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5 grandes éxitos para recordar al maestro Adolfo Pacheco

Él, uno de los compositores más famosos de la música del acordeón, nos deja una larga lista de clásicos para disfrutar: escogimos 5 para honrarlo.

REDACCIÓN CULTURAL

28 de enero de 2023 09:07 AM

El de Adolfo Pacheco Anillo será un nombre difícil de olvidar en Colombia y, especialmente, en la región Caribe, gracias a los grandes éxitos que firmó a lo largo de su inmensa y prolífica carrera.

Adolfo nació el 8 de agosto de 1940 en San Jacinto, Bolívar, para ser cantautor y compositor. Se inspiraba en la naturaleza, la tristeza, el amor y muchos aspectos más de su vida en los Montes de María. Lea aquí: Falleció el maestro Adolfo Pacheco tras grave accidente de tránsito

Y es que, en la obra del maestro Pacheco, se resalta una música de acordeón muy cercana al paseo, a la gaita, la cumbia, el porro, el pasebol, el paseaito, el chandé, el son y el merengue, para la muestra, cinco de sus más grandes éxitos.

1. La hamaca grande

Sin duda alguna, su éxito más rotundo. No solo se convirtió en un himno de San Jacinto, sino de los amantes de la música vallenata y sabanera.

Los orígenes de ‘La hamaca grande’ se remontan a 1969, en la segunda edición del Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar. Andrés Landero, un talentoso acordeonero de San Jacinto (Bolívar), perdió la corona ante Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, un hecho que despertaría la frustración, pero a la vez la inspiración del juglar de los Montes de María, Adolfo Pacheco Anillo. Escuche aquí: Tatis te cuenta: La grandeza de Adolfo Pacheco, el último juglar

“La hamaca grande nace porque a Andrés Landero no lo eligieron como yo esperaba, lo consideraba en ese tiempo un músico completo en el acordeón y fue a Valledupar, lo apoyé para que nos representara y perdió, entonces eso me produjo un dolor sentimental y musical”, contó el maestro.

2. El viejo Miguel

Sobre este clásico, el mismo Adolfo le dijo a El Universal en una ocasión:

“‘El viejo Migue’ es una canción, una despedida y un dolor, no puedo negarlo. Él se fue para Barranquilla, dejando todo, y ese abandono antes que criticarlo, hay que entenderlo. Ya yo lo entendí. Por eso lo digo en la canción: ‘Buscando consuelo, buscando paz y tranquilidad, el viejo Miguel del pueblo se fue muy decepcionado’. Y para hablar de él, tengo también que hablar de mi mamá, por eso me lamento: ‘Primero se fue la vieja pa’l cementerio; y ahora se va usted, solito pa Barranquilla’. Es decir, aunque ya éramos hombres, quedábamos en la orfandad”.

3. Mercedes

Sobre este clásico, el maestro confesó que se trató de una de las tantas mujeres a las que amó.

“Ese amor nunca se llegó a materializar, qué lástima, pero quedó la canción y es una de mis preferidas y a millares de personas les gusta. Para aceptarme e irse conmigo, Mercedes me planteaba un cúmulo de exigencias, que a mí en esos momentos me era imposible cumplir. Borrar todo mi pasado y dedicarme exclusivamente a ella. Hablamos sobre el asunto en distintas ocasiones, le expliqué las circunstancias, le dije que la amaba, pero ella se mantuvo inconmovible. Pero Mercedes no se llamaba Mercedes, su nombre quedó en secreto entre ella y yo. Ella sabe que la canción es de ella, que la hice para ella, pero allí se detiene ese idilio”. Lea además: Adiós a Adolfo Pacheco: los mensajes tras la muerte del juglar

4. El cordobés

A un excelente gallo del cereteano Nabo Cogollo, que conoció en el Sinú, le compuso una memorable canción: ‘El cordobés’, muy escuchada y aplaudida.

5. El mochuelo

“El Mochuelo me llegó cuando yo tenía entre 21 y 22 años. Fue la primera de esa gran tanda”, dijo Adolfo Pacheco en una entrevista a El Universal.

“Iba al campo y me extasiaba con el canto de ese pájaro. Me quedaba largo tiempo escuchándolo. Cualquiera podía decir: míralo, lo tiene loco ese animalito. Por ello salieron los versos: ‘Mochuelo pico de maíz, ojos negros brillantinos, y como mi amor por ti, entre más viejo más fino...’ Es necesario señalar que en El mochuelo ya comienza a manifestarse el tema negroide. Lo metí a conciencia. Y Manuel Zapata Olivella lo supo y expresó su aprobación y entusiasmo”.

Y la ñapa: El tropezón

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