En el béisbol, así como en las empresas, las historias son más complejas que aquello que se puede observar con un resultado. Los equipos participantes en el Clásico Mundial de Béisbol de 2026 trajeron consigo la cosmovisión y vientos de cambio marcados por aspectos culturales, y nos lanzaron un mensaje claro: siempre hay un camino que recorrer y el de la pelota caliente es más que solo un juego.
Cada partido solo tiene un ganador y el torneo, un único campeón. Sin embargo, aun los equipos que no ganan capitalizan experiencias. El éxito rara vez depende únicamente del talento, sino también de leer e interpretar el juego, y de tomar decisiones según las condiciones. En las organizaciones toma lugar con frecuencia esa confusión: llegan confiadas al terreno con su alineación estelar, una marca reconocida y consolidada, ejecutivos experimentados y buenos resultados. Sin embargo, a pesar de ser estos unos elementos útiles, se debe tener claro que en entornos competitivos nada puede quedar al azar. Cada decisión, cada ajuste y cada señal del entorno puede definir el rumbo de las organizaciones.
La reflexión atribuida a Nikola Tesla, “el mundo se mueve despacio y es difícil ver las nuevas verdades”, apunta a la dificultad que tienen las sociedades para reconocer ideas nuevas y aceptar cambios profundos, incluso cuando están frente a nuestros ojos. En el mundo empresarial sucede algo similar: las organizaciones suelen interpretar la realidad desde sus éxitos pasados y no suelen percibir transformaciones emergentes.
Nuevas tecnologías, cambios en los consumidores o innovaciones en los modelos de negocio suelen aparecer primero como señales muy débiles; y solo algunas organizaciones están preparadas para arriesgarse, cuestionar sus certezas, analizar datos, replantear supuestos y explorar escenarios alternativos. En otras palabras, pocas entrenan la capacidad de ver esas “nuevas verdades” antes de que el mercado las vuelque en contra.
Del Clásico Mundial de Béisbol aprendimos que en un juego cerrado no necesariamente gana el equipo con más estrellas, sino el que interpreta mejor el momento, ajusta su estrategia y ejecuta con precisión cuando aparece la oportunidad. Así mismo, el liderazgo en las organizaciones no siempre surge de tener más recursos, sino de desarrollar la capacidad de observar e interpretar el juego (el mercado) antes que los demás.
Tal como advertía Tesla, las nuevas verdades están ahí, pero no siempre son fáciles de ver. En mercados cada vez más complejos, los equipos que cuestionan y logran detectarlas primero suelen llevarse la victoria.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
*Profesor de la Escuela de Negocios, Leyes y Sociedad, UTB.

