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Cultural

Vicente Martínez Emiliani y el sueño de ver a Cartagena como Patrimonio de la Humanidad

La visión de Vicente Martínez Emiliani ayudó a imaginar a Cartagena como Patrimonio de la Humanidad y convirtió ese sueño en propósito colectivo.

Vicente Martínez Emiliani y el sueño de ver a Cartagena como Patrimonio de la Humanidad

El sueño de Vicente Martínez Emiliani por convertir a Cartagena en Patrimonio de la Humanidad. //Fotos: Suministradas.

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Hay silencios que, de tanto repetirse, terminan convirtiéndose en omisiones de la historia. Durante la última década, la prensa y las conmemoraciones institucionales han recordado la declaratoria de Cartagena de Indias como Patrimonio Mundial, así como sus efectos y desafíos. Sin embargo, poco se ha dicho del cartagenero que concibió por primera vez esa aspiración, la hizo pública y la promovió con pasión: Vicente Martínez Emiliani.

La omisión se hizo especialmente visible en 2024, cuando Cartagena conmemoró los 40 años de su inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco. Hubo foros, conferencias, publicaciones y entrevistas sobre el acontecimiento que cambió la proyección internacional de la ciudad. Los seguí con interés, pero también con creciente extrañeza: una y otra vez faltaba el nombre de mi padre.

Durante algún tiempo pensé que mi percepción podía estar condicionada por el afecto filial. Volví entonces a los archivos. Allí encontré una secuencia documental que permite reconstruir los hechos y contar la historia con precisión. Escribo, por eso, como hija y como cartagenera: las ciudades también tienen el deber de recordar a quienes imaginaron nuevas posibilidades para ellas.

La idea nació lejos de las murallas. A finales de los años setenta, durante su misión diplomática en Brasil, mi padre conoció Ouro Preto. Aquella ciudad colonial de Minas Gerais, preservada y reconocida internacionalmente, le hizo pensar de inmediato en Cartagena. Años después evocaría ese momento: “Surgió en mí la idea de que Cartagena fuera presentada ante la Unesco como Patrimonio Histórico de la Humanidad”.

La intuición no quedó en una ensoñación privada. Se convirtió en causa, gestión y misión personal.

En la edición de noviembre y diciembre de 1981 de Cartagena Económica, el periodista Enrique Córdoba Rocha publicó el reportaje “Cartagena, patrimonio de la humanidad”. El antetítulo era inequívoco: “Vicente Martínez Emiliani propone gestionarlo en la Unesco”. Allí, mi padre explicó que la historia, los castillos, las iglesias, los fortines, las tradiciones, las callejuelas, las leyendas y la belleza natural de Cartagena justificaban su reconocimiento universal. También señaló el camino institucional: la solicitud debía tramitarse por medio del Ministerio de Relaciones Exteriores.

El 25 de mayo de 1983, La República retomó la iniciativa bajo otro titular explícito: “Cartagena debe ser declarada patrimonio histórico de la humanidad”. Vicente insistía en la necesidad de una gestión oficial ante la Unesco y proponía aprovechar la proximidad de los 450 años de fundación de la ciudad. Para entonces, la idea ya circulaba en el debate público y buscaba convertirse en propósito de Estado.

Cuando la inscripción ya era un hecho, apareció una confirmación independiente y contemporánea. El 21 de junio de 1984, El Espectador publicó el editorial “Patrimonio mundial”. Tras destacar las gestiones del presidente Belisario Betancur y del embajador Guillermo Hernández Rodríguez, precisó que Vicente Martínez Emiliani había planteado “por primera vez la posibilidad” de que Cartagena fuera inscrita en el patrimonio mundial. Añadió que su inquietud había calado poco a poco hasta culminar en la decisión internacional.

A esta evidencia se suma un testimonio de excepcional autoridad. En “El defensor. Pacto de lealtad”, prólogo del libro Voy a beberme el mar, publicado en 2014, el expresidente Belisario Betancur escribió: “Vicente fue autor e impulsor de la iniciativa de presentar la ciudad como Patrimonio Histórico de la Humanidad”. Es el reconocimiento del presidente bajo cuyo gobierno culminó la inscripción de Cartagena en 1984.

Vicente Martínez Emiliani, escritor e historiador cartagenero. //Fotos: Suministradas.
Vicente Martínez Emiliani, escritor e historiador cartagenero. //Fotos: Suministradas.

Así soñó Vicente Martínez Emiliani a Cartagena

Ninguna declaratoria de esta naturaleza pertenece a una sola persona. Convertir una iniciativa en candidatura oficial y llevarla hasta la Unesco requirió gobiernos, diplomáticos, autoridades locales, expertos e instituciones. Reconocer el papel de Vicente no disminuye el aporte de quienes hicieron posibles las etapas posteriores. Permite comprender cómo una visión personal se convierte en propósito colectivo cuando encuentra instituciones capaces de recogerla.

Finalmente, la Unesco inscribió en su famosa lista en 1984 “el Puerto, fortalezas y conjunto monumental de Cartagena”. Desde entonces, el título se convirtió en uno de los principales activos culturales, simbólicos y económicos de la ciudad. Pero también impuso una responsabilidad: proteger no solo las murallas y el Centro Histórico, sino la integridad de la bahía, la memoria urbana y la vida de quienes habitan Cartagena.

¿Por qué el nombre de Vicente Martínez Emiliani casi desapareció del relato público de aquella conquista? No tengo una respuesta. Tampoco busco proclamar un autor único de un logro colectivo. Busco algo más elemental: que la historia se cuente completa. Los documentos muestran una propuesta pública en 1981; su persistencia durante los años siguientes; la candidatura colombiana en 1983; la inscripción en 1984; y el reconocimiento de Belisario Betancur a quien identificó como autor e impulsor de la iniciativa.

Óleo de Vicente Martínez Emiliani elaborado para la galería de presidentes de la Academia de Historia de Cartagena de Indias. //Foto: suministrada.
Óleo de Vicente Martínez Emiliani elaborado para la galería de presidentes de la Academia de Historia de Cartagena de Indias. //Foto: suministrada.

Mi padre nunca entendió el patrimonio como una ciudad congelada. Amar a Cartagena significaba preservar lo recibido y, al mismo tiempo, imaginar algo mejor: una ciudad capaz de reconciliar patrimonio y modernidad, proteger su bahía y sus cuerpos de agua, integrar la ciudad histórica con la que creció fuera de las murallas y convertir su riqueza cultural en bienestar para todos.

En este Mes del Patrimonio quisiera devolver un nombre a esa historia: Vicente Martínez Emiliani, el cartagenero que, al contemplar Ouro Preto desde las montañas de Brasil, volvió a mirar a Cartagena con otros ojos, transformó aquella intuición en una propuesta pública e insistió hasta verla hecha realidad.

Recordarlo es también enriquecer la memoria de Cartagena. Porque una ciudad que protege su patrimonio debe preservar, además, la memoria de quienes ayudaron a reconocer su valor. Al final, la gratitud también es memoria del corazón.

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