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Cristiano Ronaldo: la mentalidad de una leyenda que va más allá de los goles

Los récords de Cristiano Ronaldo ya son historia del fútbol, pero su mentalidad dejó una huella aún más profunda en quienes crecimos viéndolo competir.

Cristiano Ronaldo: la mentalidad de una leyenda que va más allá de los goles

El 7 seguirá caminando mucho después del último Mundial. // Foto: AP/Gareth Patterson.

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De Cristiano Ronaldo ya se ha escrito casi todo: sus 975 goles, los cinco Balones de Oro, los clubes que marcaron su carrera, los títulos que conquistó y hasta la historia del niño que salió de Madeira para convertirse en una de las mayores leyendas del fútbol. Por eso, esta no será otra columna sobre su trayectoria. Esa historia ya la conocemos.

Este texto habla del Cristiano que conocí sin haber cruzado jamás una palabra con él. Del que estuvo presente durante mi infancia, me enseñó que el talento también se construye y, sin saberlo, terminó influyendo en la manera en que hoy entiendo el deporte.

En mi casa había una regla no escrita: si mi papá tenía el control del televisor, seguramente se veía fútbol. Y si jugaba el Real Madrid, mucho mejor.

Mi papá y mis hermanos eran madridistas. Yo, en cambio, era la niña que protestaba porque quería ver otra cosa. Si el control remoto estaba en manos de mi mamá y las mías, la tarde era de novelas mexicanas. Pero si lo tenía mi papá, no había negociación: había fútbol. Siempre fútbol. Lea: El futuro de Cristiano Ronaldo en Portugal está en el limbo: dudas en la selección

Muchas veces le pedí que cambiara el canal porque no entendía qué tenía de emocionante ver a veintidós personas correr detrás de un balón. Él solo sonreía y repetía: “Tiene que aprender. Tiene que aprender de fútbol. Tiene que aprender de todo”.

En ese momento pensé que solo quería convencerme de quedarme frente al televisor. Hoy entiendo que estaba sembrando algo mucho más grande: me enseñaba a mirar el deporte.

Yo era la niña de las preguntas: ¿qué era un fuera de lugar?, ¿por qué anulaban un gol?, ¿qué hacía un volante?, ¿por qué un penalti podía cambiar un partido? Mi papá y mis hermanos respondían cada duda con una paciencia que hoy agradezco. Mientras creían que me enseñaban fútbol, en realidad despertaban una curiosidad que me acompañaría toda la vida.

Quizá por eso hoy soy periodista. Quizá por eso también elegí el deporte como una forma de vivir.

Su hambre de ganar nunca disminuyó, ni siquiera después de conquistar casi todo. // Foto: EFE/Eduardo Lima.
Su hambre de ganar nunca disminuyó, ni siquiera después de conquistar casi todo. // Foto: EFE/Eduardo Lima.

Cristiano disputó seis Copas del Mundo. Cuando debutó en Alemania 2006 yo tenía apenas cinco años. Sudáfrica 2010 llegó cuando ya entendía un poco más de fútbol; Brasil 2014 y Rusia 2018 acompañaron mi adolescencia; Catar 2022 me encontró persiguiendo mis propios sueños deportivos. Y este Mundial de 2026, el último de su carrera mundialista según él mismo anunció, llegó cuando ya comprendía, desde otro lugar, lo que significa competir al más alto nivel.

Sin darme cuenta, mi infancia, mi adolescencia y el inicio de mi vida adulta transcurrieron al mismo tiempo que Cristiano Ronaldo disputaba seis Mundiales.

Mucho antes de “El Bicho”

Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro nació el 5 de febrero de 1985 en Funchal, Madeira, una pequeña isla portuguesa que difícilmente imaginaba que uno de sus hijos cambiaría para siempre la historia del fútbol.

Hoy todos conocemos al Cristiano de los récords, de las celebraciones, de los títulos y de las portadas. Pero antes de ser “El Bicho”, antes de los Balones de Oro y antes de convertirse en uno de los futbolistas más importantes de todos los tiempos, fue un niño que aprendió desde muy temprano que la vida no siempre juega a favor.

Creció en una familia con muchas dificultades económicas. Su padre luchó durante años contra el alcoholismo. Su madre, Dolores Aveiro, confesó tiempo después que incluso llegó a pensar en abortar el embarazo porque la situación económica era desesperanzadora y porque ya tenía tres hijos que sacar adelante. La decisión no fue posible y, años después, ella misma diría que Cristiano fue el mayor regalo que le dio la vida.

Como si eso no fuera suficiente, siendo adolescente tuvo que someterse a una cirugía por un problema cardíaco que amenazó con detener una carrera que apenas comenzaba.

Quizá por eso nunca dio nada por sentado. Quizá por eso entendió que el talento no bastaba. Quizá por eso convirtió la disciplina en una forma de vivir.

Mientras millones de personas veían únicamente los goles, yo empecé a admirar algo mucho más difícil de encontrar: su mentalidad.

El jugador que nunca dejó de competir

Durante años escuché una frase que seguramente muchos también oyeron: Messi nació con un talento extraordinario; Cristiano construyó el suyo.

No sé si esa afirmación sea completamente justa. Los dos poseen un talento fuera de lo común y reducir dos carreras irrepetibles a una sola explicación sería injusto.

Pero si hay algo que siempre identifiqué en Cristiano fue una convicción inquebrantable de que cada entrenamiento podía hacerlo mejor.

Entrenadores de prácticamente todos los clubes por los que pasó coinciden en una misma descripción: era el primero en llegar y el último en irse. Cuando el entrenamiento terminaba para los demás, muchas veces apenas comenzaba para él.

Nunca parecía satisfecho. Nunca parecía conformarse.

Y quizá esa fue la razón por la que siguió compitiendo al máximo nivel incluso después de los 40 años, cuando la mayoría de los futbolistas ya hacía mucho tiempo habían colgado los guayos.

La pasión con la que celebró cada gol fue la misma con la que enfrentó cada derrota. // Foto: AP/Gareth Patterson.
La pasión con la que celebró cada gol fue la misma con la que enfrentó cada derrota. // Foto: AP/Gareth Patterson.

Recuerdo una entrevista en la que le preguntaron precisamente eso: cómo era posible seguir compitiendo con esa intensidad a su edad.

Su respuesta no habló de récords ni de estadísticas. Habló del amor que todavía sentía por el fútbol. Mientras sintiera esa pasión, seguiría jugando. Y confieso que esa respuesta me hizo pensar mucho. Porque los sueños no se sostienen únicamente con talento. Se sostienen con razones para levantarse cada mañana.

El Cristiano que el mundo nunca dejó de discutir

Hay muy pocos deportistas que generen lo que genera Cristiano Ronaldo. Con él casi nunca existieron los puntos medios. O se le admiraba profundamente o se le criticaba con la misma intensidad.

Durante años fue señalado de arrogante, de egocéntrico, de obsesionado consigo mismo. Cada gesto, cada celebración y cada declaración parecían alimentar ese personaje que muchos construyeron alrededor de él. Sin embargo, quienes compartieron camerino, entrenamientos y concentraciones con él casi siempre describían a otra persona: un líder exigente, un profesional obsesionado con mejorar y un compañero que elevaba el nivel de quienes lo rodeaban.

Hay una escena que siempre vuelve a mi memoria cuando pienso en Cristiano. Ocurrió en los cuartos de final de la Eurocopa de 2016, antes de la tanda de penaltis frente a Polonia. Mientras el equipo definía el orden de los cobradores, João Moutinho dudó. No se sentía seguro. Cristiano, lejos de pedir el protagonismo o de recriminarle el miedo, se acercó para transmitirle confianza. Lo animó a asumir la responsabilidad, a creer en sí mismo. Moutinho terminó cobrando y marcó. Aquella escena duró apenas unos segundos, pero dijo mucho más sobre el liderazgo de Cristiano que cualquiera de sus goles.

Ese gesto me confirmó algo que ya intuía. Los líderes no siempre son quienes ejecutan la acción más importante. A veces son quienes logran que otro crea que también es capaz de hacerlo.

Quizá por eso nunca entendí por qué tanta gente confundía su seguridad con arrogancia. Cristiano nunca pidió permiso para creer en sí mismo. Y eso, en un mundo donde muchas veces se celebra la modestia incluso cuando es falsa, terminó incomodando a más de uno.

Durante casi dos décadas también vivimos un debate que parecía no tener final: Messi o Cristiano. Como si el fútbol nos obligara a escoger. Como si admirar a uno significara dejar de reconocer al otro.

Cristiano Ronaldo cuando brillaba en el Real Madrid. // Foto: EFE.
Cristiano Ronaldo cuando brillaba en el Real Madrid. // Foto: EFE.

Con el tiempo entendí que la verdadera fortuna fue haber coincidido con ambos. Mientras millones discutían quién era el mejor, ellos seguían empujándose mutuamente hacia un nivel que probablemente no habrían alcanzado sin esa rivalidad deportiva.

Nunca sentí la necesidad de elegir. Siempre admiré a Messi y a Cristiano por su fútbol. Pero si hubo algo que terminó convirtiendo a “El Bicho” en uno de mis mayores referentes fue la forma en la que entendía el trabajo.

Las frases que terminaron convirtiéndose en lecciones

Hay entrevistas que uno escucha y olvida al día siguiente. Con Cristiano me ocurrió lo contrario. Hubo respuestas que fueron cobrando sentido con el paso de los años. Una de ellas fue cuando dijo: “Yo no pienso a largo plazo. Pienso en el presente.”

Cuando era niña no habría entendido esa frase. Hoy sí. Como deportista descubrí que ningún campeonato se gana pensando únicamente en el día de la competencia. Se gana en cada entrenamiento al que decides asistir aunque estés cansada. Se gana en las repeticiones que nadie aplaude. Se gana cuando haces bien lo básico, incluso cuando nadie te está mirando.

Cristiano Ronaldo elogió a Lamine Yamal durante la conferencia de prensa previa al duelo entre Portugal y España. // EFE/EPA/MIGUEL A. LOPES.
Cristiano Ronaldo elogió a Lamine Yamal durante la conferencia de prensa previa al duelo entre Portugal y España. // EFE/EPA/MIGUEL A. LOPES.

El presente, como decía Cristiano, termina construyendo el futuro. Hubo otra respuesta que me hizo detenerme. Le preguntaron si alguna vez imaginaba el día en que tendría que dejar el fútbol.

Respondió: “No me imagino. Será difícil. Fue mi pasión y es mi pasión el fútbol, pero estoy preparado.”

Me hizo pensar que las verdaderas pasiones nunca desaparecen. Solo cambian de escenario. Porque estoy segura de que el día que Cristiano deje de jugar profesionalmente seguirá siendo el mismo hombre obsesionado con mejorar, con competir y con exigirse. Simplemente lo hará desde otro lugar.

Una despedida que no es un adiós

Después de la eliminación de Portugal en este Mundial, muchos hablaron del final de Cristiano Ronaldo. Yo no. Porque Cristiano no terminó. Lo que terminó fue su historia en las Copas del Mundo. Y no es lo mismo.

Antes del partido frente a España, el que terminaría siendo el último de su carrera mundialista, dejó una frase que todavía resuena en mi cabeza. “Independientemente de lo que pase mañana, saldré de aquí con la conciencia tranquila, porque le he dado todo”. No pude evitar relacionarla con mi propia vida.

Como deportista, pocas frases me han representado tanto. Porque, al final, esa debería ser la verdadera medida del éxito. No ganar siempre. No romper todos los récords. No ser el favorito de todo el mundo. Sino llegar al final de cualquier reto con la tranquilidad de saber que no quedó nada por entregar.

Que entrenaste cuando nadie te veía. Que insististe cuando era más fácil renunciar. Que seguiste creyendo incluso cuando otros dejaron de hacerlo.

Cristiano Ronaldo seguirá aumentando sus estadísticas mientras continúe jugando. Seguramente seguirá marcando goles. Y el debate sobre si fue o no el mejor de todos los tiempos nunca terminará. Pero esa discusión ya no me interesa tanto.

Porque los récords, tarde o temprano, serán superados. Los títulos encontrarán nuevos dueños. Incluso aparecerán futbolistas capaces de marcar más goles. Lo verdaderamente difícil es dejar una huella que trascienda las estadísticas. Y ahí, creo, está el triunfo más grande de Cristiano Ronaldo.

Cristiano Ronaldo se fue de los Mundiales, pero no de la historia del fútbol. // Foto: AP/Sam Hodde.
Cristiano Ronaldo se fue de los Mundiales, pero no de la historia del fútbol. // Foto: AP/Sam Hodde.

Su legado ya no pertenece únicamente al fútbol. Vive en los niños que celebran un gol imitando su “Siuuu”; en los jóvenes que encuentran en su disciplina una razón para no rendirse; en los deportistas que entienden que el talento necesita trabajo para sostenerse y en quienes, incluso sin dedicarse al deporte, descubrieron en su historia una invitación a exigirse un poco más cada día. Las generaciones cambian, aparecen nuevos referentes y el fútbol seguirá su curso. Pero hay figuras que terminan trascendiendo el tiempo porque inspiran mucho más de lo que ganan. Cristiano Ronaldo es una de ellas.

Hace unos días pensé que iba a escribir una columna sobre el último Mundial de Cristiano Ronaldo. Me equivoqué. Terminé escribiendo sobre el hombre que, sin conocerme, me enseñó que el talento abre puertas, pero es la disciplina la que decide cuánto tiempo somos capaces de mantenerlas abiertas.

Y quizá ese sea el legado más grande que deja. No el que aparece en los museos. No el que cuentan las estadísticas. Sino el que permanece, silenciosamente, en la vida de quienes crecimos viéndolo competir.

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