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Cultural

Isabel Allende cumple 84 años: la escritora que me enseñó a valorar la memoria

En su cumpleaños, vale la pena recordar la obra de Isabel Allende, quien convirtió el dolor en algunas de las páginas más memorables de la literatura.

Isabel Allende cumple 84 años: la escritora que me enseñó a valorar la memoria

Isabel Allende . (Colprensa).

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Querido lector:

Quisiera que este texto pudiera hacer justicia a Isabel Allende, pero pienso que es imposible tener la sensibilidad, la voluntad, la lucha y la capacidad narrativa que la han convertido en una de las escritoras más importantes de la literatura en español. Aún así, en el marco de su cumpleaños, este 2 de agosto, me permito compartir mi experiencia con esta autora chilena, una mujer que no solo abrió puertas a la literatura latinoamericana, sino que también me llevó a reflexionar sobre la memoria, el exilio, la familia, el feminismo y la forma en que contamos nuestras propias historias.

Isabel Allende y su libro 'El viento conoce mi nombre'. (Colprensa).
Isabel Allende y su libro 'El viento conoce mi nombre'. (Colprensa).

Leí ‘La casa de los espíritus’ una tarde cualquiera en la biblioteca de mi colegio cuando aún tenía 14 años. Lo hice impulsada por el deseo de conocer más literatura escrita por mujeres, sin imaginar que aquellas páginas terminarían convirtiéndose en una obsesión.

Recuerdo haber comenzado la novela esperando encontrar una historia familiar y haber terminado sumergida en las complejidades políticas y sociales de América Latina durante el siglo XX. Los personajes parecían respirar fuera del papel; sus alegrías, sus tragedias y sus contradicciones me acompañaban incluso después de cerrar el libro.

Mientras avanzaba en la lectura sentí que estaba descubriendo una parte de la historia latinoamericana que rara vez aparecía en los textos escolares. Más que una novela, fue una puerta hacia un universo donde la realidad y la fantasía convivían con naturalidad.

Aquella primera lectura me llevó a interesarme por la vida de Isabel Allende. Descubrí entonces a una mujer cuya propia historia parece salida de una novela. Nació en Lima, Perú, en 1942, mientras su padre, Tomás Allende, trabajaba como diplomático chileno. Sus padres se separaron cuando ella era muy pequeña y creció rodeada principalmente por mujeres, especialmente por su madre y su abuela, quien la acostumbró a pensar en grande y a cuestionar los límites que la sociedad imponía a las mujeres.

Más adelante viviría en Bolivia, el Líbano, Chile, Venezuela y Estados Unidos, una trayectoria marcada por los desplazamientos, las pérdidas y la adaptación constante. El golpe de Estado de 1973 y la posterior dictadura militar la obligaron a exiliarse en Venezuela, una experiencia que marcaría profundamente su literatura y su visión del mundo.

Isabel Allende y su libro 'El viento conoce mi nombre'. (Colprensa).
Isabel Allende y su libro 'El viento conoce mi nombre'. (Colprensa).

Su obra

El 8 de enero de 1981 recibió una llamada informándole que su abuelo estaba muriendo. Incapaz de despedirse en persona, comenzó a escribirle una carta. Esa carta fue creciendo hasta convertirse en la novela La casa de los espíritus que la lanzaría al reconocimiento internacional. Cuando conocí ese origen entendí por qué la obra está tan impregnada de memoria y afecto. La historia de la familia Trueba no surgió de un ejercicio intelectual distante, sino de la necesidad de preservar los recuerdos de quienes amamos. La propia Allende llegó a afirmar: “Con una familia como la mía no hay que inventar nada”.

Después llegaron otros libros que ampliaron mi admiración por ella. ‘Eva Luna’, por ejemplo, me fascinó por la fuerza de su protagonista, una mujer que utiliza las historias para sobrevivir y reinventarse.

La casa de los espíritus. // Colprensa
La casa de los espíritus. // Colprensa

También me impresionó la capacidad de Allende para poblar sus novelas de personajes femeninos complejos, lejos de los estereotipos tradicionales. Sus mujeres aman, luchan, se equivocan, resisten y construyen su propio destino. Esa característica atraviesa gran parte de su obra y explica por qué tantas lectoras se sienten identificadas.

Sin embargo, ninguna de sus obras me produjo un impacto tan profundo como ‘Paula’. El libro nació en circunstancias devastadoras. En 1991, exactamente diez años después de aquella primera carta a su abuelo, su hija Paula entró en coma tras sufrir una crisis derivada de una enfermedad llamada porfiria, un trastorno poco frecuente que afecta la producción de hemoglobina.

Mientras esperaba que despertara, Isabel comenzó a escribirle una larga carta para que, al abrir los ojos, pudiera recordar quién era, de dónde venía y cuál era la historia de su familia. Lo que empezó como un acto de esperanza terminó convirtiéndose en uno de los testimonios más conmovedores sobre el amor materno y el duelo.

Paula murió el 6 de diciembre del mismo año, pero el libro permaneció como prueba de una madre que se negó a dejar que los recuerdos desaparecieran. Años después, Allende reconoció que el dolor por la muerte de su hija nunca desapareció del todo y confesó que dos cosas la ayudaron a seguir adelante: “la escritura y el amor de la gente, su compañía, su compasión”.

Mientras recorría sus novelas comprendí mejor una de sus frases: “la realidad no es sólo cómo se percibe en la superficie, también tiene una dimensión mágica y, si a uno se le antoja, es legítimo exagerarla y ponerle color para que el tránsito por esta vida no resulte tan aburrido”.

La crítica

Resulta curioso que una autora traducida a decenas de idiomas y leída por millones de personas siga generando debates sobre su valor literario. Durante años fue cuestionada por utilizar elementos del realismo mágico, como si la influencia de una tradición literaria equivaliera automáticamente a una copia. También fue atacada por razones que poco tenían que ver con sus libros.

Su vínculo familiar con Salvador Allende, presidente de Chile derrocado en 1973, hizo que algunos la juzgaran desde posiciones ideológicas antes de leerla. Otros minimizaron su trabajo calificándola de “escribidora”, una palabra utilizada de forma despectiva para desacreditar a quienes escriben con éxito comercial.

Ella misma ha señalado que no controla lo que otros dicen de su trabajo y que, por lo tanto, tampoco permite que los elogios o los ataques definan su valor personal.

Sus novelas me ayudaron a entender mejor la historia de América Latina, pero también me enseñaron a mirar con más atención las historias familiares, las heridas heredadas y las luchas de las mujeres. En sus páginas encontré dolor, humor, resistencia, amor y memoria.

¡Feliz cumpleaños, Isabel!

Me despido con la certeza que mientras existan lectores, las historias de Isabel Allende seguirán negándose al olvido.

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