La poeta Vivian Giaimo presenta su poemario ‘Mi lento andar de lámpara tenue’ (Pigmalión, 2026), a las 4:30 de esta tarde, en la Biblioteca Bartolomé Calvo del Banco de la República. El libro es un homenaje a Guido Cozzarelli Diazgranados, su esposo. Son 61 páginas de intimismo y reflexión que gravitan sobre el cuerpo y la reveladora visión de su autora sobre la discapacidad, vista desde la sentencia de Neil Marcus: “La discapacidad es un arte, es una forma ingeniosa de vivir”.
La dedicatoria es también un poema: “A Guido Cozzarelli Diazgranados, por crear nuevas formas de esculpir la vida, por jamás pretender ser otro, por bailar en una baldosa asido a mi cintura”. Conversamos con la autora:
- Cuéntanos, ¿qué fue lo más difícil al escribir el poemario Mi lento andar de lámpara tenue?
-Saber que escribía por todas las personas en condición de discapacidad. Debía ser universal, denunciar y cantar a través de la poesía la verdad de todos. El poemario está dedicado a mi esposo y a todos los seres que, como él, “labran su vida con cincel y sueños en las manos”. No podía limitarme a mi propia historia, era mucho más que eso: ser la voz, dar dignidad, señalar con amor, denunciar para visibilizar, nunca para señalar o afectar al otro.
- ¿Qué ideas, emociones e imágenes fecundaron el primer poema del que partió el poemario en homenaje a tu esposo?
-Son muchas. Todas evocan la indiferencia y la inconsciencia con la que, sin darse cuenta, muchas personas cohabitan con los seres humanos en condición de discapacidad. Es muy frecuente ver personas usando parqueaderos azules sin necesitarlos y, cuando se les hace ver, reaccionan violentamente o como si no escucharan; personas que no se atreven a intentar entender lo que un sordo quiere expresar y prefieren ignorarlo, o que van de prisa y se desesperan porque alguien muy lento va adelante y no lo pueden rebasar. Podría mencionar muchas imágenes, todas describiendo la falta de empatía y la indiferencia que van alienando a estas personas hasta hacerlas sentir invisibles. El primer poema, Mi lugar, denuncia todo esto.
- ¿Qué poemarios y autores fueron fuente motivadora e inspiradora de tu libro?
-La poesía toda es un canto lleno de luz y fuente de inspiración para escribir. Un poema puede cantarle al mar y, desde su voz, dialogar contigo sobre una boca reseca o un cuerpo que no obedece. Eso es lo bello e infinito de ella. Por supuesto, hay autores y poemarios que inspiran. La mayoría de los poemas que integran este libro están escritos en primera persona, gracias al poema El ciego, del gran Jorge Luis Borges. Neil Marcus, artista, escritor, actor, bailarín y filósofo estadounidense con discapacidad, también fue una gran fuente de inspiración para esta obra en particular.
Más detalles sobre el poemario de Vivian Giaimo
- ¿Por qué elegiste ese verso, Mi lento andar de lámpara tenue, como título del libro? ¿Hubo otras iniciativas de títulos poéticos?
-Suelo escribir el poemario completo y después lo releo para extraer los versos que me pidan ser el título. Ellos mismos se encargan de sobresalir en el texto. Los anoto, generalmente son unos cinco o siete, y luego escojo. Es mi forma de permitirle al libro su libertad y darle las alas que va a necesitar para ser leído.
En este, específicamente, hubo tres opciones: Nudo de agua, Corazón de férreo remo y Mi lento andar de lámpara tenue. Este último lo escogí por la luz tenue que ilumina sin excesos y nos obliga a ser más conscientes de nuestro entorno.
- ¿Cómo es tu proceso creativo al iniciar el poema, quitar y agregar una línea y editar el punto final?
-Cada poema es una vida, ninguno se comporta igual. En general, mi proceso creativo parte de la disciplina diaria, de entrar al estudio, dialogar con los autores que estoy leyendo o conmigo misma. Es como entrar en un espejo y hacerme una con la poeta que me habita. La dejo fluir en el silencio y escribo. Después viene la construcción del poema: quito y pongo de la mano de lo rítmico, de lo musical y del lenguaje, siempre después de haberlo dejado reposar, de respetar su espacio para que hable por sí mismo.
- ¿Qué poetas de Colombia y del mundo siguen ejerciendo una influencia luminosa e insoslayable?
-Si he de escoger, digo que mis maestros son Octavio Paz y Pablo Neruda. Me habla al oído Miguel Hernández y me instruye en la desobediencia Milan Kundera. En Colombia hay grandes poetas; hoy escucho a Piedad Bonnett, su voz femenina y sabia me alimenta.
- ¿Cómo es tu batalla personal para que lo racional y lo emocional se equilibren en el poema?
En poesía, lo más difícil es sosegar el sentimiento y lograr enhebrarlo con un lenguaje connotativo, poético y rítmico, sin extraviar la esencia de lo que deseas expresar. Con este poemario libré la misma batalla: que el sentimiento lograra enhebrarse al hilo humanista que deseaba imprimir en la obra, de la mano de un lenguaje poético. Abstracción, soledad, acallar el ruido emotivo para escuchar la voz de lo esencial.
- ¿En qué ambientes de tu espacio humano, en el día o la noche, prefieres escribir poemas?
Prefiero el día, estoy descansada y dispuesta. Mi oficio es escribir. Tengo una disciplina de nueve de la mañana a una o dos de la tarde, en lo posible diariamente, pero hay poemas que sobrevienen como un parto y debo darlos a luz en ese preciso instante, ya sea de madrugada, en una reunión de amigos o cuidando a mis nietas. Algunos, la minoría, quedan listos y nacen siendo una hermosa creación para el mundo. Otros debo dejarlos reposar y trabajarlos hasta que se conviertan en lo que deseo.
- ¿Qué dijo y cómo reaccionó Guido, tu esposo, al leer el libro?
-Guido es un ser del que emana armonía, es dador de amor no solo a mí, su mujer, a nuestros hijos, nietas y familia, sino también a los amigos y a quienes no conoce. Quiere a todos. Cuando le puse en sus manos el poemario, me pidió que se lo leyera en voz alta. Aunque no lo dijo, noté en su rostro que me decía: alguien está hablando por mí y por las personas en condición de discapacidad; alguien está escalando por nosotros la cima que nunca podremos alcanzar y poniendo una bandera con nuestros rostros. Su respuesta fue macondiana: “¿Y de dónde carajo sacas tú todo eso?”.

