un privilegiado: tenía una comunión con las musas. Sus composiciones varían desde lo abstracto a lo figurativo.
Las partes de una pieza- las teselas- están unidas por yeso u otro aglomerante.
“En la ciudad asiria llamada Nínive”, se encontraron en las paredes y columnas “trozos de arcilla de colores, conformando diseños geométricos”.
El mosaico es un arte minucioso y sofisticado. Para Mara Cerro, juntar los fragmentos es como unir milagros de luz en el agua. Los mosaicos son un mar despierto.
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