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Cultural

Jaime Carrasquilla: pintura y escultura desde una mirada cartagenera

Jaime Carrasquilla presenta hoy en el Museo de Arte Moderno de Cartagena una retrospectiva que recorre más de medio siglo de trayectoria artística.

Jaime Carrasquilla: pintura y escultura desde una mirada cartagenera

Pinturas de Jaime Carrasquilla que se exhiben hoy en la retrospectiva presentada en el Museo de Arte Moderno de Cartagena Enrique Grau. // Cortesía- Jaime Carrasquilla

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Jaime Carrasquilla (Cartagena de Indias, 1945) ha creado con sus pinturas y esculturas, un universo personal en el que se entrelazan los barcos de su infancia que envejecían en el puerto de tanto navegar por los mares del mundo, la música como un misterio intangible poseído de memorias, los talismanes y las huellas del tiempo derramando su luz y su sombra. Se inaugura hoy la retrospectiva de más de medio siglo de su obra artística. La exposición se hace posible gracias a la alianza con el Museo de Arte Moderno, ArtCartagena y Montesacro Resto Bar.

Hace unos años lo describí como un gaviero que, a bordo de su barco, divisa los horizontes por venir. Ahora, mientras está junto a su esposa en el Museo de Arte Moderno de Cartagena, inmerso en el montaje de su exposición, le pregunto cuáles han sido sus obsesiones a lo largo de su vida como creador.

Me responde: “Mi sentido de la plástica ha gravitado en todas mis obras a pesar del tiempo, eso ha mantenido la unidad y la hace reconocible, a pesar de los diferentes temas y búsquedas diversas”. Confiesa que sus influencias decisivas son “Rembrandt y Velázquez y casi toda la tradición moderna colombiana del siglo XX: Obregón, Caballero, Botero”.

Cartagena es protagonista de sus pinturas: “El hecho de que Cartagena es un puerto, siempre desde niño me dio curiosidad saber hacia dónde iban esos grandes monstruos marinos que son los barcos. En mi pintura están también las patinas de las paredes de la ciudad colonial donde uno ve el paso del tiempo. Me impactaron los temporales del Caribe sobre el mar”.

Una de las pinturas que más lo ha deslumbrado es el Autorretrato de Rembrandt que está en el Metropolitano de Nueva York. “Me impacta ‘El hombre del casco de oro’, ‘Las Meninas’ de Velázquez, uno de los Autorretratos de Freud, la obra de Luis Caballero y una pintura de Perros de Heriberto Cogollo”.

Pinturas de Jaime Carrasquilla que se exhiben hoy en la retrospectiva presentada en el Museo de Arte Moderno de Cartagena Enrique Grau. // Cortesía- Jaime Carrasquilla
Pinturas de Jaime Carrasquilla que se exhiben hoy en la retrospectiva presentada en el Museo de Arte Moderno de Cartagena Enrique Grau. // Cortesía- Jaime Carrasquilla

Carrasquilla en el espejo

El mismo artista Jaime Carrasquilla, quien además es un estudioso del arte, la literatura, la historia, un creador integral que pinta bajo la luz del día, se describe a si mismo, como si atravesara su propio espejo: “He sido un navegante constante del arte que ha recalado en muchos puertos. O, podría decir, también, un prestidigitador… Porque, en sí, es lo que hacemos los pintores, crear ilusión. En estos muelles, con sus distintos mundos pensados por otros magos, he tomado prestado mucho de sus trucos. Y, bueno, todavía lo sigo haciendo. Me los he adueñado sin pudor, comprendí que el arte es un juego, igual que la vida. Cuando he podido jugar, ha sido un divertimento. No siempre ha sido así, es difícil. Pero, cada vez que lo logro, satisfago mi espíritu”.

Jaime Carrasquilla, un universo de pinturas y esculturas desde Cartagena. //Fotos: Suministradas.
Jaime Carrasquilla, un universo de pinturas y esculturas desde Cartagena. //Fotos: Suministradas.

Entrar a los barcos

Jaime Carrasquilla define a los barcos como ‘metáforas del tiempo’. El mar no deja de pasar por su memoria y sus pies se deslizan por el puerto, en aquellos días de su infancia cuando su padre Víctor Carrasquilla era el administrador de aduanas. La casa de madera estaba rodeada de muchos árboles. El niño se preguntaba adónde irían esos barcos que surcaban el día y la noche. “No hay que olvidar que estos barcos fueron hechos por seres humanos y que a bordo de ellos la vida lució sus mejores noches y días, cruzó mares de tormenta y mares de serenidad. La piel del barco es la piel del tiempo. Una metáfora de la vida”.

Pinturas de Jaime Carrasquilla que se exhiben hoy en la retrospectiva presentada en el Museo de Arte Moderno de Cartagena Enrique Grau. // Cortesía- Jaime Carrasquilla
Pinturas de Jaime Carrasquilla que se exhiben hoy en la retrospectiva presentada en el Museo de Arte Moderno de Cartagena Enrique Grau. // Cortesía- Jaime Carrasquilla

Música y tótem

Reconoce que es insoslayable la presencia de la música en su obra: “La música clásica me prestó su universo: con ella resolví el difícil cambio que significó transformar mi mente escultórica en la de un pintor”. Hay en sus pinturas objetos que cobran una dimensión simbólica y alegórica, objetos con un resplandor de misterio que nos conecta con las emociones del artista. Él llama a estas presencias ‘objetos tótem’: “Lo misterioso de mis tótems, quizás, nace de lo que, en sí, encierran: preguntas que no me he podido contestar. En estos objetos tótems, igual que en su naturaleza original, relato mis procesos, en particular la síntesis del escultor pintor”.

Lo abstracto

Lo abstracto en la obra de Jaime Carrasquilla es una de las puertas que nos llevan al otro misterio de lo tangible y figurativo. Para él son “abstracciones metafóricas del ser humano. Espejos dentro del fenómeno plástico que encierran los vidrios con sus reflejos”. “Me encontré con un espacio mágico, donde es posible tejer diferentes realidades”, dice. Dentro de esa exploración de las sutiles y complejas realidades ha creado máquinas imposibles como “un juego, un divertimento”. Como una señal de su desafío imaginativo.

La luz

Hay en esta retrospectiva de Jaime Carrasquilla una devoción obsesiva por la luz que envejece sobre el agua y los metales. Los barcos oxidados, que en otro tiempo vivieron el esplendor de su delirio, aparecen ahora vencidos bajo la luz del puerto. Se parecen a la vida misma.

El artista abraza en un mismo lienzo el mar y un instante hermético y perturbador: de una carreta tirada por un par de caballos y de un atanor alquímico con llave secreta brota el fuego de un atardecer alucinante, como en un cielo apocalíptico.

Con el mismo prodigio con que pinta barcos, pinta elefantes, águilas imperiales, violinistas y chelistas; esculpe manos entrelazadas, vestiduras medievales y objetos talismánicos. Pinta, en definitiva, el tiempo que vuelve a deslizarse sobre los objetos y los sujetos.

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