Fue su esposa Marcela la que le sugirió la iniciativa de sentarse a escribir un libro que relatara medio siglo de experiencias en el sector financiero y bursátil en Colombia. Pero no solo para preservar una memoria, sino para compartirla como heredad entre los hijos, los nietos y sobrinos. Ricardo Arango García lo asumió como un desafío de la memoria y como una nueva y fascinante aventura de quien a lo largo de su intensa existencia ha escalado alturas inimaginables y ha salido airoso en las batallas impredecibles. Lea: ‘El infinito en un junco’: primer libro en español que recibe el premio Wenjin Book
Este ingeniero industrial de la primera promoción de la Universidad del Norte que nació en Barranquilla, y comparte sus orígenes entre Cartagena, Magangué y Calamar, tuvo el privilegio de ser testigo de excepción de la travesía de Guillermo Sarmiento Angulo, Carlos Cure Cure y Augusto López, quienes fueron decisivos en el desarrollo de los dos más grandes grupos económicos del país. Al evocarlos, los define como colombianos ‘muy exigentes” y al trabajar con cada uno de ellos, considera que los unifica el don de ser exigentes y visionarios.
“Al escribir el libro desde una visión de adentro, al ver y vivir esta experiencia con ellos, quise contar también las pequeñas historias que acompañan estos procesos. El tener el privilegio de haber tenido acceso a estos personajes, me medí en la tarea de dar más de lo que me pidieron en todo. Mi conclusión después de cincuenta años de vida profesional, es que si uno trabaja el cien por ciento, sobrevive. Pero si uno trabaja el ciento cincuenta por ciento, triunfa”.
Al confesarme esta visión de mundo aplicable a todos los seres humanos y al sector empresarial, y a las vivencias de emprendimiento y liderazgo, ha reflexionado sobre cómo los grandes logros empresariales se sostienen en el tiempo gracias a la conjunción de una formación integral, una ética sin fisuras y unos saberes heredados y transmitidos en la estirpe familiar, en contrapunto con una tendencia regional de fragilidad en la que los abuelos fundan con sacrificio y esfuerzo una empresa, los hijos la mantienen cuidando de una tradición, y en casos dramáticos, los nietos que muy probablemente no han asimilado el camino del esfuerzo, corren el riesgo de marchitar o dejar morir un patrimonio.
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La calidad de vida es un resultado del esfuerzo y el sacrificio personal y familiar. “El apellido no es suficiente”, dice con una sabia sonrisa este hombre pragmático, quien luego de trabajar junto a los grandes financistas de Colombia, cuenta sus testimonios en su libro “Lo vi y lo viví” (2023). Un recorrido durante medio siglo por los grupos Sarmiento y Santodomingo y por los mundos fiduciario y bursátil Les Petites Histoires, un libro de 223 páginas que acaba de aparecer en agosto de 2023.

El espejo de un visionario
Él se ve reflejado en el espejo de Rafael Arango, su padre, uno de los primeros ingenieros de petróleo que tuvo Colombia. Y se reencuentra en el ramaje de sus abuelos de Magangué que echaron raíces en Medellín y Bogotá.
Un día su padre salió del puerto de Barranquilla y emprendió la larga travesía del explorador poseído por las aventuras, hasta llegar a Barrancabermeja, al distrito petrolero El Centro, y recorrer años después el inmenso mapa inexplorado de los pueblos petroleros. Su padre se fue con Lucy García, su madre, y sus cinco hijos, a Bogotá. Pero las aguas del Caribe lo llamaban en las alturas y tuvo que regresar a Barranquilla, en donde creó Gas Natural Colombiano, la compañía que sería años después Promigas S.A. Luego, con su familia en Cartagena, creó Abonos Colombianos S.A. Abocol.
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Asimilando la hazaña de su padre, Ricardo Arango estudió en los inicios de los setenta del siglo veinte en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes, pero no se adoptó a la universidad, que vivía en aquellos años las revueltas estudiantiles y el prejuicio hacia la gente del Caribe. Se regresó a Barranquilla y culminó sus estudios en la Universidad del Norte, basando su tesis sobre la experiencia del proyecto Promigas. Desde la universidad reveló el talante de su vocación por la administración y las finanzas y fue elegido en el Comité de Pénsum de ingeniería Industrial bajo la orientación del rector y el decano.
A esa misma universidad regresó para pronunciar su discurso de grados en abril de 2022 ante 1.500 egresados junto a sus familias.
Estuvo vinculado de manera fugaz al Citibank de Cartagena. De allí se fue a la empresa de refrigeración Indufrial como gerente financiero y combinó esa labor con la docencia en áreas de evaluación de proyectos y mercadeo entre Cartagena y Barranquilla.
En 2008 trabajó con el que considera su segundo padre: Guillermo Sarmiento, hermano mayor de Luis Carlos Sarmiento. Se convirtió en una de las personas más cercanas a Guillermo Sarmiento. Recibió el encargo de su hermano Luis Carlos Sarmiento de ser vicepresidente regional en el Caribe, del Banco de Occidente, cuyo gerente era Guillermo Sarmiento. “Fue él quien agitó el banderazo de partida hacia mis futuras ejecutorias”, confiesa en su libro. “Al principio compartía conmigo ocasionalmente un whisky y la mitad del sándwich que ordenaba como almuerzo frugal en nuestras épocas del Banco de Occidente. Luego, los almuerzos fueron más formales y mucho más profesionales. Estábamos destinados a ser amigos toda la vida”. Lea: El escritor Rafael Cadenas gana Premio Cervantes con su poesía
Una clave para esa cercanía fue su espíritu transparente, franco y extrovertido. Siempre estuvieron unidos en la amistad y en la empresa, y después de retirarse, para asumir La Nacional Fiduciaria, Ricardo llamaba al doctor Sarmiento para pedirle un consejo y él siempre solícito a sus iniciativas e inquietudes. La vida lo llevó a amansar las tempestades y a domar las encrucijadas en el sector financiero colombiano, como la que se vivió en 1982, una de las grandes crisis financieras de la historia nacional. Ricardo Arango encaró el desafío urgente de lograr una capitalización de 300 millones de pesos y evitar una causal de disolución de Las Nacional Fiduciaria. La búsqueda de la solución lo llevó a contarle a Carlos Cure Cure, presidente de Bavaria, y directivo de confianza de Santodomingo.
La cercanía con el hombre de negocios más influyente e importante del país le abrió muchas puertas, gracias a su espíritu, a sus convicciones, su clarividencia y su inteligencia emocional. Julio Mario le encomendó la promoción y desarrollo del Parque Central Bavaria en Bogotá, para invertir en más verde y menos cemento. Y muy pronto la aureola exitosa de este Caribe en las alturas, con un destino predestinado, lo llevó a integrar la élite reservada de Bogotá en los negocios: la Bolsa de Valores de Bogotá, donde fundó y presidió Profesionales de Bolsa y Ultrabursátiles, de la mano de su esposa y aliada Marcela Rojas. Ha sido “el único presidente de un Club en Colombia que ha absorbido a dos clubes sociales y urbanos: el Club 74 y el Club de Bridge”. Lea: Esta es la película colombiana que estará en los Premios Goya 2024
Algo terrible que ha percibido después de la pandemia es que hay una tendencia entre los jóvenes a no esforzarse y dar mucho. Quien sacrifica la calidad de vida ahora, la tendrá mañana, pero quien inicia su vida profesional intentando tener calidad de vida, la perderá”. “No esperes siempre una retribución por tus aciertos”, sentencia. “Capitalízalos, que tarde o temprano, recogerán sus frutos”.
Él como legitimo visionario logró vencer todos los escepticismos y salir airoso. Este libro es también una prueba de ello.
